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¿Y si nos fuéramos a vivir a Lanzarote?

Pilar del Río construye un mosaico de momentos vividos, emociones compartidas y los libros escritos bajo la luz de la isla que José Saramago escogió para vivir

José Saramago y Pilar del Río, en Lanzarote. efe

Cuenta Pilar del Río que el 24 de abril, un día antes, curiosamente, de un aniversario de la Revolución de los Claveles que llevó la democracia a Portugal, José Saramago recibió una llamada de un amigo periodista que le anunciaba lo que su periódico publicaría al día siguiente: el gobierno del conservador Cavaco Silva había eliminado un libro de Saramago elegido por tres instituciones culturales para representar a la nueva literatura portuguesa en Europa. La justificación que los conservadores lusos habían esgrimido era que El Evangelio según Jesucristo ofendía a los portugueses católicos, que el autor era un recalcitrante comunista y, por último, que el libro estaba mal escrito.

Conforme fueron pasando los días la presión sobre el escritor se hizo más patente y los medios de comunicación reaccionarios, ansiosos por volver a tiempos pasados donde ellos dictaban las noticias y, por supuesto las leyes, aumentaban una campaña de desprestigio contra José Saramago, campaña a la que se unió sin ningún rubor, la prensa vaticana, muy especialmente irritada por la parte del libro en el que Saramago describía el acto sexual de José y María que daría lugar al nacimiento de Jesús. De nada sirvieron las muestras de solidaridad por personalidades culturales y políticas del resto de Europa, como la de Jack Lang; y la presión se le hizo insoportable al escritor. Un Saramago que unos meses antes había viajado a la isla de Lanzarote invitado por sus cuñados que vivían allí, en un bello pueblo llamado Taís, un lugar en el que el escritor había conocido «el silencio de los volcanes al caer la tarde.» Saramago reaccionó ante la insidiosa campaña en su país asegurando que solo era una novela mientras la editorial se frotaba las manos ante el negocio que presentía.

Nueve meses después, más o menos, su nuevo hogar, «A casa» estaba lista para recibir a la pareja de autoexiliados culturales que aprovecharon un terreno junto a la vivienda de sus familiares para construir una edificación de nueva planta.

Al poco, el escritor, ligero de equipaje, tenía su despacho en «una casa hecha de libros», mirando al mar y rodeado de lava, descubriendo un lugar en el que se siente libre a pesar de las dificultades: «vivir en una isla es un acto de fe». Saramago, junto al artista César Manrique luchó contra el deterioro del territorio, lo que causó alguna incomodidad en sectores empresariales que, por otro lado, también celebraban la visita de importantes personajes como el presidente portugués Mario Soares, que colocaron a la isla en el mapa.

El escritor de la aldea de Azinhaga escribió allí gran parte de sus éxitos literarios, libros que le llevarían a alcanzar el Nobel de Literatura en 1998. Por cierto, tuvo conocimiento de ello por una azafata en el aeropuerto de Francfort, donde se celebraba la Feria del Libro, ya que su esposa, advertida un día antes por un miembro del Comité, prometió guardar silencio hasta con el propio escritor. Ensayo sobre la ceguera, una de sus obras más celebradas («¿Y si todos fuéramos ciegos?»). O Cuadernos de Lanzarote, cuando camina por los aquellos lugares: «el espíritu entra en una especie de trance, crece, se dilata, va a estallar de felicidad. ¿Qué más resta sino llorar?», O…

En fin, la andaluza Pilar del Río ha escrito «un libro para amigas y amigos» de José Saramago. Un homenaje bien merecido para un intelectual que siempre creyó que la península ibérica debería de caminar unida, tal como insinuaba claramente en su Balsa de piedra.

Bien. Hace muchos años viajamos Concha y yo a Lanzarote en compañía de unos amigos y recorrimos los mismos paisajes que Saramago pisó. Dos de sus obras compartieron mochila, tal vez por si nos lo encontrábamos y nos las quería dedicar: Las maletas del viajero, donde deja una imagen sublime de su bisabuelo: «Me dijeron que mató a un hombre en dudosas circunstancias, en frío, como quien arranca un zarzal. Y también me dijeron que la víctima tenía razón; pero no tenía escopeta». Aunque la obra que me hubiera gustado escribir es Viaje a Portugal: desde Tras-os Montes hasta el Algarve, y desde Lisboa al Alentejo, reproduciendo «el auténtico rostro de una tierra inagotable». Imprescindible para los que conocen Portugal o quienes, todavía, no se han decidido a emprender el camino.

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