Suscríbete Información

Información

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Historias de padres a hijos

de padres a hijos porLuisM.Alonso

Eduardo Halfon (Ciudad de Guatemala, 1971) es uno de esos escritores que demuestra en sus libros de ficción que siempre hay algo importante que contar sobre la realidad. En Duelo (2017), continuación de El boxeador polaco (2012) y Monasterio (2014), Halfon construye una especie de monumento posmoderno a sus abuelos, que sobrevivieron a los horrores del Holocausto pero no a sus devastadores efectos emocionales posteriores. En Signor Hoffman (2015) emprende viajes que en realidad son uno solo y circular, en el que combina la mundanalidad, las interioridades y la identidad, decidido a honrar la memoria familiar. Canción gira en torno a la violencia en la Guatemala de los años sesenta y setenta, y en él emerge la figura de otro abuelo libanés. A la vez, elige como contrapunto el eco de la historia de una mujer que conoce en Japón cuyo abuelo sobrevivió al bombardeo atómico de Hiroshima.

Desde el momento en que vio en la vida próxima o pasada de quienes le precedieron el material de su narrativa convergente, Halfon no ha dejado de explorar los abismos de la existencia con la precisión del que se sirve de las palabras justas y prescinde del exceso de grasa en la escritura. Aunque a simple vista parezca contradictorio, todo es verdad y ficción en Halfon, que un buen día, después de su carrera de ingeniero en Estados Unidos y una repentina y fuerte inmersión en la lectura, decidió hacerse escritor y buscar las evidencias en la propia vida, aguzando el oído para escuchar las voces que le llegan desde el recuerdo y la infancia. El secuestro de un abuelo, que le permite contar la guerra civil en Guatemala o revivir el Holocausto a través del pasado de otro en los campos nazis de exterminio. El autor se convierte en un tercer personaje de las historias, como él mismo ha dicho, diferente y a la vez aglutinador del resto de los que pululan en ellas.

En Un hijo cualquiera adquiere el compromiso de escribir como padre y junta en un ramillete algunas de las revelaciones durante los primeros cinco años de la vida del hijo. En ocasiones, los textos se amoldan a la memoria y Halfon vuelve la vista a atrás para que el pasado y el presente se fundan como ocurre en los temas predilectos de otras obras. De la aprensión surge, por ejemplo, el recuerdo de aquel primer beso en un cine de Guatemala y el triste final que sufre la chica, años después víctima de una sobredosis de heroína. Halfon, desde una neurosis vigilante paterna, piensa en el padre de aquella joven forzando de un empujón la puerta del baño para encontrarse impotente, arrodillado en silencio sobre las baldosas, rumiando la derrota ante su cuerpo desnudo. También hay momentos de sereno placer, como el de la nutria verde de plástico que el hijo convierte en mascota después de haberle pedido al padre un caballo azul. O cuando el niño se ve a sí mismo siguiéndole el juego y simula que lee callado lo mismo que él hace en el sofá, aunque siempre el mismo libro que hojea en silencio. O mientras el padre le explica delante de un piano que la primera nota se llama do porque toda la música del mundo suena por primera vez los domingos, el día de la semana en que el hijo le acompaña a unos conciertos clásicos en el auditorio de la Universidad de Iowa.

Las pistas más trágicas del pasado concurren en El lago, la historia estremecedora de unas aguas de recreo de la infancia, que se van degradando por causa de la negligencia humana e institucional y que pasados los años contempla atormentado por el miedo a encontrar flotando el cadáver del hermano mayor de su padre, que se había ahogado en ellas cuando solo tenía cinco años. Las mismas aguas verduscas en las que los militares, durante los años más violentos de la guerra civil guatemalteca, solían arrojar los cuerpos torturados de sus enemigos ya sin vida. O la lúcida reflexión sobre el suicidio que surge en La puerta abierta al rememorar a su mejor amigo, que se ahorca de la rama de un árbol y de cuya muerte se entera con su hijo de seis meses recién dormido en brazos. Y que se repite en Gefilte fish cuando se refiere a la imitación familiar en los suicidios sucesivos de los Hemingway. O la enigmática historia que le cuenta un compañero indio sobre el abuelo que mató al último tigre que amenazaba a su aldea, y que se cierra con una pregunta lanzada al vacío en la estación berlinesa de Grunewald, frente a las placas que muestran de donde partían los convoyes de la muerte con los judíos en dirección a Auschwitz y donde cabe la posibilidad hubiera partido también el abuelo polaco de Halfon.

Lo último en INF+

Compartir el artículo

stats