El malestar de las ciudades

Jorge Dioni hace un análisis crítico de la ciudad neoliberal, y de la turística, su principal paradigma, que no cuenta con sus ciudadanos

Turistas en laExplanada. jose navarro

Turistas en laExplanada. jose navarro / porJoséRamónNavarroVera

José Ramón Navarro Vera

Jorge Dioni hace un análisis crítico de la ciudad neoliberal, y de la turística, su principal paradigma, que no cuenta con sus ciudadanos

Jorge Dioni López ( Benavente 1974) se dio a conocer por su primer libro La España de las piscinas (Arpa, 2021), en el que abordaba los procesos de producción de suelo urbanizado en nuestro país y los modos de vida que generaba. Ahora vuelve a tomar en este segundo ensayo su análisis crítico del urbanismo contemporáneo dominado por el paradigma neoliberal que como el autor sostiene: «Ha convertido las ciudades en un producto al que se da acceso a quien pueda pagarlo».

El título de este libro remite al ensayo de Sigmund Freud El malestar en la cultura, publicado en 1930, en el que el padre del psicoanálisis sostiene que «al hombre le resulta tan difícil ser feliz» porque de las tres fuentes tradicionales del sufrimiento humano, la naturaleza, la caducidad del cuerpo humano, y « la insuficiencia de nuestros métodos para regular las relaciones humanas en la familia, el Estado y la sociedad», es esta última la que menos comprendemos, y, continúa Freud, «nos preguntamos por qué las instituciones que nosotros mismos hemos creado, que habrían de representar protección y bienestar para todos, no lo hacen».

Viandantes en una popular calle de Alicante. jose navarro

Viandantes en una popular calle de Alicante. jose navarro / porJoséRamónNavarroVera

Jorge Dioni comienza su libro haciéndose también una pregunta acerca de la infelicidad del habitante de la ciudad contemporánea: «¿Por qué la gente deja las ciudades?», y da una primera respuesta breve y rotunda: «Porque la echan». Y las razones por las que tantos ciudadanos se ven forzados a abandonarla tiene la misma raíz que ya señalaba Freud: unas instituciones que no aportan protección y bienestar para todos los ciudadanos. A lo largo de las páginas de este ensayo, Jorge Dioni despliega las causas y efectos que se están generando en la ciudad contemporánea, desde la economía y el urbanismo a los efectos sociales o medioambientales que están produciendo ese malestar en los ciudadanos.

El amplio contenido del libro por los temas que contempla, y la riqueza de sugerencias que transmite, ha llevado al autor de este artículo a enfocarlo como una síntesis de dos de sus aportaciones esenciales: en primer lugar, el modelo neoliberal de ciudad, y, en segundo lugar, la ciudad turística, hija predilecta de ese modelo. Comenzamos por la primera.

1La ciudad neoliberal es la heredera de las diferentes crisis económicas y políticas que ha sufrido el capitalismo desde los años 70, y que se suele interpretar como una consecuencia de la ruptura del «estado de bienestar», implantado tras la última guerra mundial desde el consenso entre liberalismo y socialismo, entre capital y trabajo. Este pacto permitió una redistribución que ahora ha sido sustituida por una ideología que promete el bienestar de los ciudadanos basándose en la propiedad privada y en el libre comercio: « Todo debe de ser valorizado, monitorizado y comercializado». Para los gestores de la ciudad neoliberal «la desigualdad no es un problema, sino un objetivo porque incentiva la creatividad y el riesgo», sostiene el autor.

2La ciudad neoliberal tiene rasgos propios que la distinguen de la ciudad capitalista del siglo XX , entre otros, la función del Estado y la Administración, así como el del mercado. Mientras el liberalismo buscaba reducir al mínimo el papel de esas instituciones, por el contrario, el neoliberalismo necesita de su colaboración para configurar la propiedad, y garantizar el funcionamiento del mercado. En la ciudad neoliberal allí donde no hay mercado hay que crearlo, desde el agua a las basuras pasando por los jardines y otros servicios urbanos, siguiendo el proceso de «Valorar-Monetizar-Privatizar». El autor expone con detalle cómo el neoliberalismo ha penetrado en la estructura económica, urbanística , social y cultural en diferentes ciudades europeas y americanas.

3La ciudad neoliberal es un espacio económico ligado al movimiento, a la captación de flujos, de personas o de inversiones, como leemos en las páginas del libro: «La ciudad pasa de ser una fuente de riqueza a un producto capaz de crear valor: la ciudad ya no produce, sino que se produce (…) En la ciudad neoliberal el objetivo no es controlar el crecimiento sino promoverlo y concentrarlo, lo que se logra a través del movimiento, insertándose en las corrientes globales o regionales para captar flujos de personas o de mercancías. El papel de la administración es facilitar el proceso a través de la creación de nuevos mercados, la reducción del riesgo o la protección de los beneficios».

4El modelo urbano neoliberal promueve la «desregulación urbanística» (de triste recuerdo en la Comunidad Valenciana durante la época de la burbuja y la Ley Valenciana de Suelo). Frente a un urbanismo de control público dirigido a la planificación y gestión de una ciudad cohesionada, el urbanismo desregulado busca descohesionar el espacio urbano y el territorio porque la ciudad se vende mejor troceándola. El libro expone con detalle los efectos de las políticas urbanísticas desreguladoras iniciadas por Margaret Thatcher a comienzos de los ochenta del siglo pasado cuando disolvió el Greater London Council, una institución dedicada al control del crecimiento del Gran Londres, e impulsó el desarrollo privatizador del antiguo puerto de Londres (Docklands).

5Uno de los textos más perturbadores del ensayo de Jorge Dioni es aquel en el que se afirma: « ( En la ciudad neoliberal) Dejamos de ser sociedad y pasamos a ser individuos cuya relación con la realidad es también mercantil, en otras palabras somos productos que deben competir (…) Las personas importan según su valor de cambio», por eso, para los que defiende este modelo de ciudad, « la libertad debe de separarse de la fraternidad y convertirse en un producto, en propiedad privada individual (…) La solidaridad es algo del pasado. Te impide cumplir tus sueños», como refleja la película Billy Elliot, en la que el padre del chico protagonista se hace esquirol para poder pagar las clases de baile del hijo.

La ciudad turistica

La industria turística ejemplariza los rasgos identitarios de la ciudad neoliberal: en la ciudad turística se produce un cambio de la función productiva propia de la ciudad industrial para adoptar un modelo de «extracción de rentas». El autor de El malestar de las ciudades analiza como afecta el turismo a ciudades consolidadas: «Una cosa es crear un polo turístico de la nada y otra muy distinta encajarlo en un espacio urbano consolidado con una historia y una vida», el primero sería el caso de Benidorm, a la que, en los años 70 del siglo pasado, Mario Gaviria definió como «Ciudad Nueva» en un libro ya clásico del urbanismo turístico español. El ensayo de Jorge Dioni da respuestas a diferentes cuestiones, ¿cómo afecta el turismo a la condición de ciudadanía y a las relaciones de los residentes con el Ayuntamiento?, ¿cuáles son los efectos sociales del modelo económico que sustenta la ciudad turística, como los de la vivienda, empleo, renta?, ¿cómo las demandas del turista, lo que quiere mirar y experimentar, puede condicionar el modo de concebir y proyectar la ciudad turística?, entre otras. Entre las respuestas e ideas que encontramos en el ensayo de Jorge Dioni destacamos las siguientes:

1Para el Ayuntamiento de la ciudad turística las políticas prioritarias no son las que se dirigen a aumentar el bienestar de los ciudadanos sino las que tiene por finalidad la captación de flujos de turistas y de negocio turístico.

2 «La ciudad turística no es un lugar para vivir. Es un espacio que necesita movimiento constante propio y ajeno».

3La clave de la economía turística es el movimiento: «La gente importante en la ciudad turística no es la residente, cuya capacidad de trabajo es fácilmente sustituible, sino la que pasa por ella».

4El turismo degrada la condición de ciudadanía al situar al ciudadano en un lugar secundario con relación al turista y al negocio turístico. El residente no crea valor y sí problemas al Ayuntamiento, en cambio, el turista no solo no crea problemas, sino que además se deja su dinero.

5La ciudad del «crucerista», un turista que dedica una media de cuatro horas para visitar la ciudad en la que hace escala su barco requiere una oferta de ocio, gastronomía, cultura, incluso una forma de ciudad y espacio público, acorde con esos tiempos. De modo que para satisfacer al «crucerista» hay que proyectar una ciudad de consumo rápido.

6 «La ciudad turística elabora una identidad comercial basada en lo que el visitante espera encontrar. Si no hay tradiciones o platos tipos para vender, se crean».

7 «El turismo vende lo que no es suyo», convierte en mercancía el paisaje, el mar, las calles y el espacio público, el patrimonio y la memoria, desposeyendo de su ciudad al ciudadano.

8En la ciudad turística, como paradigma de la ciudad neoliberal, se produce la progresiva sustitución del espacio público como valor de uso por el espacio público como valor de cambio, como ya profetizaba Henri Lefevbre en El derecho a la ciudad (1968): «El espacio público se convierte en un lugar de consumo y en consumo de lugar».

9El turismo carece de arraigo con el territorio urbano y el lugar de la ciudad. Puede ser cierto, lo que se escucha extendido por los defensores de los pisos turísticos, que estos pueden aportar una mejora rehabilitadora a la escena urbana, pero es a costa de vaciar de vida urbana los centros por el abandono de la población residente y la transformación del tejido comercial en usos de ocio. Además, los intereses empresariales y comerciales ligados al turismo, muchos de ellos foráneos, abandonarán la ciudad cuando cambie le modelo turístico, que no es eterno, o aparezcan otros lugares más rentables para explotar.

10El turismo no reduce la desigualdad social, incluso la incrementa. Baleares ha pasado de ser la comunidad más rica de España a ocupar la séptima plaza. Hay una correlación entre el porcentaje de empleo en servicios turístico y situación en las zonas más bajas de renta, como ocurre en Tenerife y Marbella. Según la Generalitat Valenciana en la Marina Alta alicantina (Denia, Xabia, Calp, Teulada-Moraira y Benisa) encabezan las ciudades con mayor tasa de riesgo de pobreza o exclusión social, menor renta familiar y mayores índices de carencia material severa. A corta distancia le sigue en la Marina Baja, Benidorm, La Vila o Altea.

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