La provincia de Alicante suma el 25% de adopciones de menores de la Comunidad Valenciana con la caída internacional y el empuje nacional
La Comunidad Valenciana refleja el cambio de ciclo con la subida de edad de los adoptivos, mayor control burocrático y la entrada de la gestación subrogada

L´Allacantí y la Marina Baixa concentran el mayor número de adopciones en la provincia de Alicante. / INFORMACIÓN
Durante años, España -y con ella la provincia de Alicante- fue uno de los grandes destinos de la adopción internacional. Hoy, ese modelo pertenece al pasado. Las cifras, los perfiles de los menores y las decisiones de las familias dibujan un escenario completamente distinto, en el que la adopción internacional se ha reducido a mínimos históricos, mientras la nacional resiste y el acogimiento familiar gana protagonismo como alternativa preferente o la notoriedad de la injerencia de la gestación subrogada que ha cambiado las estadísticas. En general las adopciones vislumbran un contexto en el que la provincia representa el 25% de las adopciones y que encabeza la vecina Valencia con más del 56%.
El punto de inflexión es claro. En 2004, España alcanzó su máximo histórico con 5.541 adopciones internacionales, situándose como segundo país del mundo. Dos décadas después, en 2024, esa cifra se ha desplomado hasta apenas 188. La caída supera el 96% y Alicante y el territorio valenciano en su conjunto ha seguido fielmente esta tendencia.
En paralelo, surge una opción que era hasta hace poco secundaria, y es que la adopción nacional se ha consolidado como la principal vía. En 2024, se registraron cerca de 600 adopciones nacionales en España, triplicando las internacionales. En la Comunitat Valenciana, ese mismo año se constituyeron 99 adopciones, de las cuales 90 fueron nacionales. Alicante aportó 25, sin ninguna internacional.
Los datos más recientes apuntan a una estabilidad en este nuevo modelo. En 2025, la Comunitat Valenciana alcanzó las 100 adopciones constituidas, con un claro predominio de la nacional (99 casos). Alicante concentró 37, reforzando su peso dentro del sistema autonómico.
La información procede de los datos contabilizados por la Conselleria de Bienestar Social pero toma su base científica del estudio doctoral elaborado por la profesora Diana Jareño Ruiz, del Departamento de Sociología de la Universidad de Alicante titulado “Familias en transición: estudio sociológico de las familias adoptivas internacionales en la provincia de Alicante” a lo que se suma un informe actualizado y pormenorizado para completar el presente reportaje.
En base a este exhaustivo análisis, la desaparición práctica de la adopción internacional no responde a una única causa, sino a una combinación de factores globales y locales. Aquí la autora se nutre de su propia investigación pero añade informes del Ministerio de Juventud e Infancia y de la Generalitat Valenciana.
En primer lugar, los países de origen han cambiado. Y es que estados que durante décadas fueron emisores -como China, Rusia o Rumanía- han cerrado o restringido sus programas, mejorado sus sistemas de protección interna, y han elevado sus estándares legales o, en algunos casos, han tomado decisiones políticas directas para limitar las adopciones al extranjero.
En segundo lugar, ha cambiado el perfil de los menores. “Si durante el ‘boom’ predominaban los bebés sanos, hoy los menores disponibles suelen ser mayores, a menudo a partir de los 7 u 8 años, forman parte de grupos de hermanos o presentan necesidades especiales, ya sean médicas, psicológicas o conductuales”, dice Jareño que añade que este nuevo perfil exige una preparación específica y “limita el número de familias dispuestas o capacitadas para adoptar”.
A ello se suma el endurecimiento de los requisitos. Los países de origen exigen ahora mayor formación, estabilidad y, en algunos casos, condiciones muy concretas que reducen el número de expedientes viables.
Por último, la pandemia de COVID-19 supuso un parón casi total que dejó muchos procesos bloqueados. Aunque la actividad se ha retomado parcialmente, el sistema no ha recuperado los niveles anteriores.
En la provincia de Alicante, el fenómeno presenta matices propios. Aunque representa aproximadamente una cuarta parte de las adopciones de la Comunitat Valenciana, su evolución refleja con claridad el cambio de modelo.
Aumenta la edad
Pero más allá de las cifras, lo relevante es el giro en las circunstancias porque cada vez hay menos menores adoptables en términos tradicionales. En la Comunitat Valenciana, solo el 3% de los menores en guarda con fines de adopción tiene entre 0 y 3 años; la mayoría se sitúa entre los 7 y los 14 años.
A ello se añade que el verdadero cambio de paradigma no está solo en la adopción, sino en el acogimiento familiar. Este se ha convertido en la principal medida de protección de la infancia.
En 2023, la Comunitat Valenciana registraba más de 2.000 menores en acogimiento familiar, de los cuales 687 correspondían a Alicante. A nivel nacional, la cifra supera los 16.000.

Diana Jareño es también vicepresidenta de la Federación Española de Sociología / INFORMACIÓN
Nuevas formas de filiación: la gestación subrogada
Otro elemento clave en esta transformación es la diversificación de las vías de acceso a la parentalidad. La investigación sociológica señala que la adopción ya no es la única alternativa a la infertilidad.
En el periodo 2010-2022, las cifras muestran una convergencia significativa entre adopción internacional y gestación por sustitución, con más de 12.000 casos en ambos modelos a nivel nacional. Este dato refleja un cambio profundo por el que muchas familias optan por vías que ofrecen mayor control del proceso o permiten mantener un vínculo biológico.
Volviendo a la “fotografía” del menor, en cuanto a las adopciones nacionales se refiere, hay una mayor corresponsabilidad en términos de crianza y si la edad de los adoptantes ha crecido- lo que añade una mayor exigencia a las familias- también hay un enfoque centrado en adopciones de niños con discapacidad.
En cuanto al menor "tipo" de la adopción internacional actual es un niño o niña de entre 8 y 16 años, con algún tipo de discapacidad, enfermedad crónica o necesidad especial de carácter emocional o conductual, o bien perteneciente a un grupo de hermanos. La adopción de bebés sanos es prácticamente inexistente en los países con los que España mantiene programas activos.
Las cortapisas que se han establecido a lo largo de los años en la internacionalidad también van estrechamente ligadas a los países en fase de guerra o conflicto, póngase el caso de Ucrania, donde su gobierno ha sido explícito: no se tramitan adopciones internacionales mientras dure la guerra.
“Lo que sí se puede observar es que algunos países que han vivido conflictos en el pasado y se han estabilizado ´-como Colombia o algunos países africanos- mantienen programas de adopción internacional activos, aunque con volúmenes muy reducidos”, resalta el estudio.
El mapa de procedencia de los menores adoptados internacionalmente por familias españolas se ha ido concentrando en un número cada vez más reducido de países, con un claro predominio de destinos asiáticos y, en menor medida, de países de América Latina y Europa.
En este contexto, Vietnam se consolida como el principal país de origen, seguido por India y Hungría. También destaca el crecimiento de países como Costa de Marfil y Bolivia y en contraste, la desaparición de Rusia y Rumanía de este mapa supone un cambio significativo.
Perfil de las familias alicantinas
Si las condiciones se han vuelto más rigurosas, también el modelo de familia es más diverso. En la actualidad los núcleos adoptivos tienen un nivel educativo universitario, alto o medio poder adquisitivo económico y un enfoque religioso aconfesional. Un hallazgo fundamental de la tesis doctoral es la correlación directa entre renta y cuidados: en los hogares alicantinos con ingresos superiores a los 30.000 euros anuales, los modelos de reparto de tareas son mucho más simétricos y corresponsables, alejándose de los roles tradicionales, tanto en la filiación como en las dinámicas familiares.
Por otro lado, el estudio detecta una mayor concentración de estos procesos en núcleos urbanos y áreas de gran dinamismo como l’Alacantí y la Marina Baixa (incluyendo Benidorm y Altea).
Alicante: entre la estabilidad y la transformación
La investigadora constata evidencias científicas al centrar también su estudio en la realidad cotidiana de las familias adoptivas. Con miles de personas adoptadas ya plenamente integradas en la provincia, el principal reto actual -según la doctora- es cómo gestionar la llamada tríada adoptiva (familia biológica, familia adoptiva y persona adoptada), así como garantizar el derecho de los jóvenes, al alcanzar la mayoría de edad, a conocer sus orígenes biológicos.
Y todo ello, unido a un cambio que es también cultural. La filiación ha dejado de entenderse exclusivamente en términos biológicos para incorporar una dimensión social basada en el cuidado, la voluntad y la responsabilidad. Y la realidad es que hay que luchar contra ciertos estigmas. Las familias adoptivas -especialmente las monoparentales o las interraciales- siguen percibiendo que su modelo es visto como menos “natural” que el biológico, aunque la aceptación social ha aumentado.
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