Las cubiertas de los libros a veces son un pórtico de entrada inmejorable al texto que el lector encontrará después. En esos casos, lo exterior anuncia lo interior, las imágenes prefiguran el sentido de las palabras.

Creo que Juan Lagardera ha acertado de lleno al escoger para la ilustración de su primera novela, Psicodélica (Ediciones Contrabando, 2022), la imagen manipulada de una obra de Gino Rubert, The Opening. En ella, observamos una serie de personajes, con cuerpo de muñeco y rostro humano, que forman parte de una fiesta. Beben, fuman, bailan, deambulan perdidos. Algunos de los rostros de estas criaturas son reconocibles: Freüd, Jüng, Carmen Alborch, Julie Christie, Antonio Vega. Y el propio autor de la novela, Juan Lagardera, que asoma sobre la sala principal en donde se desarrolla la fiesta. El observador, el testigo, el mirón.

Lo que dicho mirón espía en las páginas de Psicodélica son las vidas de unos cuantos jóvenes en la Valencia de los 70, unos jóvenes ávidos de experiencias eufóricas, de conocimiento, de novedades literarias y musicales, de aventuras sexuales, de experimentos con la química ceremonial de los porros, los ácidos lisérgicos y cualquier cosa que pudiera contribuir a hacer más intensa la realidad.

Por los breves capítulos de Psicodélica desfilan docenas de personajes, muchos muy conocidos, de aquella Valencia desaparecida (y de la Valencia contemporánea), personajes que aparecen, brillan por un instante, y se marchan para nunca más volver, como sucede en nuestra vida real, hecha de abundantes conocimientos efímeros.

Juan Lagardera ha escrito una estupenda novela de iniciación, de descubrimiento del mundo por parte de sus personajes protagonistas, una educación sentimental en aquella España pobre y deslumbrante, confusa y en zapatillas de andar por casa.

Se trata de un texto caleidoscópico, sin pretensiones de totalidad, planeado con celeridad cinematográfica e inmediatez. Con algo de caótico repertorio humano, como suele ser el mundo, y más el mundo de los jóvenes.

Pero en mitad de ese caos, gobierna la voz adulta del narrador -su gran acierto, su mejor logro-, que sabe establecer la adecuada distancia sobre los acontecimientos, que reflexiona sobre el pasado y el presente, que consigue con su sentido del humor, con su ironía, con su inteligencia, dotar de sentido y humanidad a los erráticos intérpretes de su tragicomedia.

Psicodélica lleva el siguiente subtítulo: Un tiempo alucinante. Los 70 son para el narrador un tiempo alucinante y alucinado, un tiempo de derrotas y victorias personales, de transformaciones y fracasos colectivos, de ruido y furia, de nostalgia y olvido. Valencia convertida en personaje novelístico y en escenario para la literatura, una Valencia llena de jóvenes desorientados que tratan de llevar adelante sus vidas ,y que inevitablemente caerán en el tiempo y se convertirán en adultos.