La provincia por barrios
La Cala, un remanso de paz al lado del bullicio
Su origen data del año 1960, pero el crecimiento demográfico y urbanístico se ha registrado desde 1990. Vive gente trabajadora que huye del ajetreo que acompaña al turismo en el centro

La Cala, un remanso de paz al lado del bullicio
A. AGULLÓ
«Me voy a Benidorm. Cuando alguno de los vecinos emplea esa frase, me hace mucha gracia y, siempre respondo... ¿es que dónde vives? La Cala es Benidorm». Así resume, en dos palabras, la esencia de este barrio Antonio Avío, de 63 años, que reside en La Cala desde hace 27 años, presume de barrio y además ha presidido hasta el pasado mes de abril la Asociación de Vecinos de La Cala, una zona residencial, tranquila, ubicada en la zona de poniente de la ciudad. En dirección a La Cala se expandió Benidorm cuando el área de Levante ya no podía crecer más hacia el cielo.
Poblado principalmente por familias que, huyendo del ajetreo y bullicio del centro se decantaron por un lugar de paz y tranquilidad, La Cala es también un distrito de segunda residencia para personas de diferentes puntos de la provincia de Alicante y de España. Al lado del mar, con el islote de Benidorm en el horizonte y pinadas y zonas verdes, es la antítesis de una ciudad que no duerme, de una ciudad repleta de turistas todos los días del año, de una ciudad cosmopolita, de un gigante del turismo.
Una calle, otro municipio
«Hay que tener en cuenta que en este punto geográfico pertenece a tres municipios, Benidorm, La Vila Joiosa y Finestrat, por lo que, en más de una ocasión hemos tenido que lidiar con tres ayuntamientos para conseguir servicios y dotaciones. Aquí cruzas una calles y cambias de municipio. Al estar alejados del centro de Benidorm, nos hemos sentido olvidados y marginados hasta el punto de pensar muchas veces que deberíamos tener Ayuntamiento propio», añade, entre risas, Antonio Avío.

La Cala, un remanso de paz al lado del bullicio
«Hay que reconocer que en los últimos años, por suerte, nos han hecho caso y hemos logrado muchas mejoras para nuestro barrio; mejoras que son el resultado haber peleado durante años con los diferentes gobiernos locales de la ciudadd, con independencia de su color polítco», agrega Avío, que he presidido una de las dos asociaciones de vecinos del barrio durante 20 años; en concreto hasta el pasado mes de abril.
Casas y campos de olivos
La fisonomía de La Cala hoy en día es la de un barrio en el que predominan torres de edificios residenciales, con piscina y zonas comunes, y que cuenta con dos colegios, La Cala y El Murtal, y una instituto, el IES Mediterránea además de parques infantiles así como zonas verdes, otra para practicar deporte, parque canino y hasta un campo de golf, de carácter privado. Tienen también extensión administrativa propia, ambulatorio así como centro social y retén de Policía Local. Pero? ¿cómo era antes del desarrollo urbanístico? «Esta zona de La Cala estaba prácticamente despoblada hasta finales del siglo XVIII, porque no llegaba el agua de riego. En los siglos XIX y XX se construyeron algunas fincas, que estaban rodeadas de campos de olivos. Es decir, un paisaje que no tiene nada que ver, obviamente, con el de hoy, porque se ha desarrollado y crecido muy, muy rápido, pasando de los campos de cultivo de secano al desarrollo urbanístico. La creación del barrio como tal tiene lugar entre los años 1958 y 1960, pero su crecimiento se produce en los últimos 30 años», explica el historiador Paco Amillo, que es miembro de la l'Associació d'Estudis de la Marina Baixa.
«Hay que tener en cuenta -recuerda- que la orografía de poniente en Benidorm no tiene nada que ver con la de levante; es mucho más complicado construir y urbanizar La Cala, al tener una orografía más accidentada. La ciudad crece hacia poniente por la falta de espacio, pero ha costado mucho construir allí. Actualmente es muy difícil reconocer el paisaje natural de La Cala antes del boom turístico de mediado del siglo XX; de hecho, quedan pocos elementos visibles de sus rasgos más significativos como la Torre vigía de Morales o el Tossal de la Cala», señala.

La Cala, un remanso de paz al lado del bullicio
Precisamente en el Tossal de la Cala, uno de los yacimientos arqueológicos de la ciudad, del siglo I antes de Cristo, se está llevando a cabo intervención de envergadura que, además de la excavación en sí, supondrá la musealización del «castellum» romano, convirtiéndolo en atractivo turístico de la ciudad.
Del hotel Delfín al Bali
En la playa de La Cala están también el hotel Delfín, el establecimiento de lujo de Benidorm por excelencia durante muchos años y un símbolo de la ciudad, y el Hotel Bali, otro icono de la capital del turismo de la Costa Blanca. Al lado del hotel Delfín y, como consecuencia de la presión urbanística en la zona, se está levantando la «Delfin Tower». Se trata de un rascacielos con forma de vela de barco, con 22 plantas y 44 viviendas, que representa el tipo de apartamento del lujo que se está construyendo en esta zona de la ciudad y que, sin duda, cambiará tanto el aspecto del barrio.
Un tipo de edificación que no convence a los vecinos y no sólo por las molestias de las obras. «Éste es un barrio cercano, familiar, todos nos conocemos. No es como el centro de Benidorm, es todo lo contrario, parece un pueblo, la zona de poniente es otro mundo, un remanso de paz. De hecho, en los años 90 en La Cala había muy pocos edificios y todavía se veía campo; ahora hay más pisos, pero sigue siendo muy tranquilo», explica Teresa Garrido, presidenta de la asociación de vecinos MontBenidorm.

La Cala, un remanso de paz al lado del bullicio
«La Cala no debe perder su encanto, esa paz que la caracteriza; por eso, el tipo de edificación de ahora, de pisos de lujo, muy, muy caros, no nos gusta. No queremos que se explote el terreno urbanísticamente porque, lógicamente, dejaríamos de disfrutar de la paz y la tranquilidad de ahora». Edificios como «Delfin Tower» o «In Tempo», también en poniente, son dos claros ejemplos de torres de apartamentos de lujo destinados a un compradores de un poder adquisitivo medio-alto, alto o muy alto. Nada más lejos de la realidad de las familias que viven en La Cala. «Nosotros somos trabajadores; gente que huye del ajetreo de Benidorm y nos encanta el barrio tal y como está ahora; aún conserva riachuelos, la pinada del Murtal o las acequías; todo ello es parte de su personalidad», matiza Teresa Garrido. «Aquí todas y cada uno de los logros para el barrio son fruto de años y más años de la lucha y la insistencia por parte de los vecinos; al estar alejados del centro,nos ha costado mucho que nos hagan caso pero La Cala se ha movido, se mueve y lo seguirá haciendo», concluye.

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