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Benidorm, un laboratorio mundial de gestión del agua

Benidorm pasó de la crisis hídrica de 1978 a un sistema con un 95 % de eficiencia, sostenido por innovación, reutilización y una planificación que marca tendencia

El ciclo del agua en Benidorm es un sistema pensado para optimizar cada gota desde su captación hasta su devolución al entorno.

El ciclo del agua en Benidorm es un sistema pensado para optimizar cada gota desde su captación hasta su devolución al entorno. / INFORMACIÓN

Miriam Vázquez

Miriam Vázquez

En Benidorm, hablar de agua es hablar de identidad. La ciudad que hoy tiene una de las gestiones hídricas más eficientes, nació de una crisis que marcó su rumbo. En 1978, una sequía puso al límite el suministro y dejó claro que el futuro del destino turístico dependía de aprender aquella lección. Desde entonces, Benidorm convirtió la necesidad en estrategia, y la estrategia en virtud. Casi cinco décadas más tarde, ese giro ha situado al municipio como referente nacional e internacional en gestión del agua, con un modelo que combina tecnología, planificación y una inversión continuada junto a su socio tecnológico Hidraqua.

Benidorm entendió antes que la mayoría que el agua es el verdadero motor de un destino turístico. No solo hace posible la vida cotidiana. Sienta las bases de un modelo urbano basado en la estacionalidad, los hoteles al máximo rendimiento y una ocupación que multiplica la población en determinados meses del año. Para soportar ese ritmo, la ciudad apostó por un sistema de gestión que hoy alcanza una eficiencia del 95 %. La cifra contrasta con el promedio español, en torno al 70 %, y explica por qué Benidorm aparece en informes técnicos como ejemplo de sostenibilidad aplicada al ciclo integral del agua.

Modelo eficiente y sostenible

El ciclo del agua en Benidorm es algo más que un conjunto de infraestructuras. Es un sistema pensado para optimizar cada gota desde su captación hasta su devolución al entorno. El modelo se articula en cuatro ejes: una captación y distribución eficiente, un tratamiento avanzado de aguas residuales, un uso intensivo de la innovación y una estrategia de reducción permanente del desperdicio.

La ciudad obtiene agua de varias fuentes, lo que le da flexibilidad en momentos de escasez. Combina embalses, acuíferos y, en episodios de sequía, el apoyo puntual de la desalación. La gestión del agua potable está en manos de Hidraqua, que ha impulsado un sistema de suministro donde las fugas se han reducido al mínimo. La red opera con un rendimiento del 95 %, lo que en la práctica significa que casi toda el agua que entra en el sistema llega al usuario. Este nivel de eficiencia es poco habitual incluso en países con tradición avanzada en gestión hídrica.

El esfuerzo se nota en los resultados. En los últimos 25 años, Benidorm ha reducido su consumo de agua en un 18 %. Lo llamativo es que ese descenso se ha producido mientras la población ha crecido un 40 % y las pernoctaciones hoteleras han aumentado un 26 %. La ciudad recibe a más visitantes, pero consume menos. La explicación es el uso de sensores inteligentes que monitorizan el flujo en tiempo real, detectan fugas, ajustan presiones y permiten que el sistema reaccione de forma automática ante cualquier incidencia.

En los últimos 25 años Benidorm ha reducido su consumo de agua en un 18 %

Economía circular

Otro de los pilares del modelo de Benidorm es la reutilización del agua depurada. Aquí la ciudad ha dado un salto que muchos municipios empiezan ahora a estudiar. El 37 % del agua tratada en la depuradora se reutiliza para riego de jardines, limpieza de calles y mantenimiento de zonas verdes. La práctica permite ahorrar agua potable y cerrar el ciclo de forma más sostenible.

La reutilización también se extiende a la agricultura. Parte del agua tratada se destina al riego de cultivos en la comarca, algo que ayuda al sector agrario y reduce la presión sobre los recursos hídricos naturales. El proceso de depuración incorpora además una planta de producción de biogás que aprovecha los lodos generados y los transforma en electricidad. Esta energía se usa para distintos servicios municipales y mueve una pequeña flota de seis vehículos del Ayuntamiento. Es un ejemplo de cómo un sistema de saneamiento bien planteado puede producir beneficios ambientales y económicos al mismo tiempo.

Benidorm ha avanzado también en la separación de redes: abastecimiento, residuales, pluviales y regenerada. Aunque el sistema no cubre todavía todo el municipio, la parte ya ejecutada facilita el tratamiento, evita sobrecargas en episodios de lluvias intensas y mejora la eficiencia general del ciclo del agua.

El cerebro tecnológico: Dinapsis

Si hay un elemento que explica la posición de liderazgo de Benidorm, es Dinapsis Operation and Lab. Este centro de control funciona como el cerebro del sistema hidráulico de la ciudad. Desde allí se monitoriza en tiempo real el consumo, la calidad del agua y cualquier incidencia que afecte al suministro. El centro utiliza algoritmos capaces de anticipar fugas antes de que sean visibles, generar alertas preventivas y priorizar intervenciones.

Dinapsis incorpora también cámaras robotizadas para el análisis del alcantarillado, algo que reduce los atascos y la acumulación de residuos. Además, el sistema elabora predicciones de vulnerabilidad que identifican tramos de tubería con riesgo de rotura. Con esta información, el Ayuntamiento y Hidraqua planifican renovaciones y actuaciones preventivas que evitan problemas antes de que aparezcan.

El centro trabaja con modelos de previsión climática que permiten activar planes contra sequías y episodios extremos. En una ciudad turística, la anticipación es clave.

Resultados que hablan solos

La implantación de tecnología avanzada ha tenido efectos medibles. Uno de los más destacados es la reducción del 700 % en los picos de demanda durante la temporada alta. Gracias al control de presión y al suministro optimizado, el sistema mantiene la estabilidad incluso cuando la ciudad roza la ocupación máxima. También se ha logrado reducir el consumo energético asociado al bombeo y la distribución, lo que refleja una gestión más inteligente y un menor impacto ambiental.

Benidorm ha construido una estrategia que mira hacia el futuro, consciente de que el agua será uno de los grandes retos. La ciudad demuestra que un destino turístico puede crecer sin comprometer sus recursos, siempre que se apueste por la innovación, la planificación y una inversión constante. El camino que empezó en 1978 se ha convertido en un ejemplo para otros municipios. Y confirma que, a veces, una crisis es el inicio de una transformación profunda.

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