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Las rotas pieles de la sintaxis

Tanto es así de Antonio Méndez Rubio demuestra la madurez de una propuesta literaria seria y reconocible

Antonio Méndez Rubio Tanto es así Editorial Vaso Roto 116 páginas

Acaba de llegar a las librerías la última (y esperada) entrega poética de Antonio Méndez Rubio (Fuente del Arco, Badajoz, 1967), escritor que acumula a sus espaldas un nutrido historial que demuestra –sin grandes aspavientos mercadotécnicos– la madurez de una propuesta literaria seria y reconocible. Bajo el título Tanto es así, y gracias a una cuidada edición del sello Vaso Roto, Méndez Rubio continúa el pulso literario, (tarea nada sencilla en la actualidad, por cierto), de sus últimos años. Puesto que son de reciente aparición Va verdad (2013), Por nada del mundo (2017) y Hacia lo violento (2021), así como sus ensayos Fascismo de Baja Intensidad (2021) y Teoría de los umbrales (2022).

Afincado desde bien temprano en València, donde ejerce la docencia en su universidad pública, se dio a conocer durante los primeros años de los noventa mediante su participación en la actividad cultural y sociopolítica de la sociedad valentina, además de publicar un buen número de referencias inexcusables para entender los caminos que toma la poesía, (recurrente prosopopeya ideológica), en el paso del oráculo finisecular al nuevo siglo. Véanse su importancia en la Unión de Escritores del País Valenciano o el libro El fin del mundo, reconocido por el Premio Hiperión en su edición de 1995. De hecho, solo hace falta reparar en la recepción crítica de su producción literaria para constatar todo este suscitado interés. En este mismo curso, por ejemplo, acaban de ver la luz varios estudios sobre su obra poética, como es el caso de ¿Un lugar sin lugar?, a cargo del profesor Raúl Molina Gil.

Tanto es así, por su parte, se presenta mediante cinco apartados (Desde ahora, A pulso, Bosquimanía, Alfabeto o baraja y Diván de A) y cerca de cien poemas que –podríamos decir– permiten una lectura no lineal, otorgando coherencia a una sintaxis rota por el fragmentarismo o, incluso, al empleo –nada aleatorio– de los signos de puntuación. Porque más allá de ciertos remilgos con la disposición verbal, persiste el sustrato vanguardista que alienta toda su poesía, ya sea mediante la estructura estrófica simétrica (con cierto regusto medieval que tiende hacia el paralelismo) o una brevedad relacionada con el aforismo irracionalista, antes que con la greguería ramoniana.

En conjunto, y más allá de una particularísima fraseología y su erotema sistematizada, nos encontramos ante un epicedio dirigido, cuando menos, contra nosotros mismos, contra nuestra propia subjetividad. Allí donde, según ha reconocido el autor en una interesante entrevista Turia, el poema se traiciona a sí mismo o la violencia se esconde en el lenguaje. En este sentido, la lectura nos propone diferentes textos fundamentales a la hora de ilustrar nuestras palabras. Hablamos, valga como muestra, del siguiente poema sin título: «Dolor de lo sabido / por errar, por la voz / de quienes ya no vienen: // por ti devuelvo al mundo, / como una negación, / la soledad que existe».

Y este rechazo forjado sobre una materialidad inaplazable se consuma en una enunciación circular que persigue y niega, decíamos, su referencialidad, (su reflejo perdido en el diálogo del significado con su significante), abriendo una brecha pronominal insalvable donde el artificio retórico desciende hasta la reflexión filosófica y metapoética. «Desde ahora», la primera sección, condensa buena parte de estos planteamientos desde la brevedad y la desintegración de la realidad en el cuerpo difuso del poema donde, de forma inquietante, el lector se reconoce en la ausencia: «Ninguna mano / sabe lo que eso vale / hasta que otra mano no / la suelta». Este cuestionamiento, a propósito del amor, la vida o la escritura, ahonda en los juegos entre signo, referente y materia-ausencia, aquello que –precisamente– no somos o podemos dejar de ser: «La única prueba / de que existe es que no / tiene nombre. Que / sea así. Que / dure en ti / la excusa de una tierra / sin herencia, / vuelta / hacia nosotros y / no hacia un lenguaje / que sobreviva de milagro / por debajo del cielo».

«A pulso», la segunda sección , emplea la prosa poética empujado por el aliento irracional, (quién sabe si en los contornos de la escritura automática), para desbordar un cauce de imágenes trazadas en el hilo –tan fino como grueso– del torrente existencial. Destaca, al mismo tiempo, una atmósfera dominada por la memorabilia y el topos del destino-tiempo. Bosquimanía o Alfabeto o baraja, los apartados centrales, devuelven la escritura a la brevedad y el verso. La denotación sigue abierta y la configuración del poema gana enteros con una resolución depurada. Hace acto de presencia la anotación culturalista, casi un señuelo didascálico en los márgenes del humor, que bien podría interpretarse como un contrafactum con respecto a la historicidad urgente y realista establecida, a mediados del pasado siglo, por la poesía social. «Implante coclear» y «Que anochezca», poemas destacables, evidencian un sujeto poético diluido en un mundo referencial (re)construido mediante la desautomatización del signo (y su ámbito connotativo). Finalmente, «Diván de A» clausura Tanto es así con un poema extenso, de tono confidente y cuerpo lírico, que recoge los recursos expuestos con anterioridad y sin dar la espalda a ciertas concesiones a la salmodia y un narrativismo fragmentario.

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