Orhan Pamuk: La tormenta interior del escritor
‘Recuerdos de montañas lejanas’ es una maravillosa selección de dibujos, pensamientos y reflexiones que Orhan Pamuk viene recogiendo desde hace quince años. El Premio Nobel nos ofrece un mundo propio donde combina escritura y pintura y nos muestra el retrato mental del escritor

El escritor turco y Premio Nobel de Literatura en 2006, Orhan Pamuk
Javier García Recio
Orhan Pamuk iba para pintor, pero pasada la veintena la pasión de la escritura se apoderó de él. El novelista ganó a la pintura, pero ésta siguió ahí. Él mismo nos lo cuenta «entre los 7 y los 22 años pensé que iba a ser pintor. A los 22, murió el pintor que había en mí y empecé a escribir novelas. En 2008, entré en una tienda y salí con dos enormes bolsas llenas de lápices y pinceles; luego, entre el placer y el temor, empecé a dibujar en pequeños cuadernos. No, el pintor que había en mí no estaba muerto».
Fue así que desde 2009 comenzó a escribir y a dibujar en los cuadernos que siempre lleva consigo. Anota sus pensamientos sobre la actualidad, dialoga con los personajes de sus novelas, confiesa sus miedos y preocupaciones, narra sus encuentros y viajes y reflexiona sobre el amor y la felicidad y dibuja y colorea todo lo que ve . Ahora asistimos por primera vez a una cuidada selección personal de sus dibujos y una bellísima colección de sus reflexiones. Nació así ‘Recuerdos de montañas lejanas’, que acaba de editar en España Random House.
A Pamuk, que ha publicado otras publicaciones similares a este libro en los últimos años, le gusta compartir su carrera de escritor con sus lectores imaginarios. Se trata de inculcar su propio universo en la mente del lector. Hacerlo cómplice.
‘Recuerdos de montañas lejanas’ es el retrato mental y pictórico-verbal de un escritor que toma notas no sólo con palabras sino también con dibujo: Un mundo propio donde combina escritura y pintura y se siente más libre, y a la vez mas comprometido con su trabajo de cara al lector.
Las frases y las imágenes de los cuadernos son un desglose del funcionamiento de la mente de Pamuk, su orden de trabajo y las razones por las que (no) trabaja: nos encontramos con un autor que se mira a sí mismo mientras ve lo que sucede a su alrededor en casi todos los línea y dibujo. «Soy alguien que escribe todo en este cuaderno, poco a poco. Es como si estuviera escondiendo el mundo aquí. Es como si estuviera tratando de vivir la vida que no podría vivir aquí», nos dice.

Dibujo de Orhan Pamuk / INFORMACIÓN
En sus cuadernos somos testigos de los momentos en los que Pamuk no puede concentrarse en escribir; «Sólo quiero cerrarme a la escritura» dice y añade: «Escribir una novela - para mí - significa sentir el mundo más profundamente de lo que muestra la imagen» Y más tarde, en 2017, cuando otras obligaciones le han llevado a estar tres meses sin escribir señala «Estos tres meses sin escribir, sin trabajar la novela han acabado de convencerme de que soy novelista y nada más. Escribir una novela para mí es sentir el mundo infinitamente más rico de lo que puede mostrar cualquier imagen». Siempre deja sentado, además que el placer que siente al escribir está por encima de un dibujo.
Pamuk escribe y dibuja desde su despacho de su casa de Estambul. Allí desde un gran ventanal contempla y se maravilla del mundo exterior, mira ese mundo y toma notas de lo que ve, luego se olvida del mundo y se pierde en la novela. Pero antes, en la vorágine de obligaciones, contempla al Pasabahce, el viejo barco que surca la bahía de Estambul y que le proporciona «un poco de felicidad». Y más allá: «desde la ventana de mi despacho veo la isla tremendamente abarrotada. Gente que viene, gente que va. Carruajes, curiosos tras las ventanas, jóvenes siempre entre risas, vendedores de maíz, de helados de simith. Un hombre le vende sandalias de plástico a la gente que baja a la playa, otro venden Coca-Cola y limonada en vasos de plástico. El mundo, es tan rico tan abundante que en comparación, mis notas en este cuaderno, mis aventuras, los hombres, mis sueños etc., no son más que una gota en el océano. Quiero escribir sobre todo, sin parar, durante horas y días». Y finalmente todo se asimila: «El mundo está listo para entrar en la novela».

Otro dibujo lleno de anotaciones del autor / INFORMACIÓN
En estos cuadernos pictóricos está todo el mundo del novelista, sus conferencias, sus viajes, sus necesidades cotidianas, junto a su mujer y su hija, su afición por nadar en el mar, sus preocupaciones familiares, sociales o políticas, y también los procesos de elaboración de sus libros.
En el segundo cuaderno de 2015 escribe: «Hoy es un día especial: termino ‘La mujer de pelo rojo’ (décima novela). Completo el final en plena noche, entre el silbido de la niebla. Mi casa está en el corazón de mis libros». En la escritura de ‘Una sensación extraña’ muestra su deseo de contar una historia encantadora y realista «al estilo de Dickens, incluso de Hamsun, o de Steinbeck». Por otro, el deseo de una narración más palpitante, más arrebatadora, donde primaría la imaginación, la intriga, el drama.
A mediados de junio de 2016 leemos como empieza a escribir ‘Las noches de la peste’, «una rabia anticolonial, antioccidental, aunque el tema será el poder, la modernidad, el pueblo, la nación liberada y lo que hace de sí mismo». En 2019 aún esta en ello y «a punto de escribir las páginas más poderosas de la novela», el inicio de la revolución en Minguer. «‘Las noches de la peste’ será una novela, densa, áspera oscura. Estoy creando un universo, casa por casa». Más tarde, en diciembre de 2020, en una de las anotaciones finales del libro señala: «He terminado ‘Las noches de la peste’ en este despacho de Cihangir, trabajando 12 horas al día. Por la noche dormía tres horas, escribía una hora, volvía a dormir tres horas».
No obvia sus pensamientos y opiniones políticas, pero teme sus consecuencias. En 2015, ante una entrevista a un periódico siente las malas interpretaciones que sus respuestas pueden originar. «Todos estos temores y angustias son la prueba palmearía de que en Turquía la libertad de expresión no rige (...) Siento el deseo de expresarme, de mostrarme crítico y al mismo tiempo el miedo de buscarme problemas, un miedo propio de un país del Tercer Mundo donde la libertad no existe».
También sus viajes, profesionales o por placer, está en este cuaderno. En mayo de 2009 viaja a Granada y queda embrujado al descubrir la Alhambra. «En la Alhambra hay una belleza que te hace olvidar la crueldad de la historia. «Me paseo por la Alhambra en una especie de embriaguez de la mirada tratando de absorber cada detalle. Prometiéndome que volveré».
Pamuk sabe trasladar sus emociones, contagiarlas al lector, hacer sentir que la novela lo es todo, no una parte del mundo, sino el mundo en sí. «No amamos los libros porque nos recuerden al mundo, sino porque hacen que lo olvidemos». La mayor felicidad es olvidarse en una novela. Vivir permanentemente con sus personajes». Pamuk es ese escritor poderoso y universal que sabe que el mundo no es otro que el que se lee en sus novelas. Y así es.
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