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Exorcizar tus orígenes

Exorcizar tus orígenes José Joaquín Martínez Egido

Hay vidas que necesitan de una especie de exorcismo para poder cambiar y seguir adelante. Los caminos para hacerlo son varios, pero siempre, creo, hay una constante en esos cambios, y es el tener que dejar situaciones, lugares y personas atrás, o al menos a un lado, para que tu vida pueda funcionar en la dirección que elijas. Esto mismo es la causa de que una mujer muy joven, 32 años, Tara Westover, situada social y profesionalmente en el ámbito universitario, tenga que contar su propia historia y exhibir delante de todo el mundo sus propias miserias, y, sobre todo, las de sus orígenes con sus padres y sus hermanos en Una Educación (Lumen, 2018).

A lo largo de 40 capítulos no extensos, divididos en tres partes desiguales, en primera persona y respetando más o menos la cronología temporal, la autora nos cuenta, desde su presente, cuál ha sido su historia, sobre la base de que: «No entiendo por qué de niña no me permitieron recibir una buena educación» (p.239).

Se trata, por tanto, de una autobiografía novelada, pues no se limita a contar lo que pasó, sino a opinar sobre ello, a interpretarlo de acuerdo con lo que recuerda, mediante el uso de unos diarios escritos de forma sucinta. Este es uno de los grandes temas literarios, el de la memoria, pues hace patente el que haya hechos que ella los recuerde de una manera y sus hermanos de otra; de ahí que, hasta qué punto, sea una certeza que lo que recordemos haya sido realidad al cien por cien.

La familia de la autora/narradora/protagonista es mormona de fe y convicción, por lo que su vida está regulada por los principios éticos que guían al Movimiento de los Santos de los últimos días. Viven en Idaho, en una granja. Su padre es chatarrero y su madre, siempre sometida a su marido, será ama de casa al principio, pero luego se hará comadrona y, posteriormente, exitosa empresaria en el negocio de los aceites medicinales. Todos los hermanos están sometidos a la bipolaridad del padre, quien confunde e interpreta la realidad. Tara, no acude a ninguna escuela, pero al igual que dos de sus hermanos, tiene la necesidad de aprender, hasta el punto de que llegará a entrar directamente en la Universidad Brigham Young (UBY), de su confesión, para alcanzar incluso un doctorado en Historia por la Universidad de Cambridge.

Desde esta atalaya cultural es de donde cuenta toda su historia. Toda su buenísima progresión formativa y profesional siempre se contrapone a los orígenes, a ese padre en donde la agresividad religiosa se mezcla con la enfermedad mental, a su hermano Shawn, un verdadero psicópata que maltrata a sus hermanas, a sus novias y a su mujer; pero que, como casi siempre en esa familia, lo que no se dice y lo que no se acepta, no existe. De hecho, ella se ha pasado la mayor parte de su vida intentando entender que lo que pasaba, no pasaba; hasta el punto de que, ante los maltratos de su hermano en público, ella reía y reía, a pesar del dolor, para que todo el mundo pensara que estaban jugando. Tara llegará al extremo de que necesitará que los demás confirmen su historia, pues sus padres han extendido la versión de que es ella la díscola y una mala persona alejada de sus creencias. De ahí que, en cierta forma, aunque la autora no lo diga, toda la novela podría ser un perfecto ajuste de cuentas público con toda su familia.

Y ¿Por qué debéis de leer esta novela? Porque es un buen ejemplo, en relación a su forma, del género de la autografía en la que la realidad y la ficción se mezclan en función de los recuerdos e intereses de la autora; y porque, en relación con el contenido y con su finalidad, es una estupenda historia de superación y de autoconfirmación personal en la que, la dosis de realidad se muestra en todo lo que se pierde en función de lo que uno quiere. «Podéis llamarlo transformación. Metamorfosis. Falsedad. Traición. Yo lo llamo una educación» (p.462).

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