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El mejor pueblo de Alicante para ver los almendros en flor en febrero, según National Geographic

En este rincón de la Marina Baixa el invierno se llena de blanco y rosa entre montañas, historia y ADN mallorquín

Tàrbena, el parlar de sa: ¿conoces la huella mallorquina de su habla?

David Revenga

Febrero es el mes ideal para contemplar la floración de los almendros, uno de esos espectáculos naturales breves y delicados que anuncian el final del invierno. Durante apenas unas semanas, los campos se transforman en un mar de flores blancas y rosadas que convierten cualquier paseo en una experiencia casi primaveral. Muchos asocian esta imagen a destinos lejanos y mediáticos, pero lo cierto es que no hace falta viajar a Mallorca, Sicilia ni California para disfrutar de este paisaje tan efímero como espectacular.

El espectáculo está mucho más cerca de lo que parece. En el interior de la provincia de Alicante, entre montañas y carreteras sinuosas, existen pueblos donde la floración del almendro se vive con intensidad, sin masificaciones y con una autenticidad difícil de encontrar en destinos más conocidos. National Geographic ha puesto el foco en uno de ellos. Y razones no le faltan ya que se trata de uno de los mejores enclaves para disfrutar de este fenómeno natural en pleno invierno.

Tárbena

Ese lugar es Tàrbena, un pequeño municipio enclavado entre la sierra de Bèrnia, la del Ferrer y la de Sa Creu. Hasta el pueblo se llega atravesando el puerto del Coll de Rates por la carretera CV‑715, un recorrido que ya anticipa lo que espera al visitante. La población aparece encaramada a la ladera, con sus casas blancas adaptándose al relieve y conservando una estructura que habla de su pasado defensivo. En lo alto, sobre un cerro, permanecen los restos del antiguo castillo de origen almohade, conocido como Sa Casallota.

En el corazón del pueblo se encuentra la iglesia parroquial de Santa Bárbara, un edificio neoclásico del siglo XVIII levantado sobre una antigua mezquita. Desde allí parten calles estrechas y empinadas, llenas de pequeñas casas blancas que configuran la silueta de este singular pueblo. En ese entramado urbano destaca la Font d’en Baix, un conjunto histórico de fuente y lavadero que durante generaciones fue punto de encuentro de la población tarbenera.

Historia vinculada a Mallorca

La historia de Tàrbena es mucho más antigua que sus casas actuales. El término municipal conserva vestigios prehistóricos de enorme valor, como las pinturas rupestres del abrigo de Ses Lletres, declaradas Patrimonio de la Humanidad. Tras la etapa andalusí el territorio pasó a manos cristianas en el siglo XIII. Sin embargo, el episodio que definió su identidad llegó en el siglo XVII, cuando tras la expulsión de los moriscos se firmó la Carta de Poblament y familias procedentes de Santa Margalida, en Mallorca, repoblaron el valle.

Ese origen balear sigue muy presente hoy. No se trata de una simple inspiración, sino de un parentesco real. La huella mallorquina se mantiene viva en el habla cotidiana, donde aún se conserva el artículo salat, una rareza lingüística en la península que ha sobrevivido gracias al aislamiento geográfico. El pasado mallorquín también se percibe en los apellidos, en la gastronomía y en la elaboración artesanal de sobrasada. Tàrbena alberga el Centre d’Estudis de Repoblació Mallorquina y celebra cada año Sa festa des Parlar de Sa, una reivindicación festiva de su identidad.

Ver los almendros en flor

Cuando el invierno llega a su fin y las temperaturas empiezan a suavizarse, los alrededores de Tàrbena se cubren de almendros en flor. Entre finales de enero y febrero, los antiguos bancales de piedra seca se llenan de flores y envuelven los caminos en una luz especial. Recorrer los senderos que conectan el pueblo con Bolulla o Castell de Castells es un auténtico placer en estos días para los amantes del senderismo. La pena es que solo dura unos días así que ponte las botas y lánzate a recorrerlos pronto, que febrero se pasa volando.

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