Altea alerta del impacto educativo y social si la Consellería de Educación elimina el aula de 3 años del CEIP La Olla
El Ayuntamiento, el centro y las familias advierten de que la medida compromete la conciliación, reduce servicios esenciales y pone en riesgo un proyecto consolidado tras décadas de reivindicaciones

Edificio del colegio L´Olla con barracon-comedor (a la derecha). / INFORMACIÓN
El futuro del CEIP L’Olla de Altea vuelve a situarse en el centro del debate educativo tras la propuesta de la Consellería de Educación de suprimir el aula de 3 años para el curso 2026-2027. Una medida que ha generado una respuesta conjunta del Ayuntamiento, la dirección del centro y las familias, que reclaman su retirada por las graves consecuencias que conllevaría pues les remonta a una situación que creían superada.
El consistorio alteano ha solicitado formalmente ante la consellería la revisión de esta decisión, al considerar que “rompe el equilibrio alcanzado en el centro tras años de esfuerzo”. La concejala de Educación, Xelo González, ha recordado que el CEIP L’Olla funcionó durante años, desde los 90 del siglo pasado hasta el principio de la presente década, “en instalaciones provisionales y barracones. Una situación que la comunidad educativa —centro escolar, familias, AMPA y administraciones— ha trabajado de forma conjunta para superar esta situación”, y ha asegurado que gracias a este esfuerzo colectivo “y la incorporación del colegio en el programa ‘Edificant’, impulsado por el gobierno del Botànic, se pudo consolidar progresivamente el centro hasta lograr una línea educativa completa en 2020, hecho que ha aportado estabilidad al proyecto educativo y en el barrio”.
González ha indicado que “con la ejecución del plan ‘Edificant’ y de acuerdo con la Consellería, se amplió el centro educativo consiguiendo suprimir las dos aulas prefabricadas existentes y permitiendo así que únicamente quedara en situación provisional el comedor escolar hasta que fuese posible la construcción de un nuevo espacio de comedor”. Además, ha subrayado que el CEIP L’Olla “presta servicio en una zona con características propias” pues su continuidad “es importante para garantizar una oferta educativa de proximidad y equilibrada en el municipio” y ha aseverado que “las decisiones no pueden basarse solo en criterios demográficos puntuales, sino en la trayectoria del centro y las necesidades reales del municipio”.
Un equilibrio conseguido tras años de esfuerzo
La historia reciente del CEIP L’Olla es la de una comunidad educativa que ha luchado por dejar atrás la precariedad. Durante más de 25 años, el centro convivió con aulas prefabricadas, una situación que comenzó a revertirse con la ampliación ejecutada dentro del Plà Edificant.
Las obras, finalizadas en 2021, permitieron eliminar los barracones y ampliar el número de aulas en un edificio que data de 1966. Este proceso culminó con la creación de una novena unidad, la de Infantil de 3 años, “que ha sido clave para estabilizar la matrícula y el proyecto educativo”, según ha manifestado el director del colegio, Andrés Rubio Cases. Sin embargo, el comedor escolar quedó pendiente de una solución definitiva, “funcionando desde entonces, por decisión de la propia consellería en un barracón provisional de 90 metros cuadrados dividido en dos módulos: uno de 30 m² para cocina y otro de 60 m² para comedor”, según señala Rubio.
Un colegio marcado por la lucha contra la precariedad
El CEIP L’Olla no es un centro cualquiera en el mapa educativo de Altea. Su historia está marcada por una constante reivindicación para mejorar sus condiciones. Desde los años 90, alumnos y profesores han tenido que convivir con aulas prefabricadas, soportando incluso temperaturas superiores a los 35 grados en barracones metálicos.
Durante años, familias y docentes denunciaron la falta de infraestructuras adecuadas, reclamando ampliaciones, calefacción o espacios dignos para la enseñanza. No fue hasta la llegada del Pla Edificant del gobierno del Botànic cuando, tras una inversión pública y el esfuerzo conjunto de toda la comunidad, se logró eliminar los barracones históricos y ampliar el centro.
En 2020, el colegio alcanzó por fin la estabilidad con una línea educativa completa. Un hito que supuso cerrar una etapa de precariedad y abrir otra de consolidación. Sin embargo, esa estabilidad podría ahora verse comprometida.
Un paso atrás con consecuencias en cadena
La propuesta de la Consellería de Educación plantea utilizar el aula de 3 años como comedor, lo que implicaría “volver a un modelo de ocho unidades”, según el director del centro quien apostilla que esta decisión “no tiene en cuenta la evolución del colegio, que actualmente cuenta con 163 alumnos y ha crecido un 40% en la última década”.
Desde 2022, el colegio dispone de 9 aulas, incluyendo la de 3 años cuya eliminación ahora se plantea “con la consecuencia de que el problema no es únicamente educativo, pues la supresión del aula implicaría convertir ese espacio en comedor escolar para sustituir el barracón actual”, según denuncian las familias que ven inviable la propuesta de Consellería.
La presidenta de la Asociación de Madres y Padre de Alumnos (AMPA) del centro, Mercedes Benedicto, advierte de que el cambio reduciría drásticamente la capacidad del comedor: de los actuales 95 alumnos a apenas 30 —o incluso 10 si se instala la maquinaria industrial actual—. “Es un problema mayúsculo para cerca de un centenar de familias en las que trabajan ambos progenitores”, señala.
El director del centro, Andrés Rubio, insiste en que el comedor “ya no es un servicio complementario, sino esencial para la mayoría de familias. Antes lo utilizaban 25 o 30 alumnos, ahora son entre 95 y 100. La realidad social ha cambiado”, asevera.
Por último, el docente asevera que en la Consellería de Educación “quieren hacer servir el aula infantil de tres años como una solución al espacio, pero es inviable porque solo quedarían 10 m² útiles para el alumnado. Además, la higiene está en riesgo porque el aula propuesta tiene baños abiertos integrados, totalmente incompatible con un servicio de comedor higiénico y sanitario”.
Riesgo para la conciliación familiar y la calidad educativa
Desde la AMPA advierten que medida propuesta por Consellería “tendría un impacto directo en la conciliación familiar. Más de 50 familias podrían quedarse sin servicio de comedor, obligándolas a reorganizar sus jornadas laborales”, indica Mercedes Benedicto. Además, las familias también denuncian que el espacio propuesto “no reúne condiciones adecuadas: sería más pequeño, con problemas de higiene y con una capacidad claramente insuficiente para atender la demanda actual”.
Pero las consecuencias van más allá del impacto inmediato. La comunidad escolar teme un deterioro progresivo del centro a consecuencia de la eliminación del aula de 3 años “que supondría también la pérdida de un docente de Infantil, lo que reduciría la atención individualizada al alumnado y afectaría a la calidad educativa”, apostilla el director Rubio. Además, advierte de un posible “efecto en cascada”, pues la reducción de servicios y recursos “podría provocar la salida de familias y la fuga de alumnado hacia otros centros, lo que a medio plazo justificaría nuevos recortes”, indica Rubio.
Un modelo en peligro
El CEIP L’Olla, que lleva casi seis décadas adaptándose y resistiendo, se enfrenta ahora a un momento decisivo. La decisión final marcará si el colegio continúa avanzando o si, una vez más, se ve obligado a dar un paso atrás. Desde el Ayuntamiento se insiste en que el CEIP L’Olla “cumple una función clave en su entorno, garantizando una educación de proximidad en una zona con características propias dentro del municipio”. Por ello, propone como alternativa “la inclusión del centro en un nuevo Plà Edificant que permita construir un comedor definitivo y eliminar el barracón sin sacrificar recursos educativos ni eliminar aulas”, indica la concejala de Educación.
Mientras tanto, las familias ya se han movilizado y han presentado alegaciones. Tienen de plazo hasta el 7 de mayo para intentar frenar una decisión que consideran “injustificada” y que, según denuncian, “podría devolver al centro a una situación que creían superada”. Lo que está en juego, advierten, “no es solo un aula, sino la continuidad de un modelo educativo que ha tardado décadas en construirse”.
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