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«Por siempre agradecidos»

Más de cuatro décadas después de la conocida como «crisis del agua» de Benidorm, la Fundación Frax reúne a los protagonistas de la «crisis del agua» de 1978.

Brindis con copas de agua de los cinco protagonistas tras la reunión organizada por la Fundación Frax 41 años después.

Brindis con copas de agua de los cinco protagonistas tras la reunión organizada por la Fundación Frax 41 años después. información

Más de cuatro décadas después de la conocida como «crisis del agua» de Benidorm, la Fundación Frax ha sentado alrededor de una mesa a los protagonistas de una crítica faceta de la vida local y comarcal que casi todos en la villa turística guardan en su recuerdo. El alcalde de Benidorm en 1978, Rafael Ferrer Meliá; su homólogo de Beniardá, César Vicedo, y el geólogo José Luis Hervás, fueron protagonistas indiscutibles de una etapa, corta pero intensa, que hizo temblar los cimientos del turismo de la Costa Blanca. La sequía era de tal envergadura que el ministro de Turismo llegó a proponer «cerrar» Benidorm al paso de turistas por «riesgo sanitario». Por fortuna, un geólogo llegado de Alicante señaló en Beniardá, montaña arriba, el lugar donde calculaba podía haber una bolsa de agua potable capaz de solventar el problema para siempre. Y acertó.

La cita fue en el Restaurante «Ca Rafel» de Benimantell en la primera semana de septiembre, justo la fecha en que, 41 años antes, se festejó con otro almuerzo la búsqueda, localización, perforación y afloramiento del mayor acuífero de la comarca de La Marina Baixa, en terrenos de Beniardá, que puso fin a una sequía extrema que amenazaba con destruir la economía del ya mastodonte del turismo, Benidorm, y por efecto dominó del resto de la zona.

Algunos de los invitados al encuentro llevaban desde 1978 sin verse, y el presidente de la Fundación Frax, Matías Pérez Such, determinó la conveniencia de juntar a los principales protagonistas de aquella crisis del agua potable que llenó portadas de la prensa nacional e internacional y abrió informativos de todas las cadenas de televisión. Benidorm no tenía ni gota de agua, y aquel verano fue necesario recurrir a buques cisternas para trasladarla desde Alicante.

Aquella situación movilizó al Gobierno de Adolfo Suárez, al Ejército y a todas las administraciones por entonces operativas. El descubrimiento de los acuíferos de Beniardá, que todavía hoy abastecen a la comarca, supuso un balón de oxígeno. Poco después se supo, nada menos, que serían la salvación definitiva. Como diría Escarlata O'Hara, Benidorm jamás volvería a pasar sed.

Buen tino

El geólogo José Luis Hervás tenía entonces 29 años, trabajaba para la compañía Aguas de Alicante y llevaba años recorriendo montañas y estudiando la orografía de La Marina Baixa para determinar dónde podría localizarse algún acuífero capaz de suministrar agua a un Benidorm que crecía imparable, y hacía crecer al resto de la comarca. La escasez de recursos era endémica, todos sabían que la crisis era cuestión de tiempo, y llegó en el verano de 1978.

«Cuando se movilizaron varios ministerios y administraciones públicas nosotros nos apartamos porque aquello eran palabras mayores...», recuerda Hervás. «Pero pronto nos llamaron para que indicáramos a los técnicos del Instituto Geológico Minero llegados de Madrid por dónde debían empezar. Estaban absolutamente perdidos, no conocían el territorio y fallaban en todos los sondeos».

José Luis Hervás, con 70 años recién cumplidos, tenía un trabajo previo bien hecho, y aunque no existía certeza científica alguna, estaba convencido que la montaña de Beniardá escondía agua buena y en abundancia.

«Teníamos que perforar en sitios que no afectaran a los acuíferos que nutrían a otras poblaciones de la montaña y, además, el Gobierno nos dio la orden de ser discretos y evitar especulaciones con los terrenos».

Precisamente para evitar esa especulación, el geólogo y su cuadrilla dejaron en casa el uniforme de Aguas de Alicante para no levantar sospechas y evitar ser identificados. «Determiné el lugar en el que quería pinchar, localicé al propietario del terreno y apalabré personalmente la compra de su parcela en la montaña por 70.000 pesetas (421 euros actuales). Le dije que me quería construir un refugio de montaña, y al día siguiente firmamos la operación con una entrada de 200 pesetas, un euro con veinte céntimos de ahora, en papel timbrado que encontramos en el estanco del pueblo. El terreno ya era nuestro y podían arrancar los trabajos».

Hoy, esos terrenos y otras parcelas adquiridas con posterioridad son propiedad del Ayuntamiento de Benidorm, aunque la gestión de las instalaciones de canalización del agua corresponde directamente al Consorcio Comarcal de Aguas de la Marina Baixa.

Como invitado excepcional al encuentro estaba el actual alcalde de Benidorm, Toni Pérez, que no quiso perderse la oportunidad de conocer «al geólogo que salvó a Benidorm de su peor crisis», ni a los alcaldes que lo hicieron posible.

El munícipe benidormí recuerda aquella sequía. «Yo tenía 10 años, y mis padres me enviaban al Parque de Elche a recoger agua de las cubas que abastecían a la población». «En esta comarca hemos hecho de la carencia una virtud. Hoy, 41 años después, en Benidorm consumimos la mitad de agua que en 1978, pese a tener el doble de población y el triple de turistas, porque hemos hecho un trabajo magnífico de aprovechamiento máximo de los recursos y reutilización de aguas depuradas. Hemos completado el ciclo de agua de forma ejemplar, y eso se reconoce hasta en el extranjero».

«Haríamos lo mismo una y otra vez»

«Ese gesto de Beniardá y de su alcalde salvando tantas vidas jamás lo olvidará Benidorm», dice Rafael Ferrer

Los dos hombres que en 1978 dirigían los ayuntamientos de Benidorm y Beniardá, Rafael Ferrer Meliá y César Vicedo, tuvieron mucho que ver en que se obrara el milagro. El primero llamó al segundo, le contó su desesperación y la de su pueblo ante la carencia de agua, y el segundo convenció a sus concejales para que se pudiera perforar? «a ver si había suerte».

«Haría lo mismo una y otra vez. Un pueblo vecino tenía un problema muy gordo, y la solución podía estar en Beniardá. ¿Cómo negarse? Les salvamos la vida, y eso es gratificante». Vicedo tiene hoy 82 años, y cuando estalló la crisis apenas 41. «Ese gesto de Beniardá y su alcalde jamás lo olvidará Benidorm», tercia Rafael Ferrer Meliá, que a sus 78 años asegura que «nunca agradeceremos bastante la solidaridad que demostraron».

Y es que, ciertamente, aquel permiso para perforar fue absolutamente gratuito. Benidorm no tuvo que pagar nada a Beniardá, aunque desde entonces colabora con el pueblo en la celebración de sus fiestas mayores, con una subvención nominativa que se aprueba, concede y entrega cada año. «Pero sabemos que siempre estaremos en deuda con Beniardá, y que ahí estará Benidorm cuando tenga problemas».

Poco después de que los pozos estuvieran a pleno rendimiento, el Ayuntamiento de Benidorm decidió un cambio en su callejero: la hasta entonces «Carretera de Pego», que enlazaba con los pueblos de la montaña, pasó a denominarse «Avenida de Beniardá».

Excepcional

Para José Luis Hervás, el almuerzo que reunió a los protagonistas de esta parte de la historia de la comarca fue especialmente emotivo. «A lo largo de mi vida he trabajado para muchas empresas importantes y con mucha gente. El 99% de los que han sido mis jefes no recuerdan hoy ni mi nombre, y que después de 41 años me llamen para este encuentro es excepcional y emotivo».

Quizás la clave la aportó Matías Pérez Such al final del almuerzo. «La Marina Baixa tiene muy enraizado el sentimiento de comarca, y creo que la crisis del agua y su resolución en 1978 es el mejor ejemplo de ello».

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