Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

El poso del fogonazo

El dramaturgo, actor y poeta Fernando Labordeta Blanco nos atraviesa con el poemario Estuvimos tan cerca

Fernando Labordeta.

Fernando Labordeta.

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Eduardo Boix

Eduardo Boix

En poesía existe una tradición de poemas largos que algunos autores llaman poemas‑río, y que, por su complejidad de ejecución, hacen que sean de las piezas más admiradas. Estas piezas poéticas deben tener una continuidad y una coherencia en el discurso para que el lector no se pierda, para que sepa descifrar las claves de ese texto. Existen muchos ejemplos de este tipo de obras: Altazor, de Huidobro; Espacio, de Juan Ramón Jiménez; Metropolitano, de Carlos Barral; Elegías de Bierville, de Carles Riba; Cuatro cuartetos, de T. S. Eliot; 1944 o Aullido, de Allen Ginsberg. Sé que me dejo muchos en el tintero, pero convertiríamos esta reseña en una sucesión de títulos. Muchos lectores admiran este tipo de poemas. Son como piezas que cuentan una historia, cuya complejidad no dejan que se queden en meros fogonazos.

Estuvimos tan cerca

Fernando Labordeta Blanco

Ilustraciones de Fran Ortega

Yeray ediciones

64 páginas, 15 euros

Estuvimos tan cerca, de Fernando Labordeta Blanco, publicado por Yeray ediciones con ilustraciones de Fran Ortega, bebe de aquella tradición. Este libro, dividido en una suerte de tres cantos, es como un aullido, un grito al mundo donde Labordeta hace una revisión a un tema tan poético como es el paso del tiempo. Fernando hace un repaso poético a aquello que parece que quedó tan lejano, pero que, en su memoria, está tan presente. El poemario empieza con una perfecta declaración de intenciones: «Ahora es el canto; son pájaros, desconozco sus nombres, / quién puso nómina a sus trinos. / A veces la melancolía es la propia tormenta / y no esos días en los que por fin vuelve / a reflejarse el sol en las charcas./ Quisimos asirnos al cielo/ que vendieron en los libros, en todos los púlpitos; / quisimos ser parte de ninguna parte. / Tanto por hacer, decíamos, / con la tarea por dogal / y un nudo eterno en la garganta».  

Estamos ante un poemario que te atraviesa como un puñal. Sientes la melancolía y la haces tuya. Labordeta consigue remover los cimientos emocionales del lector con un lenguaje culto y sencillo a partes iguales. Logra que te sumerjas en sus versos como un buzo buscando un tesoro. Esa poética del desarraigo es la que consigue ese tono melancólico de toda la obra. Fernando no hace concesiones, no deja que respires en la lectura de este poemario. El segundo canto es una muestra de ello: «Era la inocencia un relámpago, / una incierta cumbre nevada, / horas marchitadas / pudriéndose en las manos. / Nos llegaban los astros caídos, / buenas nuevas de otros mundos rotos / (hechos trizas), / invisible sedimento / que bebimos sedientos???».

Fernando Labordeta es un artista completo. Si fuera inglés y hubiera nacido en los años 60, sería un miembro de los Monty Python. Fernando, que también es dramaturgo, contiene esa mezcla entre Lubitsch y los Monty Python, mezclados con Berlanga o José Luis Cuerda. Toda esa coctelera hace que estemos ante, primero de todo, un dramaturgo divertido, mordaz, pero con una profundidad en los textos que provoca, al mismo tiempo, la carcajada y la reflexión. Sus textos son siempre un reflejo del tiempo que le ha tocado vivir, que, por desgracia para todos, está algo revuelto. Podríamos decir que estamos ante un John Cleese almeriense, tiene cierto parecido físico, sobre todo si se deja bigote, que sabe combinar muy bien el humor inteligente con la crítica política, la denuncia social y la mala leche, hablando claro. Es una suerte haber coincidido en el tiempo con una persona así. Estuvimos tan cerca podríamos decir que es la metralla de todo lo que es Fernando. Esas esquirlas que se adhieren a la ropa y nos dejan señales. Los últimos poemas son aquello que deja marca: «Volvamos sobre nuestros pasos, / venga -me decías-;/ somos Poseidón, la casa azul, / en sendero, el castillo, / el reino. / Volemos las cometas, / aún nos queda tiempo. / Volvamos, / regresemos. / La melancolía, / la tarde. / ¿Recuerdas?/ La nube,/ los dedos. / El rayo atravesado».

Tracking Pixel Contents