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Benimantell se llena de sabor con la XI Semana de L’Olleta de Blat

Del 15 al 23 de noviembre, siete restaurantes del Valle de Guadalest celebran la tradición con menús únicos que rinden homenaje a la cocina de montaña

L’Olleta de Blat se elabora con trigo, legumbres, embutidos y verduras.

L’Olleta de Blat se elabora con trigo, legumbres, embutidos y verduras.

Enclavado en el Valle de Guadalest, Benimantell se prepara un año más para rendir homenaje a uno de sus mayores tesoros culinarios: L’Olleta de Blat, plato que resume la esencia de la montaña alicantina y que protagoniza la XI Semana Gastronómica, del 15 al 23 de noviembre. Durante nueve días, este pequeño y encantador pueblo de la Marina Baixa se convertirá en punto de encuentro para los amantes de la cocina tradicional, el paisaje y las experiencias con alma.

Participar en estas jornadas es mucho más que sentarse a la mesa: es una forma de saborear la historia y la identidad de un territorio que ha sabido mantener vivas sus raíces. L’Olleta de Blat, elaborada con trigo, legumbres, embutidos, verduras y el inconfundible toque de paciencia de la cocina de antaño, es el hilo conductor de unos menús que reinterpretan la tradición con el sello propio de cada restaurante participante.

Los locales participantes, que en esta edición son Venta La Montaña, Trestellador, Ca Rafel, Rincón de Pepe, Ponsoda, Sonia L’Obrer y ConTemple-Vivood, ofrecen propuestas que van desde la pureza del recetario más clásico hasta versiones contemporáneas que sorprenden por su elegancia y creatividad. Acompañan la olleta entrantes de temporada, productos locales como el «espencat», los embutidos artesanos del Valle de Guadalest, las setas de otoño o el queso de cabra con miel, y postres caseros que recuerdan a las sobremesas de los pueblos de interior.

Además del atractivo gastronómico, Benimantell es una joya rural que invita a recorrerla sin prisas. Sus calles empedradas, sus vistas al imponente castillo de Guadalest y el entorno natural que lo rodea —un mosaico de bancales, almendros y olivos— hacen que cada visita se convierta en una escapada perfecta para desconectar. En noviembre, el valle se tiñe de tonos ocres y dorados, creando el marco ideal para disfrutar de una comida de montaña al calor de una chimenea o en una terraza soleada.

Estas XI jornadas son también una oportunidad para descubrir la hospitalidad de su gente, su cultura agrícola y el respeto por los productos de la tierra. No hay mejor plan para el otoño que perderse entre los aromas de los guisos tradicionales y el aire limpio de la sierra.

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