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La gran sequía del 78 que marcó el inicio del cambio

La crisis de abastecimiento, los pozos de emergencia, los barcos cisterna y consolidación de nuevas infraestructuras dibujaron, entre finales de los setenta y los noventa, una nueva estrategia hidráulica para la ciudad

Depósito de Alimentación de Aguas Potables, con una capacidad de más de dos millones de litros. Imagen de 1960.

Depósito de Alimentación de Aguas Potables, con una capacidad de más de dos millones de litros. Imagen de 1960. / SIMEÓN

Mar Vives

Mar Vives

La historia de la red hídrica de Benidorm no puede entenderse sin mencionar uno de sus momentos más críticos: la gran crisis de abastecimiento de 1978. Aquel episodio dejó al descubierto hasta qué punto el crecimiento turístico de la ciudad dependía de una infraestructura hidráulica todavía insuficiente para responder a una demanda cada vez mayor. La falta de agua no solo amenazaba la vida cotidiana de la población, sino también el principal motor económico de la ciudad: su planta hotelera y su imagen internacional como destino turístico.

La gravedad de la situación quedó reflejada desde el primer momento en la reacción del sector hostelero. En una asamblea celebrada por la Asociación Local de Empresarios de Hostelería, con representación mayoritaria de las plazas hoteleras de Benidorm, se llegó a plantear incluso el cierre de establecimientos y la anulación de reservas para evitar males mayores. Finalmente, aquella posibilidad fue descartada por unanimidad. Los hoteleros optaron por redoblar esfuerzos para mantener el servicio a los clientes, aunque ello supusiera importantes pérdidas económicas. Pero el daño ya había comenzado: algunos operadores turísticos, como Tjaereborg, decidieron trasladar a sus clientes a otros destinos, y se temía que esa reacción se extendiera en cadena entre otras agencias internacionales.

La presión social y económica obligó al Ayuntamiento a intensificar sus gestiones ante el Gobierno. El alcalde Rafael Ferrer Meliá viajó a Madrid acompañado del ingeniero municipal y del presidente de los empresarios hoteleros para trasladar la magnitud del problema. En aquellas reuniones se puso sobre la mesa no solo la urgencia del momento, sino también la necesidad de prever soluciones para 1979 y 1980. La respuesta más inmediata que se analizó fue la importación de agua en buques cisterna, una operación costosa, cifrada en cientos de millones de pesetas, para la que se reclamó respaldo estatal en forma de subvención o crédito a largo plazo. Paralelamente, se contemplaba ya una estrategia a medio plazo basada en nuevas perforaciones en el entorno del embalse de Guadalest y, a más largo recorrido, el esperado trasvase del Júcar.

Los pozos de Beniardá se convirtieron en la respuesta real y efectiva

Los pozos de Beniardá se convirtieron en la respuesta real y efectiva / .

La crisis del agua dejó pronto de ser un asunto exclusivamente institucional para convertirse en una movilización cívica de primer orden. Partidos políticos, centrales sindicales, asociaciones y colectivos ciudadanos comenzaron a coordinarse en torno a un objetivo común: exigir al Estado una respuesta a la altura del peso económico y social de Benidorm. En una multitudinaria asamblea se redactó un escrito dirigido al presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, en el que se subrayaba la aportación de la ciudad en divisas y empleo, y se reclamaba que la Administración asumiera soluciones que escapaban claramente a la capacidad municipal. Entre las medidas propuestas figuraban los buques cisterna, el transporte por ferrocarril y autocubas, la explotación urgente de acuíferos y una campaña institucional para reparar la imagen turística de la ciudad.

Ese clima de presión desembocó en una manifestación popular que se presentó como una demostración de unidad colectiva ante una amenaza que afectaba a todo Benidorm. La corporación municipal encabezó aquella movilización, concebida no solo como protesta, sino también como reafirmación comunitaria. El agua se había convertido en una cuestión de supervivencia local.

Mientras tanto, sobre el terreno, se activaban soluciones de emergencia. El Gobierno Civil anunció que el agua de Alicante sería utilizada de forma transitoria para paliar la escasez. Para ello se aceleró la adecuación de las infraestructuras necesarias en Benidorm: zanjas, conducciones desde la playa hasta los depósitos municipales y dispositivos para hacer posible la descarga de grandes cantidades de agua transportadas por mar. Al mismo tiempo, la Armada mantenía un servicio diario con barcos-aljibe, mientras se estudiaban otros recursos complementarios y se trataba de ganar tiempo.

El primer gran buque cisterna

La llegada del primer gran buque cisterna procedente de Alicante marcó un hito simbólico y práctico. La descarga de 5.000 metros cúbicos en la bahía benidormense, canalizada hasta los depósitos municipales mediante una infraestructura levantada en pocos días, fue vivida como todo un acontecimiento. No resolvía por sí sola el problema estructural, pero demostraba la capacidad de reacción ante una emergencia extrema y, sobre todo, la urgencia de construir una red hídrica más robusta.

INFORMACIÓN publicaba el 4 de octubre e 1978 la noticia sobre el trasvase de los 5.000 metros cúbicos de agua desde el buque cisterna «Juan Cardona» hasta los depósitos municipales.

INFORMACIÓN publicaba el 4 de octubre e 1978 la noticia sobre el trasvase de los 5.000 metros cúbicos de agua desde el buque cisterna «Juan Cardona» hasta los depósitos municipales. / .

La solución más esperanzadora empezó a aparecer bajo tierra. Los pozos de Beniardá se convirtieron en la respuesta real y efectiva para aquel año. A los recursos que ya venían aportando captaciones municipales como Golondro y Rabasa se sumaron los nuevos rendimientos de Beniardá, con caudales que permitieron acercarse a los 300 litros por segundo. Aun con restricciones nocturnas, Benidorm comenzaba a estabilizar su suministro diurno. Hubo sondeos fallidos, como algunos realizados en Guadalest, pero el balance técnico era claramente favorable: la explotación de acuíferos aparecía como la gran palanca para sostener el abastecimiento inmediato mientras se avanzaba hacia soluciones de mayor alcance.

Ese tránsito desde la improvisación hacia la planificación encontró una expresión decisiva en la depuración y reutilización de aguas. La construcción de la planta depuradora de Benidorm, iniciada en diciembre de 1979, representó un salto cualitativo en la historia hidráulica de la ciudad. Su inauguración por el ministro de Obras Públicas simbolizó el arranque de una nueva etapa: la del saneamiento moderno, la mejora de las condiciones sanitarias de las playas y el aprovechamiento del agua tratada para riegos. La planta, concebida en una primera fase para 180.000 habitantes y ampliable a 270.000, respondía no solo a una necesidad ambiental, sino a una visión más compleja del ciclo integral del agua. Ya no se trataba únicamente de traer caudales, sino también de depurarlos, reutilizarlos y racionalizar su uso.

Construcción de la depuradora

Ese cambio de enfoque quedó aún más claro en los años 90. El debate ya no giraba solo en torno a la escasez, sino en torno a la diversificación de recursos y a la integración entre abastecimiento, depuración y nuevos desarrollos urbanos y turísticos. El plan vinculado al complejo de ocio de Benidorm-Finestrat preveía que una parte sustancial del agua procediera del mar y de las depuradoras, reservando el agua de mejor calidad para el consumo humano y destinando recursos depurados o desalinizados al riego, el baldeo y la reposición de láminas de agua. Al mismo tiempo, cobraba fuerza la idea de ampliar las depuradoras existentes, como las de Sierra Helada y Amadorio, frente a la construcción de nuevas instalaciones.

Benidorm pasó de las restricciones a dotar ala ciudad de pozos, embalses, depuración, reutilización y nuevas infraestructuras.

Benidorm pasó de las restricciones a dotar ala ciudad de pozos, embalses, depuración, reutilización y nuevas infraestructuras. / .

Así, entre la crisis de 1978 y la actualidad, Benidorm ha cambiado totalmente el paradigma gracias a la inversión continuada en infraestructuras hidráulicas y a contar con VEOLIA como socio tecnológico para la gestión de las mismas en los últimos 40 años. Benidorm fue transformando su relación con el agua. Pasó de la angustia de los barcos cisterna y las restricciones a una concepción más amplia y estratégica, en la que pozos, embalses, depuración, reutilización y nuevas infraestructuras empezaron a formar parte de una misma red. La historia hídrica de Benidorm es, en el fondo, el relato de cómo una ciudad turística aprendió que su futuro dependía tanto del crecimiento como de su capacidad para asegurar, gestionar y reaprovechar cada gota.

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