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La narración obsesiva

Terror, delirio y experimentación narrativa: El obsceno pájaro de la noche de José Donoso

José Donoso

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José Joaquín Martínez Egido

Hay novelas que son más que novelas, son completos delirios, pero delirios espectaculares que te incluyen en ellos y que, aunque sufras, aunque entiendas lo justo, sigues en ese ensueño que te recuerda a esas noches de fiebre en las que vives sin lógica, pero que, con la interpretación adecuada, descifras lo más oculto de ti mismo.

El obsceno pájaro de la noche (1970, 2022, Penguin Random House), cuyo título es tomado de Henry James por el autor chileno José Donoso, comienza con la muerte de una anciana en lo que parece ser un convento o un asilo miserable de mujeres y huérfanas. Desde su inicio, se configura un río narrativo que muestra dos constantes: el aislamiento de los personajes y la indignidad en la que viven.

El autor tardó ocho años en redactarla obsesionado por su planificación y desarrollo. Sin anclaje a un tiempo concreto ni a espacios referenciados, con la construcción de dos realidades aisladas de la vida cotidiana, sin aparente conexión entre ellas, pero relacionadas en la conceptualización que las hace posibles, José Donoso configura dos escenarios que escapan a la lógica y se acercan a una concepción de la realidad muy compleja: de una parte, La Chimba, con infinidad de patios y de habitaciones con millones de paquetitos, una especie de asilo poblado por viejas decrépitas, miserables, posibles monjas, niñas huérfanas, mujeres de orígenes inciertos, presentadas como un coro que llena todo un escenario al servicio de la trama y, junto a ellas, por Mudito y por el niño de Iris que debe ser encerrado allí; de otra parte, la Rinconada, esa finca que servirá como reducto a una fauna de despojos humanos compuesta por monstruos de la naturaleza, ambiente surrealista de otro mundo, pero en este, en donde Boy, el hijo deforme de los Aizcoitía, vivirá rodeado de personajes en donde él no destaque. Dos lugares para encerrar a dos niños diferentes.

La novela se configura con la creación de dos protagonistas masculinos configurados de forma antitética. Uno de ellos es narrador y personaje, transfigurado en la figura de Mudito desde Humberto Peñalosa; y el otro, Don Jerónimo de Azcoitía, gobernador de las vidas de todas aquellas personas que lo rodean. Ambos se juntan y se separan al albur de la narración del primero, en la figura de Humberto, escritor en potencia y secretario de Don Jerónimo. Dos hombres que se configuran y se desarrollan en sentidos opuestos: Don Jerónimo se alza en el símbolo de lo masculino, de la fuerza, de lo inmutable; mientras que el otro se va alejando de su masculinidad despojándose de su sexo para entrar en un proceso de igualación con las viejas de la casa. Opuestos a ellos, Donoso muestra a todas las mujeres sometidas sin posibilidad de independencia o de triunfo.

En la novela todo se bifurca, todo es fluido, mediante el empleo de una sintaxis corta y coloquial para los diálogos (p.21), junto a frases enormes de más de 130 palabras en las que se amontonan acciones y descripciones (p.23), las cuales contribuyen al sentido y ser de la novela, siendo este último tipo la más representativa y la que lleva al lector a ese mismo estado de obsesión, en ese ambiente opresor, recurrente, donde los narradores se confunden de persona y de punto de vista, en donde cualquier intento de búsqueda de alguna lógica es inútil.

Todo lo que se cuenta y cómo se narra está envuelto en el terror, ya no solo con las historias de fantasmas y los fantasmas reales, con los intentos de beatificación, con los imbuches, sino también con los espacios que se transforman, con los tiempos que fluyen desde un presente hacia un pasado y también a la inversa, sin ningún previo aviso al lector. Una novela quimérica por su desarrollo argumental sin solución posible que solo puede ser fruto de una mente diferente. ¡Y yo sin leerla hasta ahora!

Y ¿Por qué deberíais de leer esta novela? Porque, sin tener en cuenta interpretaciones políticas, pocas veces un lector avezado puede verse tan absorbido, tan sorprendido, tan rechazado, como cuando se lee esta novela nada fácil, totalmente experimental, en donde el arte se siente, se disfruta, pero en la que hay pocas respuestas, y ninguna única, para todo aquello que contiene.

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