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José Saramago, consuela en su centenario

JOSE SARAMAGO

En 1980 José Saramago irrumpió con fuerza en la literatura y las conciencias de su generación con una rabiosa defensa del humanismo que rompió las costuras del neorrealismo portugués, Levantado del suelo. Se cumplen ahora 40 años del Premio Ciudad de Lisboa (1982) a este retrato de la lucha de clases en los latifundios, trigales y alpendres del Alentejo. La historia de Juan Maltiempo y su estirpe de jornaleros continúa hablándonos de la importancia de poner frenos al poder, y del legado de ese día de abril «alzado y principal» en que la patria portuguesa dijo adiós a la resignación.

Para cuando se produjo el estallido de Levantado del suelo, Saramago, que había nacido también en una familia de campesinos sin tierras, llevaba años madurando esa voz propia y modo de narrar que caracterizarían en adelante su ficción novelesca. Muchos rasgos los anticipó en sus crónicas periodísticas De este mundo y del otro (1971) y El equipaje del viajero (1973). Pero fue su convivencia a principios de 1976 con las familias de Lavre, en el Alentejo, la que lo animó a contar las cosas con la voz hablada del mundo rural en el que se instaló durante mes y medio, tras ser despedido del Diário de Notícias, del que era director adjunto, y decidir consagrarse por completo a la literatura. Tenía entonces 53 años.

«Saramago eclosionó cuando estaba formado como escritor, al contrario de lo que suele suceder hoy en día, que el novelista se forma mientras va publicando. Su caso es un precipitado de tesón, talento y milagro. En él convivió el obrero de las letras con el príncipe de la literatura», considera Fernando Gómez Aguilera, poeta, director de la Fundación César Manrique y cómplice del escritor. Acaba de publicar en La Umbría y la Solana José Saramago. El pájaro que pía posado en el rinoceronte, una formidable reflexión sobre el significado y alcance de los últimos libros de Saramago donde también se arroja luz sobre sus inicios formativos y literarios.

En el ecuador del primer centenario de José de Sousa Saramago (Azinhaga, 1922-Tías, Lanzarote, 2010) arrecian los homenajes, simposios, estrenos y ediciones. Esta misma semana la ONCE lanza un cupón dedicado al libro más traducido del nobel, Ensayo sobre la ceguera, título que protagoniza hasta el domingo en Oporto la primera coproducción bilingüe entre el Teatro Nacional São João y el Teatre Nacional de Catalunya. En Barcelona se estrenará el 29 de septiembre.

«Saramago tardó casi tres años en completar Ensayo sobre la ceguera, un fresco de la humanidad contemporánea donde nos demostró que todos podemos ser ciegos que viendo no ven. Se ha llevado al cine, al teatro, la pintura, el ballet…», glosa Pilar del Río, presidenta de la Fundación Saramago y autora de La intuición de la isla (editorial Itineraria), una mirada esencial a los días del escritor en Lanzarote que el sello Alfaguara lanzará pronto en Hispanoamérica.

El profesor Carlos Reis, ex director de la Biblioteca Nacional de Portugal (que acoge ahora su exposición El taller de Saramago, parte de la cual pasará a la Biblioteca Nacional de España a partir del 8 de noviembre), es el comisario del Centenario Saramago. Catedrático de la Universidad de Coimbra, el también autor de Diálogos con José Saramago (La Umbría y la Solana) quiere que el centenario sea «una celebración de la lectura que ponga de relieve la actualidad de su obra». Una invitación, por ejemplo, «a leer Ensayo sobre la ceguera en tiempos de pandemia y de violencia; Ensayo sobre la lucidez, cuando se habla de la crisis formal de las democracias que estamos viviendo; El año de la muerte de Ricardo Reis, a propósito de la manifestación de tendencias políticas autoritarias no solo en Europa; Memorial del convento e Historia del cerco de Lisboa, si queremos echar una mirada renovada sobre la Historia y sus héroes oficiales, o La balsa de piedra, por darnos una visión nueva del transiberismo, tal y como Saramago decía».

Para Reis, la reflexión académica es decisiva a la hora de prolongar la presencia de un escritor en la memoria cultural de un país, de ahí que en paralelo con la celebración festiva conceda un gran valor a los coloquios internacionales del centenario.

Uno de ellos se celebrará del 27 al 29 de junio en Yuste (Cáceres), organizado por la Universidad de Extremadura. Lo codirige el catedrático de la Universidad de Évora Antonio Sáez, y lleva por título José Saramago: un minuto, un siglo. «Contará con muchas voces de altura para reconstruir la presencia del nobel entre nosotros desde el punto de vista literario, cultural y social: escritores como Laura Restrepo, Manuel Vilas o Aroa Moreno; periodistas como Juan Cruz, Mercedes de Pablos o Tereixa Constela; profesores como Carlos Reis, Pere Ferré, Jordi Cerdà o César Rina; editores como Pilar Reyes... La intervención del premio Cervantes Sergio Ramírez, símbolo vivo de esa doble vertiente de compromiso literario y vital que siempre defendió Saramago, será además un honor y un privilegio», expone Sáez.

«Se hacen tantos actos y tan variados en todo el mundo porque el nombre de José Saramago convoca y consuela», reflexiona Pilar del Río ante una trepidante agenda que en verano se trasladará al otro lado del Atlántico, con Brasil y Estados Unidos entre los focos destacados.

Y es que Saramago tiene una enorme visibilidad internacional gracias al magnífico trabajo que desarrolla la fundación que preside Del Río, y la huella del nobel está presente en la obra de numerosos autores actuales en lengua portuguesa, como Gonçalo M. Tavares, José Luís Peixoto (que, incluso, le hace protagonista de una de sus novelas), Valter Hugo Mãe, João Tordo... Muchos de ellos participan en el programa de debates Legados Saramaguianos, que clausurará Dulce Maria Cardoso y con el que Carlos Reis plantea cómo escribir hoy a sabiendas de que hay una piedra en mitad del camino (imagen sacada de un poema de Carlos Drummond de Andrade) llamada José Saramago. «Lo mismo más o menos ocurrió con otras piedras en la historia literaria portuguesa llamadas Camões, Eça de Queirós y Fernando Pessoa. La verdad es que la ficción portuguesa actual tiene una vitalidad y una identidad propia y plural, aunque no pueda ignorar la existencia de aquella piedra», sostiene el comisario del centenario.

Saramago sigue así conversando con los intereses culturales y los desafíos que tenemos planteados como civilización en esta encrucijada del siglo XXI gracias a su propósito de escribir para comprender y a su robusto sentido cívico que, como recuerda Fernando Gómez Aguilera, encontró su talismán moral en la Oda XXVIII de Ricardo Reis, protagonista de una de sus novelas más amadas: «Para ser grande, sé íntegro. Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres en lo mínimo que hagas…».

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