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Arte

El universo femenino en el arte

La exposición Mujeres entre Renoir y Sorolla en el Mubag reúne obras de grandes artistas, pero todos hombres

La obra de Renoir Femme et jeune fille dans un paysage.

El Museo de Bellas Artes Gravina de Alicante celebra su vigésimo aniversario con la muestra Mujeres entre Renoir y Sorolla. Un proyecto expositivo que marca un punto de inflexión en la nueva programación divulgativa del Mubag hacia un proceso de mayor proyección nacional e internacional. Hasta la fecha la muestra se ha podido contemplar en el Palacio Anjos de Lisboa o en la Fundación Unicaja de Sevilla y, desde el pasado 2 de diciembre, tenemos la oportunidad de contemplarla en nuestra ciudad. Reúne 64 obras pertenecientes a la Fundación de Arte Contemporáneo Fran Daurel y 7 del Museo Diocesano de Barcelona. Agrupando a destacados artistas de finales del siglo XIX y principios del XX, que abordan y reflejan el universo de la mujer. El museo alicantino de Bellas Artes, haciendo honor a tal denominación, acoge y proyecta artistas y obras que fundamentalmente desean expresar y alcanzar la belleza en las artes plásticas. Todo ello, para el reconfortante sosiego de la mirada y el particular bálsamo espiritual que nos otorga la cultura. El ideal de la belleza, como aspiración que desde la antigüedad y a través del tiempo el arte ha ambicionado expresar.

Desnudo en el diván amarillo, de Joaquín Sorolla.

No obstante, como contraste dialéctico, desde la perspectiva contemporánea, vemos que el arte en el tiempo actual, con su diversidad de planteamientos y cambios acelerados, ha sido y está siendo de una gran complejidad en su significado. Comprobamos que se han roto las tradicionales clasificaciones de lo artístico, llegándose a cuestionar el concepto de la belleza, como un concepto decadente asociado a las obras y autores del pasado. Para muchos creadores de hoy, la aspiración de dotar a las obras de arte del requisito de la belleza han dejado de ser algo esencial como tradicionalmente lo venía siendo.

De este modo, advertimos cómo el arte del presente viene marcando distancia respecto a la ensoñación sobre lo bello, adoptando nuevos medios, transformaciones y rumbos que ya fueron pronosticados por autores como Paul Valéry, en Pièces sur l’art (La conquête de l’ubiquité) de 1928: «En un tiempo muy distinto del nuestro, y por hombres cuyo poder de acción sobre las cosas era insignificante comparado con el que nosotros poseemos, fueron instituidas nuestras Bellas Artes y fijados sus tipos y usos. Pero el acrecentamiento sorprendente de nuestros medios, la flexibilidad y la precisión que éstos alcanzan, las ideas y costumbres que introducen, nos aseguran respecto de cambios próximos y profundos en la antigua industria de lo Bello».

Observamos cómo el arte moderno va transformándose, pierde aura o se impregna de las nuevas auras frías que en 1936 pronosticará Walter Benjamin en su ensayo La obra de arte en la época de su reproducción técnica, en el que este autor identifica el aura con la singularidad, con la experiencia de lo irrepetible. La reproducción técnica destruirá pues dicha «originalidad» y, en consecuencia, el arte se volverá un objeto cuyo valor no se puede establecer con respecto a su funcionamiento dentro de la tradición.

Tras estas observaciones, que constatan la ineludible realidad del arte actual, no podemos dejar de remontarnos al arte hecho por los artistas de finales del siglo XIX y principios del XX, que, sin duda, fueron unos seres creativos que asumieron con intensidad la época que les tocó vivir. Una época de grandes transformaciones en la que, no obstante, las convicciones generales heredadas sobre el concepto del arte, fundamentalmente se circunscribían a la idea generalizada de la asociación entre el arte y la belleza; en donde se analiza el sentido metafísico de lo bello, como aspecto que escapa del proceso cuantitativo y se deposita inevitablemente en la individualidad y por lo tanto en lo subjetivo. La conquista de la belleza en sí, como fin para evocar sentimientos, como aquello que nos procura la virtud de la hermosura y nos proporciona placer.

Por todo ello, independientemente del contraste entre los planteamientos académicos o de vanguardia que ejercieron cada uno de aquellos artistas, todos realizaron destacadas aportaciones que reconoceremos en el desarrollo global de su obra artística, y en los trabajos particulares que se exponen en esta muestra. Un proyecto expositivo, en donde cada uno de esos creadores plasma y representa el papel de la mujer en una época que, aunque todavía era patriarcal, la mujer ya empieza a emprender nuevos retos y a ser, junto a los hombres, partícipe y protagonista de su destino. En este sentido, debemos recordar a mujeres intelectuales como Concepción Arenal (1820-1893), Emilia Pardo Bazán (1851-1921), Clara Campoamor (1888-1972), Marie Curie (1867-1934) o Simone de Beauvoir (1908-1986), precursoras todas en la lucha por la igualdad de derechos. Asimismo a las pintoras Berthe (1841-1895), Suzanne Valadon (1865-1938), Mary Cassatt (1844-1926) o Tamara de Lempicka (1898-1980). Y las españolas Pilar Montaner (1876-1961), María Blanchard (1881-1932), Maruja Mallo (1902-1995), Lluïsa Vidal (1876-1918) María Luisa de la Riva (1865-1926), María Roësset (1882-1921), Rosario Weiss (1814-1843) y Elena Brockmann (1867-1946). Protagonistas estas últimas de la muestra celebrada en el Museo del Prado Invitadas. Fragmentos sobre mujeres, ideología y artes plásticas en España (1833-1931), en la que se reflexiona sobre el papel (marginal) de la mujer en la pintura y el arte, rescatando a mujeres olvidadas del siglo XIX. Un interesante proyecto expositivo que estaría bien poder contemplarlo en nuestro Mubag.

De la amplia nómina de autores presentes en la sugestiva exposición Mujeres entre Renoir y Sorolla, integrada por figuras relevantes y estupendas obras, pero en la que el leitmotiv femenino únicamente es visto desde la mirada y óptica creadora de los hombres, destacaremos a Pierre-Auguste Renoir con Femme et jeune fille dans un paysage (1916) que representa lo bucólico del paisaje y lo femenino como ideal de belleza. Asimismo a los artistas que solían frecuentar la taberna Els Quatre Gats, como Ramón Casas, Santiago Rusiñol o Isidro Nonell, quien con sus expresivas figuras dibujadas, como en Mujer leyendo un periódico en un parque, refleja en 1897 la realidad del nuevo y relevante hábito de la lectura de prensa entre las mujeres. También, junto a una resuelta y magnífica figura de mujer, Gitana (1881), realizada en Roma por nuestro gran pintor Lorenzo Casanova, se pueden contemplar los trabajos de Torres-García en su Arcadia (1912) que alude a la belleza mediterránea al amparo del movimiento Noucentisme, impulsado por este artista y el filósofo Eugenio d’Ors, quien en 1911 publica el Almanach dels Noucentistes. Propuesta de vuelta al orden que influiría en escultores como Hugué, Casanovas o Clará. En este proyecto también podemos contemplar el bronce de Pablo Gargallo Bañista (1924). Autor éste que requiere una atención aparte por su gran inventiva hacia la escultura vanguardista española del siglo XX. Entre otros muchos creadores presentes en esta amplia muestra y, como contrapunto al pintor impresionista francés que la inicia, es obligado aludir a nuestro gran pintor de la luz Joaquín Sorolla con su espléndido Desnudo en el diván amarillo (1912). Obra de magnífica y resuelta factura, en la que se retrata magistralmente la suave y blanca desnudez de un cuerpo femenino, cuyo rostro, no sin cierta picardía, dirige la mirada a quien la mira.

Uno se reconforta recorriendo serenamente el hermoso espacio de la segunda planta del Mubag, rítmicamente intercalado con ventanales por los que se tamiza con suavidad la luz; en donde las obras de este proyecto son mostradas con tacto y elegancia (sin necesidad de requerir de mayor amplitud y de acuerdo con un criterio expositivo acorde al espíritu del tiempo en que fueron creadas).

Observar, desde hoy, el arte del pasado y trasladarnos con la imaginación a aquel período del arte, es un necesario ejercicio mental y una gratificante experiencia para la mirada, en donde comprobamos cómo afloran a través de esas hermosas obras, los sentimientos y emociones sobre la belleza en el arte.

Salgo del museo impregnado de todo lo visto, sentido, pensado y sopesado; cargado de emoción paseo por esta hermosa ciudad a la que amo y observo los árboles de sus avenidas repletos de bombillas incandescentes. ¡Unos árboles cargados de luz! Es época de melancolía en tiempos del covid.

(*) Dionisio Gázquez. Exdirector del departamento de Arte Eusebio Sempere.

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