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Ana María Ferrer, “La Batana”: 104 años de historia vividos con alegría y salud

Alteana de nacimiento, vive en Alicante en casa de su hija mayor aunque no olvida su pueblo y lo visita en las fiestas del Cristo del Sagrario, de la que es muy devota

En el centro, Ana Maria `La Batana´ rodeada por su familia celebrando sus 104 años de edad

En el centro, Ana Maria `La Batana´ rodeada por su familia celebrando sus 104 años de edad / INFORMACIÓN

Hay personas que no solo cumplen años, sino que acumulan vida. Ana María Ferrer Muñoz, conocida cariñosamente en Altea como “La Batana”, acaba de alcanzar los 104 años convertida en mucho más que la vecina más longeva del municipio: es un puente viviente entre generaciones, una mujer que ha atravesado más de un siglo sin perder nunca el buen humor ni las ganas de disfrutar.

Rodeada de sus hijos —Esperanza, Ángela y José Luis—, sus cuatro nietos y sus cinco bisnietos, Ana María celebró recientemente su cumpleaños en Alicante, donde vive en casa de su hija mayor, manteniendo intacta la energía que siempre la ha caracterizado. Sin necesidad de medicación y con una salud que sorprende incluso a quienes la cuidan a diario, afronta cada jornada con la misma filosofía que ha guiado toda su vida: disfrutar del presente.

Asomada al balcón bajo el sol de la mañana, observando el ir y venir de la gente, reconoce con serenidad todo lo que ha cambiado el mundo desde su infancia. “Antes las cosas eran diferentes. He visto cambiar muchas cosas, algunas para mejor y otras no tanto, pero lo importante es adaptarse y seguir adelante”, afirma con la calma de quien ha atravesado más de un siglo de historia.

Un siglo vivido en primera persona

Hija de una modista y un cocinero, ha sido testigo directo de algunos de los acontecimientos más determinantes del último siglo desde que nació en Altea el 9 de febrero de 1922 junto a su hermano mellizo Pedro. Vivió la Guerra Civil española y la dura posguerra marcada por el hambre y las privaciones, los efectos de la Segunda Guerra Mundial, la dictadura, la llegada de la democracia y, ya en su madurez, la pandemia del COVID-19.

Precisamente el confinamiento de 2020 le afectó especialmente a nivel emocional al despertar recuerdos de la guerra. Aun así, su carácter optimista volvió a imponerse. “Mientras pueda, seguiré saliendo a la calle y disfrutando de la música y de las fiestas”, asegura con determinación, demostrando que la edad, para ella, sigue siendo solo un número.

Entre los recuerdos más duros de su infancia permanece la escasez de alimentos durante la guerra. Siendo niña acudía junto a su hermano mellizo a recoger raciones básicas distribuidas desde camiones, “pero en ocasiones a él se las negaban al creer que ambos intentábamos recibir comida doble debido a nuestro enorme parecido físico”, recuerda con emoción.

Valentía y emigración: la etapa de París

Su capacidad para afrontar las dificultades quedó patente desde joven. El 9 de septiembre de 1941 contrajo matrimonio con el marinero Pere Joan “El Tollo”, con quien formó una familia mientras sacaban adelante el hogar en una Altea humilde y trabajadora.

En 1962 tomó una decisión valiente y poco habitual para muchas mujeres de su generación: emigrar a París junto a su hija Esperanza. Allí trabajó durante años en la casa de un embajador, cuidando de sus hijos y cocinando para la familia. Aquella etapa le permitió conocer nuevas culturas y perfeccionar una habilidad culinaria por la que siempre sería recordada.

La alteana Ana Maria `La Batana´el día que cumplia 104 años de edad

La alteana Ana Maria `La Batana´el día que cumplia 104 años de edad / INFORMACIÓN

El mercado, el pueblo y la solidaridad

De regreso a Altea, regentó durante una década una tienda de ultramarinos en el Mercado Municipal, situado entonces donde actualmente se encuentra la Sociedad Filarmónica Alteanense. Más allá del negocio, aquel espacio se convirtió en un punto de encuentro vecinal.

Allí mostró una de sus facetas más admiradas de ella: la solidaridad. Organizaba colectas, rifas y actividades destinadas a ayudar a familias necesitadas del municipio. “Esa bondad aún es recordada por la gente mayor de Altea”, explica su nieta Anna, orgullosa del legado humano de su abuela.

Alegría cotidiana a los 104 años

Desde hace más de treinta años reside en Alicante junto a su hija mayor, rodeada del cuidado y el cariño familiar. Sus días transcurren entre cortos paseos al sol, música, lectura y labores manuales. Continúa haciendo ganchillo sin necesidad de gafas, una habilidad que sorprende a todos.

Hace unos años decidió abandonar definitivamente la cocina —tras toda una vida dedicada a ella— afirmando entre risas que ya había cocinado suficiente.

Coqueta, bromista y amante del baile, Ana María sigue sin perderse una celebración. Su familia asegura que allá donde va “deja un ambiente de alegría, como ha hecho durante toda su vida”.

Siempre fiel a sus raíces

Su nieta Anna señala que aunque su abuela vive fuera, “nunca ha roto su vínculo con Altea. Siempre que puede regresa, especialmente durante las fiestas del Cristo del Sagrario, del que es muy devota. Son momentos imprescindibles para reencontrarse con su pueblo y su gente”.

A sus 104 años, Ana María Ferrer continúa mirando el futuro con ilusión. Mientras su familia espera celebrar pronto su 105 aniversario, ella sigue defendiendo su manera de entender la vida: avanzar, adaptarse y disfrutar de cada día.

Porque, después de haber visto pasar guerras, emigraciones, crisis y pandemias, “La Batana” mantiene intacta la certeza que ha guiado toda su existencia: vivir con alegría sigue siendo la mejor forma de resistir al tiempo.

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