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Libros

Rusia, el país que no cambia

El escritor Maxim Ósipov publica su celebrado libro Piedra, papel, tijera, en el que, con perfume de Antón Chéjov, reúne diez relatos excepcionales sobre la eterna frustración, la melancolía profunda y la falta de esperanzas de la sociedad rusa

El escritor ruso Maxim Ósipov.

La profesión de médico y la del escritor tienen en común el hecho de que el objeto de sus atenciones es la persona. Cuerpo en un caso, mente en la otra, pero en ambos casos, el individuo. En la cultura rusa, el carácter humanista de ambas profesiones ha dado dos autores de fuste, como Antón Chéjov y Mijail Bulgákov, dos médicos escritores que podrían completar una tríada con el cardiólogo Maxim Ósipov, último gran descubrimiento en la lengua de Pushkin saludado como poco menos que una leyenda por dos autoras de renombre como la premio Nobel Svetlana Aléxievich y Ludmila Ulítskaya. Aunque hace cinco años, Club Editor publicó en castellano y catalán El grito del ave doméstica, el conjunto de relatos Piedra, papel, tijera (Asteroide / Club Editor) parece destinado a ser la tarjeta de presentación de Ósipov. En sus cuentos -no escribe otra cosa- retrata con empatía chejoviana la eterna frustración, la melancolía profunda y la falta de esperanzas de unos ciudadanos para quienes el estado soviético construyó un espejismo de grandeza que acabó destruyéndose a golpe de corrupción.

Maxim Ósipov Piedra, papel, tijera Libros del Asteroide 328 páginas; 23,95 euros

Cercano y amable, irónico en todo momento, el autor, que esta semana ha visitado Barcelona, explica su vocación cocida a fuego lento: «Siempre me sentí escritor, incluso mucho antes de que hubiera publicado nada. Estudié Medicina porque necesitaba una profesión. A los 44 años alguien dijo de mí que era un doctor que no curaba a nadie -por entonces me dedicaba a dirigir una editorial de libros médicos- y un escritor que no escribía. Ese fue el acicate. Fue entonces cuando decidí publicar mis cuentos». También hubo otras circunstancias, el veraneo infantil en Tarusa, una localidad que históricamente albergó a muchos escritores y donde el bisabuelo también médico acabó construyéndose una dacha cuando el gobierno de Stalin le permitió regresar del destierro en el círculo polar por la falsa acusación de haber intentado asesinar a Maxim Gorki. Muchos años después también Ósipov decidió instalarse en esa ciudad para reemprender su profesión y desarrollar allí su trayectoria como autor. Y aunque nadie le impide, como le ocurrió al bisabuelo, vivir en Moscú -él que nació allí hace 58 años-, se siente más a gusto prudentemente alejado de los tentáculos del poder de la capital. «Tengo la sensación dice que somos una generación perdida para la historia de mi país y aunque es cierto que muchos intelectuales fueron considerados un peligro durante el régimen de Stalin y en consecuencia destruidos, diría que nuestra situación actual es más peligrosa de lo que fue para un escritor en los últimos años de la Unión Soviética. Entonces las reglas del juego estaban claras, pero ahora cambian continuamente de una forma totalmente impredecible», lo dice alguien que remacha que no escribe manifiestos políticos y que es peligroso opinar libremente en internet porque las redes sociales pueden ser una trampa que podría costar caro.

Marchar al extranjero

«En Rusia hoy te pueden llevar a la cárcel si comparas el régimen de Stalin con el de Hitler». Tampoco contempla huir, marcharse al extranjero, como sí ha hecho su hija violinista, que vive en Alemania. «Fuera de Rusia perdería la comprensión de la vida que me rodea y que tan importante es para mí a la hora de escribir. Supondría también abandonar mi profesión de médico y no es algo que desee hacer».

Sin embargo, sí se siente cercado por una situación en la que cada vez se evidencia menos libertad. Los periódicos libres escasean y los únicos reductos para expresar las opiniones son las revistas literarias que no suponen un peligro para Putin porque las lee muy poca gente. Los cuentos de Ósipov gastan maneras del siglo XIX, pero cuentan una realidad del siglo XXI. ¿Una contradicción? Para él esto solo es posible en Rusia. «En mi país circula una frase que es mía pero que se le ha atribuido falsamente a un autor del XIX: en 10 años Rusia puede cambiar completamente, pero en 200 no cambia nada».

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