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Eduardo Chillida: Ingeniero de sueños

En sus inicios, la obra del escultor vasco, del que este año celebramos el centenario de su nacimiento, está muy ligada al hierro. Con el tiempo trabajó con otros materiales como mármol, alabastro o papel, y uno que suele tener una función técnica como el hormigón armado, con el que nos ha dejado alguna de sus piezas más conocidas

Lugar de encuentros III, pieza
de Chillida bajo el paso
superior en la Castellana de 
Madrid proyectado y construido
por los ingenieros José 
A.Fernández Ordóñez y
J.Martínez Calzón.

Lugar de encuentros III, pieza de Chillida bajo el paso superior en la Castellana de Madrid proyectado y construido por los ingenieros José A.Fernández Ordóñez y J.Martínez Calzón. / porJoséRamónNavarroVera

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José Ramón Navarro Vera

Este articulo expone como se desarrolló la relación con el hormigón de este escultor, al que el poeta Gabriel Celaya llamó «Ingeniero de sueños».

En 1947, Chillida abandona la carrera de Arquitectura para comenzar clases de dibujo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Al año siguiente se traslada a París donde iniciará su camino artístico. Realiza su primera escultura de hierro en 1951 (Ilarik), y será este material el dominante en la obra que expone en 1956 en su primera exposición individual en la Galería Maeght de esa ciudad, a la que desde entonces siempre estará ligado.

Con motivo de esta exposición, el filósofo Gaston Bachelard (1884-1962), a quien el artista le dedica una escultura, publica en Derrière le Miroir, la revista de la galería Maeght, Le cosmos de fer ( El cosmos de hierro, publicada en español como El derecho de soñar, Fondo de Cultura Económica, 1985). Hombre de profunda formación científica, pero además dotado de una exquisita sensibilidad por la poesía y la literatura, nos ha dejado textos imprescindibles que nos enseñan a entender cómo nos relacionamos con la materia en un proceso que va más allá del mundo físico para entrar en el dominio de la intuición, la ensoñación, y el inconsciente, en lo que denomina la «imaginación material».

Chillida, que siempre estuvo interesado en la relación entre ciencia y arte, encontró en este filósofo un interlocutor que admiraba: «¿Cuál es la diferencia fundamental entre ciencia y arte?», se pregunta en su discurso de ingreso a la Academia de Bellas Artes de San Fernando (Preguntas, 1994). En sus comentarios y escritos sobre su obra aparecen continuamente reflexiones sobre conceptos como materia, medida, límite, vacío, gravedad, peso, densidad, dimensión, exactitud, velocidad, destacando siempre las referencias al espacio y al tiempo: «El espacio es el hermano gemelo del tiempo», sostenía. Chillida se sumerge con sus obras en una física dotada de leyes propias: «El problema es más amplio que una ley física. En el fondo yo me rebelo contra Newton. Yo y mis esculturas. He utilizado mucho el peso para rebelarme contra el peso», y en una geometría más cualitativa que cuantitativa: «Grecia nos enseña que en lo cualitativo la perfección difiere de la exactitud geométrica».

Eusebio Sempere, Fernández
Ordoñez y Chillida examinan
Lugar de encuentros III en el
taller donde fue construida.

Lugar de encuentros III en construcción, mostrando parte de su armadura y encofrado. / INFORMACIÓN

Músculo

En el Cosmos de hierro, Bachelard nos habla de cómo el escultor «había hecho decir al hierro lo que no podía decir la piedra (…) que la piedra es masa, nunca músculo. El ser del hierro es todo músculo. Chillida quiere conocer el espacio de músculos. Tira el cincel y el mazo. Toma las pinzas y el martillo de herrero. Fue así como el escultor se hizo herrero». Años más tarde, Chillida descubrirá un material en el que se funden masa y músculo, piedra y hierro: el hormigón armado.

Chillida realiza su primera escultura de hormigón armado en 1972, tras su encuentro con el ingeniero de caminos José A. Fernández Ordóñez, quien le había pedido que aportase una pieza para el museo de escultura abstracta de la Castellana de Madrid, bajo el paso elevado de la calle Juan Bravo, que el ingeniero había concebido junto con su amigo el artista alicantino Eusebio Sempere. Un museo en el que las obras expuestas serían donaciones de diferentes artistas españoles al pueblo de Madrid, entre otros, Julio González y Alberto Sánchez (ambos fallecidos en el exilio), Ribera, Serrano, Chillida, Sempere había proyectado la barandilla metálica del puente. Con este museo se pretendía establecer un diálogo permanente entre la ingeniería y el arte, la obra técnica y la artística, contribuyendo a superar la dicotomía entre funcionalidad y belleza, siempre presente en el pensamiento y práctica de constructor de hermosos puentes del ingeniero Fernández Ordóñez. Con su colaboración técnica, Chillida construiría su serie de esculturas de hormigón armado de gran escala, entre las más conocidas, Lugar de encuentros III en la Castellana de Madrid (1972); La casa de Goethe, Frankfurt (1986); Guren Aitaren Etxea, Guernica (1987), y el Elogio del Horizonte IV en Gijón (1989).

Con la escultura de hormigón de la Castellana, Lugar de encuentros III, Chillida tendrá que enfrentarse a un material desconocido para él. Con ella, se acerca al mundo de la ingeniería: «Porque mi obra, mis aceros y sus tensiones, mis hormigones y sus tensiones, mis hormigones y su densidad, han estado siempre muy cerca de difíciles proyectos de ingeniería» (Pensar la ingeniería, José A. Fernández Ordóñez / Jose R. Navarro Vera, Colegio de Ingenieros de Caminos Fundación Juanelo Turriano. Madrid,2009).

Lugar de encuentros III en
construcción, mostrando
parte de su armadura y 
encofrado.

Eusebio Sempere, Fernández Ordoñez y Chillida examinan Lugar de encuentros III en el taller donde fue construida. / INFORMACIÓN

El hormigón es una piedra artificial que resulta de la mezcla y fraguado de cinco componentes básicos: cemento, áridos, arena, aditivos y agua. Más que de hormigón habría que hablar de hormigones, porque combinando esos componentes se obtiene cientos de tipos de hormigón. El hormigón armado se obtiene disponiendo una armadura de barras de acero en el interior de la masa, de modo que el conjunto trabaja soportando las cargas entre los dos materiales.

Los hormigones de Chillida son un material muy especial, muy poco técnico, una de las cualidades que quería el escultor que mostrase su hormigón era que manifestase su envejecimiento con el paso del tiempo, lo que exigía controlar la relación agua-cemento, el tipo y color de los áridos, o añadir aditivos como virutas de hierro, entre otros. Fernández Ordóñez , hablaba así de estos hormigones: «Este hormigón adquiere otra naturaleza, tiene una densidad que no viene en los prontuarios: así como una mala escultura puede transformar el bronce en un material blando, o en algunas esculturas griegas, el carbonato cálcico desaparece para dar paso a una piedra oculta, transparente, musical eterna; este hormigón tiene una masa sujeta a leyes de gravedad todavía desconocidas, una resistencia que no se mide en kilos por centímetro cuadrado sino más bien parecido a los grandes encajadores de la historia del boxeo».

Elogio del horizonte IV
en el cerro de Santa 
Catalina de Gijón.

Elogio del horizonte IV en el cerro de Santa Catalina de Gijón. / INFORMACIÓN

Diálogo con el vacío

¿Por qué Chillida suspendió de cuatro columnas del paso superior la escultura de la Castellana, que, con un peso de más de seis toneladas, parece volar con las alas extendidas? Como ya dije anteriormente, Chillida concibió un universo físico dotado de leyes propias. Afirmaba que el diálogo entre lo lleno y lo vacío tiene lugar entre dos cosas muy similares, la materia y el vacío. Él mismo contaba que un día mientras trabajaba en el taller donde forjaba sus piezas metálicas, vio como una grúa levantaba un gran peso que percibió como que el espacio que había por encima del mismo trataba de empujarlo hacia el suelo, al mismo tiempo que el vacío que había debajo lo sustentaba: «El hormigón ha representado un apoyo a todo lo que quería hacer, precisamente por su densidad y por su potencia, pero nunca para volar. Eso es lo que gustó y lo que me interesó. Así surgió Lugar de encuentros bajo un puente de la Castellana. Fue una batalla irracional contra la gravedad, era la gran batalla que ocurre en la vertical entre las fuerzas que suben y las fuerzas que bajan». (Elogio del Horizonte. Conversaciones con Eduardo Chillida, Susana Chillida, editora.Destino,2003.)

Todas las esculturas de hormigón armado de Chillida están emplazadas en el espacio público: «Una de las cosas que me apasiona de la escultura es la obra que pertenece a todos (…) Ese poder estar en contacto tan directo con la gente y con la calle». En el museo de la Castellana, su pieza no solo es la protagonista del espacio del museo, es la que crea ese espacio transformándolo en lugar. El Elogio del horizonte IV, la escultura erigida en el cerro de Santa Catalina en la ciudad de Gijón, es posiblemente la obra en la que de un modo más rotundo se materializa la mirada del escultor sobre el espacio, al que siente más cómo una experiencia existencial que física. Podría considerarse esta escultura la que marca el momento culminante de su serie de obras de hormigón. El mismo lo afirmaba: «Creo que es la mejor obra que he hecho».

Para Chillida, la elección del sitio de una escultura al aire libre era esencial, pues su emplazamiento abre las posibilidades de relacionarse con el entorno y con el cosmos. La obra creaba un lugar que no existía antes de su presencia en el sitio, idea que compartía con el filósofo alemán Martin Heidegger con el que colaboró ilustrando la obra Die Kunst un der Raum (El arte y el espacio,1969), que el autor dedicó al escultor, en la que leemos: «La mutua implicación entre el arte y el espacio tiene que ser pensada a través de la experiencia del lugar y del entorno (…) La escultura sería una materialización del lugar, que abriendo un entorno y permitiéndolo, mantiene lo libre congregado en sí, lo cual confiere una permanecía a cada cosa y a los hombres un habitar en medio de las cosas».(El arte y el espacio, Heidegger, Edit. Herder, 2015)

Límite y horizonte

En el Elogio del horizonte, el protagonismo del lugar lo tiene el horizonte marino, tan presente en la mirada del artista, como en el Peine del viento de San Sebastián (1977). La escultura, de diez metros de altura y planta circular, concebida como un espacio arquitectónico, se abre como un pórtico al horizonte que Chillida miraba como un «límite que no tiene límites», vinculando al hombre con el horizonte. Un límite que a medida que te acercas a él, se aleja, de modo que intentando alcanzarlo se podría recorrer la Tierra, por eso para el escultor «el horizonte es la patria de la humanidad».

La obra y el pensamiento de Eduardo Chillida nos enseña a contemplar su obra que para él son preguntas que el artista se hace y nos hace: «Yo persigo cosas que no entiendo, quiero saber lo que no sé». Solía contar su preferencia por el El zen del tiro con arco (Gaia ediciones, 2022) de Eugen Herrigel, que le había recomendado su amigo el pintor cubista Braque, en el que se dice que para dar en el blanco lo importante es desprenderse del deseo de dar en el blanco. Quizás la pregunta que nos hacemos frente a una obra de arte no tenga respuesta, porque eso supondría desvelar su secreto y entonces perdería toda su magia. De ese modo, las verdaderas obras de arte, como las esculturas de Chillida, siempre permanecen, son eternas.

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