Relleu celebra su fiesta más arraigada: Sant Antoni del Porquet
El sábado 17 de enero el municipio vivirá la vigésimo sexta edición de la “Matança del Porc”
Durante todo el día se podrá disfrutar de actividades para todos los públicos, desde paraetes y pasacalles de dulzainas hasta tardeo, juegos infantiles y la degustación de olleta y productos típicos
La plaza de Relleu se llenará de ambiente desde primera hora de la mañana. / INFORMACIÓN
En enero de 2026, Relleu celebra la vigésimo sexta edición de la “Matança del Porc”, dentro de la festividad de Sant Antoni. Como si fuese cosa de los hados del destino, este año coincide el día del santo protector de los animales (17 de enero) con el sábado, el día más lúdico de la semana que, además, nos brinda el domingo para poder descansar antes de ir el lunes a trabajar.
Así que este año está todo “de cara” para que podamos disfrutar más que nunca de una tradición nacida de dos personas muy festeras, el alma de la Colla L’Aixama y el Concejal de Fiestas allá por el inicio del presente milenio. Y, como no podía ser de otra forma, se recupera una tradición que actualmente presenta los tintes propios del siglo XXI: fotos, selfies, tardeos, redes sociales y fiesta de día, la noche está para dormir.
El primer paso es ponerse el blusón. Para gustos colores, y nunca mejor dicho. El que suscribe estas palabras es más tradicional. Los prefiero todos iguales y, a ser posible, de color negro, como en las primeras ediciones de la festividad. Pero hoy en día cada comisión de fiestas lleva el blusón que portaba el día de la ofrenda a la Mare de Déu. De esta forma, Relleu se convierte en un desfile de modelos de blusones multicolor que llama mucho la atención. Este colorido tiene una parte extremadamente buena: que está dedicado a nuestra querida e incondicional patrona, la Mare de Déu del Miracle.
Esta festividad es una oportunidad para degustar productos típicos. / INFORMACIÓN
Si nos gusta madrugar y somos de café mañanero, podemos observar el montaje de la plaza sobre las 10 de la mañana. Ahí podremos olfatear los aromas de las plantas mágicas mediterráneas (romero, mata y murta) que se tiran en el antiguo foro romano para amenizar olfativamente el acto. Es una tradición que jamás debería perderse, ya que forma parte de nuestro folklore ancestral.
En Relleu siempre hay un inicio de fiesta. Siempre es la pequeña pero matona “Santa Bárbara” (ya lo dice el nombre) quien inicia todo tipo de festividad o actividad lúdica en el municipio. La campana pequeña del campanar empieza a repicar (ahora de forma automática pero años atrás de forma manual) como si no hubiese un mañana.
La “Inmaculada”, la campana mediana, intenta ponerle calma pero no puede seguir el ritmo de la hiperactiva barbarita. Pero la tardía y sosegada intervención de la campana grande, “María del Milagro”, pone orden a la risueña Bárbara y a la elegante inmaculada para que no riñan y repiquen juntas al ritmo de la mayor. Ya lo dice el refrán: “Maria del Miracle em diuen i cent arrobes pese. Qui no s’ho crega, que vinga i que em sospese”.
Una vez juntas las tres en un celestial repique de campanas, los asistentes nos tiramos a las barras como si fueran las puertas de toriles el día de San Fermín. Hay sed y ganas de fiesta. Está justificado. Es el momento “cerveseta”. Un abanico de actividades se despliega: “paraetes”, partida de pelota, pasacallesde lasdulzainas, bajada de los cerdos amenizada por la SMLR y el inicio de los juegos infantiles.
Estamos en el siglo XXI, tranquilas y tranquilos, es todo normal, la impaciencia por hacerlo todo a la vez nos invade. Cuando hemos calmado la sed y las ansias de estar en veinte sitios a la vez, llega el momento de homenajearnos a lo grande. Y qué mejor forma de hacerlo que degustar productos que raramente lo haremos fuera de Relleu y, si me apuran, alguna vez en la vida. Nos hacemos mayores y las tradiciones se acaban. Aprovechen, se lo recomiendo.
Empecemos por la “pericana”. Para mí, la de este año es la mejor del mundo (los/as de Muro que me perdonen), no tiene color. De hecho, ha ganado varios premios, aunque sean locales. Seguimos por “les coques a la paleta” (no me las confundan con las cocas a la pala de Agost), que deben ser embadurnadas con nuestro oro amarillo.
Hagamos un pequeño inciso con el aceite de Relleu. En contra de nuestras costumbres, cada vez se lleva antes el aceite a la almazara. Es verdad que baja el rendimiento, pero el producto es increíble, ya que se obtiene un aceite de oliva virgen por debajo del 0.5 de acidez que es una delicia probarlo.
Bajar los calderos de olleta a la plaza es una tradición. / INFORMACIÓN
El siguiente paso es bajar los calderos de olleta. Lo que hace veinte años era la comida común ahora se ha convertido en un auténtico lujo para los que todavía recordamos aquella olla de hierro negra de nuestra abuela o el sabor de las olletas de nuestras madres. Una cucharada de este manjar te transporta al año 1985 sin necesidad de un condensador de fluzo.
Además, podemos incrementar nuestra reciente inaugurada colección de cucharas de madera con su segunda pieza. No sé si lo saben, pero la cuchara de madera es sagrada entre los jenízaros, los creadores de las bandas de música. Estos temidos eunucos turcos estaban liderados por un jefe que era el encargado de custodiar una gran cuchara de madera y la gran olla para comer. Todos le respetaban y cada jenízaro cuidaba con ahínco su cuchara de madera más que su bigote y su turbante.
La reina Isabel II ya lo dijo pero no le hicieron caso: la olla podrida, un derivado de nuestra olleta, debería ser el plato nacional de España. En Francia, Países Bajos y Flandes, nuestra olleta es muy apreciada, ya que la probaron en un asalto al campamento de los tercios. Tuvimos que huir corriendo y la olla se quedó al fuego. Se la comieron los franceses, pero le pusieron un nombre extraño “Pot pourri, pupurri”. Me gusta más el de olla podrida u olleta. Además, somos muy de olla. Los blasones más antiguos de España, los nacidos en torno al río Oca, germen de Castilla y de España, tienen dos ollas en los cuarteles de sus escudos de armas como muestra de gratitud y generosidad ante el pueblo llano que les ayudaba en las batallas.
Dicen que con la barriga llena se ve todo de otra forma, así que llega el momento de disfrutar del tardeo amenizado por “La Espardenya”, los líderes y creadores de estas verbenas vespertinas amenizadas con música de “Xaranga i Bandeta”. Sé que el cubata es más conveniente a las siete de la tarde, pero dejen un hueco para tomar un potente digestivo: el herbero de la montaña de Mariola.
Toca “cerrar el xiringuito”. De noche, todos los gatos son pardos. Así que recogemos nuestro plato combinado de panceta, chuleta y embutido, lo devoramos y a dormir, que al día siguiente la plaza de Relleu se vuelve a llenar pero esta vez con animales y sus dueños que esperan, ansiosamente, recibir su merecida “Tonya beneïda”.
Lo dicho, no se pierdan esta magnífica fiesta dedicada a los animales que, en Relleu, como buenos descendientes de los pastores bereberes convertidos después en moriscos que poblaron nuestro término durante 650 años, es una de las más importantes del año. Espero que disfruten de ella como se merece.