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Perfil

El último símbolo de la derecha que un día se unificó en Benidorm

Sin Gema Amor desaparecen de escena los restos del frente con que Zaplana y Pérez Devesa lograron doblegar al PSOE

Gema Amor, en una imagen de 2015. DAVID REVENGA

Benidorm es una ciudad de clanes. Eduardo Zaplana, un joven abogado que a comienzos de 1991 atesoraba como único mérito para estar en política ser el yerno del senador Miguel Barceló, se reunió un día de aquel año con Vicente Pérez Devesa, líder absoluto de la derecha local y de su propio clan, y enemigo sin tregua del senador. En nombre de un PP en minoría que inexplicablemente era incapaz de dar el sorpasso al PDP de Pérez Devesa, Zaplana, luego alcalde, espetó a quien más tarde entregó el relevo de la vara de mando: «Vicente, si no nos unimos no hay forma de ganar al PSOE».

De aquella conversación, que en verdad trataba de reunificar al centro derecha del «poble», se firmó una pax romana entre zaplanistas y pérezdevesistas que duró años y alejó a los socialistas de la Alcaldía hasta 2009. El hombre más fiel a Pérez Devesa resultó ser José Amor, concejal de Hacienda, de Cultura y de alguna cosa más. Entre todos dejaron el camino expedito a la hija de Pepe, tutelada por Zaplana, heredera natural de los dos clanes y llamada en nombre de ambos dirigentes a dirigir el partido y a comandar la Alcaldía.

El enfrentamiento de Camps con su antecesor en la Generalitat cortó las alas a Gema Amor (Benidorm, 1972), y aun siendo la presidenta local del PP de Benidorm y atesorar más apoyos que nadie, el campismo la condenó y se la quitó de en medio. Como consecuencia del putsch, minutos antes de la medianoche de mayo de 2011 en que los partidos debían presentar sus listas en la Junta Electoral, Gema escenificó la ruptura de lo que tantos años había costado consolidar. Amor presentó su candidatura. La paz se había acabado. El PSOE volvió al Gobierno.

Trabajadora 24 horas al día, pertinaz gobernanta de su grupo, esclava de sus decisiones y, sobre todo, con tres concejales, se dejó querer por quienes un día fueron los suyos para hacerles pensar que podrían seguir gobernando y evitar que el socialista Agustín Navarro se convirtiera en alcalde. De nada sirvió al PP que a pesar de estar ya en otro partido, Zaplana y su clan siguieran apoyándola. Resolvió su venganza en plato frío y entregó a los socialistas la vara de primera autoridad. Aquel día, la derecha de lo que un día fue bastión conservador regresó al año 91. Aún no se ha recompuesto.

Sin pedigrí de benidormera (su padre llegó de adulto a Benidorm desde un pueblo de Guadalajara), es tan del poble como la patrona, la Virgen del Sufragio, de la que es devota. Sabe cómo piensa, cómo actúa y cómo desenvolverse en ese «lobby» de benidormenses de pura sangre que quita y pone alcaldes. Es una más entre ellos.

Del zaplanismo ha heredado la visión política y el régimen castrense de su forma de dirigir a su gente. Ella manda. Sólo ella manda. De su padre conserva la fidelidad a la gente a quien ha sido fiel desde los comienzos; y de Vicente Pérez Devesa mantiene una capacidad de análisis y resolución de la que pocos políticos pueden presumir. De todos ellos aprendió.

Pactó con los socialistas, y en tiempos de estridencias jamás salieron a relucir disrupciones ideológicas con sus socios de gobierno que pusieran en peligro la Administración del Ayuntamiento.

Salvando cuestiones irreversibles, la enfermedad la ha afectado donde más daño puede causarle. Gema vive de hablar. Es el símbolo de lo último que queda de aquella reunificación histórica de la derecha de Benidorm, y si ha sobrevivido es gracias al habla. Comienza a conversar con vecinos de la Huerta al arrancar la mañana y acaba el día en el casco antiguo con sus amistades de toda la vida. Gema habla y no para. En los plenos, en las Corts cuando era diputada y consellera, en la calle, en los medios, ahora en la Cámara de Comercio, con su hija Pepa, con su pareja, Carlos Baño.

La dirigente política que ha hecho de la perseverancia y la vehemencia su signo más reconocible, se ha quedado sin voz. Quieran sus amigos que la recupere pronto. Quiéranlo sus enemigos, que los tiene, más en el PP que en toda la izquierda. Estarán tranquilos hasta que regrese a la arena, aunque ya les digo (y ellos lo saben): sin Gema Amor se van a aburrir.

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