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Rico&Nuño: la “Factory” del éxito en Altea

Los artistas, ambos de 77 años, deciden hacer crecer su negocio que tiene demanda en todo el mundo

Rico y Nuño, dos artistas de 77 años de Altea que triunfan en Nueva York y no piensan jubilarse

Rico y Nuño, dos artistas de 76 años de Altea que triunfan en Nueva York y no piensan jubilarse / INFORMACIÓN

Crear y vender: dos términos que casi siempre entran en la antítesis. No es el caso de Rico y Nuño, dos artistas septuagenarios que no cuelgan sus pinceles. Más bien al contrario, dan énfasis a su taller de arte en Altea porque el éxito de sus creaciones es atronador. Tanto que llega a las galerías de Nueva York u otras ciudades experimentadas en el arte pictórico. Por eso siguen y no se jubilan porque ganan dinero y porque les gusta su trabajo. Es la “factory” (la fábrica) de Altea, emulando al Andy Warhol del Nueva York de los canallas años 70.

El tándem alteano produce cuadros día y noche asentados ahora en una galería más grande, que su primigenio taller de arte, y en el que ahora se centran en su montaje y adecuación. Pero no quieren denominarse como galería, término que les parece anquilosado, perteneciente al siglo XX y que hoy “no tiene sentido”.

El dúo se reparte el trabajo de confeccionar cuadros que no alcanza la demanda tan elevada de los estudios de Nueva York, de particulares o de interioristas. Para alcanzar metas, se combinan en una suerte de horarios impenitentes: Rico de día, Nuño de noche.

Son también dos creadores muchas veces antagónicos. Rico aborda su obra al óleo, más figurativa; y Nuño se interna más en las líneas, en lo abstracto que quizás lo alimenta su primera profesión de arquitecto. En todo caso trabajan al compás, cuando uno inicia una composición, el compañero la termina al día siguiente.

Una técnica a cuatro manos en diferido que está dando resultados de “best seller”. Con la producción de esta “factory” no llegan a la demanda. Una tarea abrumadora con la que ellos disfrutan y no piensan abandonar. El edadismo no hace mella en ellos, los dos son nacidos en 1949 y no tienen pensado sucumbir ni por lo más remoto.

Nuño, el más parlanchín, habla claro:””Queremos seguir ganando dinero, nos gusta lo que hacemos y además nos alimenta el ego”. Llevan más de 30 años trabajando, su obra gusta en Altea pero sus mercados son internacionales con conexión a las ciudades más vanguardistas del momento como la citada Nueva York o Berlín.

Dejar toda esta oportunidad en el momento actual es también rechazar la vida de manera literal. Según Nuño, “jubilarse es el principio de la muerte, empiezas en el sofá, llegan las enfermedades y enseguida el cementerio”, describe con tono socarrón el artista nacido en Gijón.

Rico, nacido en Alcoy, es una persona más introspectiva personal y estilísticamente “un socio perfecto”, según el locuaz asturiano y que defiende como una sociedad perfecta en la que hay total confianza con las ganancias y la forma de gastarlas.

Si en mi casa tuviera un cuadro mío, igual llego borracho, me parece una mierda y lo rajo

Nuño

— Artista pintor internacional de Altea

En su estilo franco y directo el artista gijonés aclara que no tiene ningún cuadro suyo en su casa porque no tiene respeto por su arte: “si en mi casa tuviera un cuadro mío, igual llego borracho y digo ‘vaya mierda de cuadro’ y lo rajo; solo tengo respeto a mis obras cuando las vendo”.

El nuevo estudio, más amplio, permitirá a los artistas abordar obras de mayor dimensión.

El nuevo estudio, más amplio, permitirá a los artistas abordar obras de mayor dimensión. / INFORMACIÓN

Y sus definiciones no pueden ser más explícitas cuando sostiene que la pintura “es un oficio, no una carrera”. Para ello traza un paralelismo con los estudiantes de Bellas Artes de la alteana UHM. “Esta facultad es una escuela de hostelería porque acaban todos de camareros y es que no pueden dedicarse a lo que aprenden allí donde el profesor es un funcionario y no un artista”.

Mil cuadros al año: la superproducción y el arte como producto

Con estos ingredientes no es difícil adivinar que haya falsa retórica en el arte de Rico&Nuño, que les entusiasma dar salida al arte y no se avergüenzan de ello. Venden unos mil cuadros al año, fruto de un trabajo continuo con unos clientes fieles y un mercado de clientes internacionales.

También los compradores aleatorios que se acercan al taller pueden comprar uno de sus lienzos que oscilan ente los 15 euros o los 1.200 para aquellos de mayor tamaño.

Esta misma semana Nuño pintó un cuadro de grandes dimensiones en media hora, y si se les suman los retoques y el barnizado habrá empleado una hora en total en una obra que venderá por 300 euros.

No es de extrañar que en su versión “el arte es un producto”. “Si pinto me tiene que dar de comer y sino me dedico a otra cosa; el mismo Velázquez era un funcionario que podía permitirse luego hacer otra obra porque ganaba dinero con los encargos”. Nuño continúa con su tesis al explicar que “estoy hasta las narices de ver cuadros carísimos que son una mierda y no se venden; trabajar por amor al arte es una bobada”. Y así sigue soltando prendas este vivaz pintor vendedor (portavoz de Rico) que no tendrá jubilación y que junto a Rico fabrica y fabrica en serie como Warhol.

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