La solución al eterno conflicto de residuos en Tabarca mide 5 km a 11 metros bajo el agua
La Generalitat tiene ejecutada ya más de una quinta parte del emisario que cuesta 1,6 millones de euros desde la isla a Santa Pola - La infraestructura sustituirá a la depuradora que es insuficiente

Operarios ensamblan los lastres junto a la tubería antes de que entre al agua en la isla de Tabarca. | INFORMACIÓN / j.r.esquinas
Cuenta atrás para acabar con el eterno conflicto de residuos en Tabarca. La Generalitat ha ejecutado hasta principios de agosto una quinta parte de las conducciones submarinas de la isla a Santa Pola. En total serán 5 kilómetros de tuberías a una profundidad máxima de hasta 11 metros, por lo que el emisario permitirá transportar todos los desechos de un punto al otro para evitar los vertidos que afectan a la reserva natural.

Tuberías sobre el lecho marino ancladas por lastres de hormigón que irán de Tabarca a Santa Pola. | INFORMACIÓN / j.r.esquinas
La idea es que la isla sea capaz de bombear con garantías los residuos que generen los más de 150.000 de turistas que acuden en verano hasta llegar a Santa Pola, donde se depuran de media residuos para unas 44.000 personas.

Acopio de material para ejecutar el emisario junto a los antiguos astilleros Blasco. | ÁXEL ÁLVAREZ / j.r.esquinas
Es decir, Tabarca sustituirá su depuradora, insuficiente a todos los niveles, por una estación de bombeo desde donde puedan impulsarse todos los restos hasta la depuradora de Martínez Valero, en Santa Pola, donde además se van a realizar inversiones millonarias para preparar la infraestructura con tal de absorber la ingente cantidad de residuos que se esperan.

La solución al eterno conflicto de residuos en Tabarca mide 5 km a 11 metros bajo el agua / j.r.esquinas
Si bien, los trabajos están en su fase inicial para cumplir una de las principales metas: conectar bajo el agua ambos extremos.
La administración autonómica confía en cumplir los plazos y apunta a noviembre para finalizar esta primera fase, ya que el compromiso es que las actuaciones en tierra arranquen cuando acabe la temporada estival para no molestar a los bañistas.
Así las cosas, a finales de mayo empezó la preparación de unas obras que van a costar 1,6 millones y que requieren de minuciosas técnicas para asentar bien las conducciones, teniendo en cuenta que al mínimo error hay que dar marcha atrás.
Quiénes hayan paseado por Santa Pola este verano se habrán dado cuenta de que en la Playa de Varadero, cerca de las naves de Vatasa, se ha estado haciendo acopio de cientos de lastres de hormigón y tuberías de polietileno de alta densidad de 16 centímetros, elementos claves, tras obtenerse el permiso del Servicio Provincial de Costas de ocupación temporal.
Carlos Aliaga, ingeniero responsable de la conducción, narra que el proceso es tedioso « porque se trabaja en condiciones muy difíciles». Todo debe estar muy bien calculado ya que cualquier fallo en el posicionamiento de la tubería puede dar al traste con hora de trabajo. Luego hay que contar, además, con que el tiempo acompañe ya que el mar no puede estar agitado en el fondo, y por ello se ha realizando un calendario de días de fondeo.
Desde tierra los operarios van colocando los lastres primarios (pesos de hormigón de 75 kilos) mientras las excavadoras levantan la tubería, por columnas de 250 metros, que se lleva flotando y llena de aire. Desde una barca, entonces, se va introduciendo en el mar.
En el puerto se va sumergiendo la tubería y cuando se consigue la posición exacta a través de posicionamiento GPS se fondea. A través de lastres, técnicamente llamados secundarios, se logra anclar al lecho marino. Y ahí es donde entran en escena los buzos especialistas en estas obras de ingeniería marítima para completar una fase que nadie ve y que resulta imprescindible.
Las tuberías ya se están colocando en el canal, que es el espacio entre la isla y la península. Según Aliaga, la posibilidad de rotura es casi inexistente, no sólo por el material de la conducción si no porque «está muy lastrada», ya que se han fabricado unos 4.000 pesos, que vienen a ser una especie de anillos en dos partes.
Juan Ángel Conca, gerente de la Entidad de Saneamiento de Aguas (EPSAR), organismo dependiente de la Conselleria de Transición Ecológica y responsable del proyecto, entiende que estas reivindicadas actuaciones, que han llevado 18 años de tramitación, al final son «el triunfo de un esfuerzo colectivo porque hemos puesto de acuerdo a tres ministerios, dos consellerias y dos ayuntamientos y es una obra de solidaridad con Tabarca y un nuevo futuro para la isla para que sea sostenible medio ambientalmente y que ni un residuo vaya al mar».
Tal y como refiere Conca, en cerca de dos décadas se han tenido que realizar consultas a más de una decena de organismos y tramitar los informes favorables de siete administraciones. Reconoce que la parte más dificultosa, por encima del reto técnico, «ha sido la tramitación administrativa que ha puesto de acuerdo a administraciones ambientales, pesqueras, universitarias e incluso militares».
Haciendo un repaso, se han recabado informes favorables de, entre otros, la Comandancia Militar de la Marina, la Capitanía Marítima, la Dirección General de Recursos Pesqueros y Acuicultura, la Comisión Técnica de la Reserva Marina de la isla de Tabarca y los servicios autonómicos de Ordenación del Medio, de Biodiversidad y de Pesca. Al hilo, también obtuvo el apoyo académico, según el representante de la EPSAR, de la Unidad Biológica Marina de la Universidad de Alicante que, una vez valorada la propuesta de conexión, la calificó como «la más viable entre todas las estudiadas» y la «medio ambientalmente más favorable», argumentos todos ellos decisivos para recibir el visto bueno de los Ayuntamientos de Alicante, en cuyo término municipal se sitúa Tabarca, y Santa Pola, que alberga la estación depuradora más cercana a la isla. A través de la Orden Ministerial del pasado 20 de marzo se autorizó el inicio de los trabajos .
A pesar de las recientes críticas de colectivos ecologistas sobre la posible afectación del entorno natural por lastrar las conducciones, desde la EPSAR inciden en que la repercusión sobre el ecosistema «será mínima puesto que el Instituto de Ecología Litoral ya evaluó que las praderas de Posidonia oceánica no se verán afectadas gracias al trazado propuesto».
A finales de enero Mireia Mollà, consellera de Transición Ecológica, y representantes de la EPSAR concretaron con la alcaldesa de Santa Pola, Loreto Serrano, los últimos detalles ya que la localidad e beneficiará de renovadas infraestructuras de saneamiento.
Ya entonces la representante autonómica resaltó que con este paso «culmina un proceso de reivindicación histórica de mejoras que necesita Santa Pola, que han sido puestas encima de la mesa y aceptadas por la Generalitat».
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