"Los medicamentos no son productos de consumo, requieren rigor"
El farmacéutico de Confrides, César Pla, nominado a Joven Promesa de Excelencia Farmacéutica, defiende la ruralidad como forma de ejercer una farmacia más humana y de servicios sanitario

César Pla, en su farmacia en Confrides donde usa la cercanía y trata de mejorar la vida de sus pacientes. / INFORMACIÓN
Parece que este joven farmacéutico sabía adónde iba y no temió llegar a Confrides para regentar una farmacia en el medio rural. Lo que a primera vista tiene limitaciones profesionales ha sido aprovechado por César Pla para aplicar el método a la práctica, es decir, conocer a los pacientes y atenderlos con empatía. Y esta funcionalidad le ha llevado a ser nominado como Joven Promesa en la III edición de los Premios de Excelencia Farmacéutica.
“Una visión moderna de la farmacia rural” es uno de los sustentos para esta nominación que César recibe extrañado en el convencimiento de que su trabajo responde a una triple exigencia cuyo primer compuesto es “una excelencia para trabajar con el mismo nivel de exigencia viva donde viva”.
Compromiso con los pacientes
Este condicionante convive con la innovación, “adaptar la farmacia rural a la digitalización, la educación en salud o las rutinas personalizadas”; y un compromiso que “nace del vínculo con mis pacientes”.
Todo ello implica para el farmacéutico conocer las necesidades y preocupaciones, actuar a tiempo y “una intención clara de mejorar la vida de las personas que tengo delante”.
La fórmula es sencilla, pero no es conjunta en esta profesión muchas veces mercantilizada y que para este boticario supone defender “un espacio donde se ejerce el criterio sanitario, donde se frena el consumo innecesario y se educa”.
Pero él no se escabulle cuando se le habla de la proliferación de farmacias-supermercado y recuerda que “los medicamentos no son productos de consumo; son herramientas terapéuticas que requieren rigor y acompañamiento. Por eso, el farmacéutico actual debe ser un profesional que combina ciencia, ética y cercanía, actuando como referente de salud en un sistema cada vez más tensionado”.
Hago una vigilancia discreta sin invadir la autonomía de los pacientes, y este es uno de los mayores valores de la farmacia rural
César actúa en consecuencia y conoce las necesidades y circunstancias de vida de sus usuarios muy de cerca mediante conversaciones en las que atrapa algún síntoma o con labores que van más allá de su local.
Como cuando llama a algún paciente para ayudarle con la ordenación del pastillero.
“Hago una vigilancia discreta, sin invadir su autonomía y este es uno de los mayores valores de la farmacia rural”.
Hay dos casos muy ilustrativos que demuestran su pericia y preocupación. Uno ocurrió cuando se dio cuenta de las alucinaciones que tenía un vecino a causa de la ingesta de tramadol, una situación que de manera probable hubiera pasado desapercibida en otro lugar.
Otro hecho fue el de una vecina que tenía sueños muy vívidos, casi pesadillas, tras iniciar la toma de atorvastatina. “Lo mencionó en la farmacia en una conversación casual, y esto permitió actuar con rapidez”.
Nacido en Tibi, estudió Farmacia en la Universidad Miguel Hernández (UMH) y se especializó en Dermofarmacia y Cosmética (UMH) y en Ortopedia (UNIR). Actualmente es profesor del Máster de Dermofarmacia y Cosmética de la UMH.
Docencia y divulgación
Hasta rompe cánones de profesionales que siguen la estela generacional de progenitores y se siente orgulloso por ello. “Soy la primera generación farmacéutica de mi familia, lo que me ha permitido construir un camino muy propio, combinando ruralidad, dermofarmacia, docencia y divulgación”.
Puede que por ello hable con más libertad del significado que tiene hoy la industria farmacéutica que cuestionamos como más orientada a vender que a curar. Para él, la industria es necesaria y genera avances imprescindibles, “pero creo que debemos conectar mejor la industria con la oficina de farmacia, trabajar más alineados y compartir información de manera más práctica y clínica”.
Sobre las dispensaciones en los locales que ofrecen productos en estantes vistosos y repletos que pueden solucionar todos los problemas vitales, su modo profesional es antagónico y recalca que “la farmacia comunitaria no puede convertirse en un comercio. Somos un servicio sanitario. Nuestra función es poner criterio, educar, evitar interacciones, detectar efectos adversos y promover el uso racional del medicamento y desde luego, vender no puede ser el centro de la profesión”.
Hay una tendencia creciente a medicalizar la vida cotidiana, lo que se conjuga con malos hábitos y eso se refleja en la salud y en el consumo de medicamentos
También le cuestionamos si cada vez estamos más enfermos dado el aumento de consumo de medicinas. Para Pla es consecuencia de que nuestra vida es más larga “y eso implica más enfermedades crónicas”. A lo que se añade que “hay una tendencia creciente a medicalizar la vida cotidiana, lo que se conjuga con malos hábitos como el sedentarismo o falta de sueño; no estamos peor que nunca, pero sí más descompensados y eso se refleja en la salud y en el consumo de medicamentos”.
En una pequeña comunidad que no llega a los 300 habitantes los farmacéuticos han tenido un rol fundamental y sustituyen a los médicos, algo que en Confrides es especialmente evidente “porque el médico sólo viene dos veces a la semana, insuficiente para las necesidades del pueblo. Yo siempre digo que no sustituyo al médico, pero tengo la suerte de trabajar con una médica de atención primaria excepcional, con una coordinación muy fluida”.
Aquí el farmacéutico actúa como primer filtro sanitario y junto a la médica valora síntomas, “detectamos señales de alarma y decidimos cuándo derivar a la vez que aclaramos dudas de tratamientos”.
Y en este aspecto, César asume un papel tradicional de la farmacia rural socializada al máximo pero con excelencia e innovación aunque con el compromiso de antaño y la implicación del joven farmacéutico.
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