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Los X Premis Altea de Literatura i Investigació descubren a sus ganadores

Las obras de Enric Balaguer, Ivan Carbonell y Toni Bellón destacan en una gala que combina literatura, memoria histórica y creación contemporánea

El Premi Estela d’Honor se otorgó a título póstumo al teólogo alteano Francesc Martínez Rostoll (1820-1891)

Altea ha vuelto a consolidarse como epicentro cultural de la Comunidad Valenciana con la celebración de la décima edición de los Premis Altea de Literatura i Investigació que, con un total de 133 originales presentados —79 en novela, 37 en literatura juvenil y 17 en ensayo—, se consolidan como uno de los concursos más concurridos de las letras valencianas. Impulsados por el Ayuntamiento de Altea junto a entidades como la Acadèmia Valenciana de la Llengua y la Fundació Caixaltea, estos premios reafirman el papel de la cultura como herramienta esencial para comprender el mundo y fortalecer la sociedad.

Como cada víspera del Domingo de Ramos este sábado por la noche se celebró en el Palau Altea la Gala de los Premis Altea de Literatura i Investigació para dar a conocer los ganadores de las tres modalidades de estos premios: Premi Carmelina Sánchez-Cutillas de Novel.la i Prosa Creativa, Premi Altea de Literatura Infantil y Juvenil, y Premi d’Assaig i Investigació Francesc Martínez i Martínez. Premios que recayeron respectivamente en las obras Tot allò que fa viure de Enric Balaguder Pascual, L’esguard del basilisc de Ivan Carbonell Iglesias y La capital artística del Mediterrani. L’Altea dels pintors i artistes (1960-1985) de Toni Bellón Climent. Asimismo, en la gala se rindió homenaje póstumo al teólogo valenciano Francesc Martínez Rostoll (1820-1891) concediéndole el Premi Estela d’Honor, concebido para reconocer y poner en valor la trayectoria de personalidades alteanas que, ya desaparecidas, han destacado y sobresalido en el ámbito de la literatura, el arte, la creatividad o la investigación.

Foto de familia con ganadores, organizadores y patrocinadores de los X Premis Altea de Literatura i Investigació

Foto de familia con ganadores, organizadores y patrocinadores de los X Premis Altea de Literatura i Investigació / Diego Coello

La gala, conducida por el periodista Jeroni Alvado Almiñana, combinó literatura, música y homenaje reuniendo a creadores, instituciones y amantes de las letras. Los más de 200 asistentes al evento recibieron como obsequio un ejemplar del libro Rondallari de Tàrbena, de Joan-Lluís Monjo Mascaró, Premi d’Assaig i Investigació de 2024 editado por el Instituto Alicante de Cultura Juan Gil-Albert, que incluye la recopilación, transcripción, catalogación y estudio de 235 cuentos populares del singular municipio de la Marina Baixa. Y también se repartió el nuevo libro-disco Blau de mar de la Orquestra Blava.

Música, arte y recuerdo en una edición especial

La ceremonia, retransmitida en directo por el canal oficial de Youtube del Ayuntamiento de Altea, estuvo amenizada por esta orquesta, que presentó avances de su disco en una edición especialmente simbólica por el décimo aniversario del certamen con composiciones de Toni Barber, Ximo Cano y Jaume F. Ripoll, y la voz de Mònica Ivars. Asimismo, el recuerdo del artista Pepe Azorín, autor del emblemático trofeo del premio principal La mà del sol y fallecido recientemente, estuvo muy presente durante toda la velada.

El director de la cátedra Enric Valor y director literario de Aila Edicions, Joan Borja, agradeció a la hija de Carmelina Sánchez-Cutillas, Marisa del Romero, la donación al archivo municipal de Altea de más de 2.000 páginas manuscritas por el antepasado de la escritora, Francesc Martínez Rostoll, hermano del padre paterno del escritor Francesc Martínez i Martínez a la vez abuelo de Carmelina, y describió los textos del teólogo “como si fuesen toda la materia de Altea” en referencia al libro de Sánchez-Cutillas, Matèria de Bretanya.

Ganadores de los X Premis Altea de Literatura i Investigacio. De izquierda a derecha, Enric Balaguer, Marisa del Romero, Toni Bellon e Ivan Carbonell

Ganadores de los X Premis Altea de Literatura i Investigacio. De izquierda a derecha, Enric Balaguer, Marisa del Romero, Toni Bellon e Ivan Carbonell / Diego Coello

Borja prosiguió relatando como se gestó la creación, edición y grabación del libro-disco Blau de mar “para conmemorar la efeméride de las diez ediciones de los Premis Altea en las que la Orquestra Blava ha aportado con su música en directo a la gala el toque de distinción, emoción, amenidad, elegancia y alegría”. Expuso un emocionado recuerdo a la figura del artista Pepe Azorín, destacando que la última exposición del pintor, Temps a Altea, estaba aún colgada en el Palau junto al espacio donde se desarrollaba la gala de los Premis Altea y que de esta manera “el autor de La mà del sol, que creó para el reconocimiento de los Premis Carmelina Sánchez-Cutillas, está presente esta noche con nosotros”. Y acabó afirmando que los Premis Altea “son una celebración de la vida y la memoria, del arte y la palabra, de la música y la belleza, y del gozo de compartirlo todo junto con la jovialidad y la alegría”.

Un homenaje a la memoria cultural valenciana

La gala tuvo su parte gastronómica con platos típicamente alteanos descritos en libros de Carmelina Sánchez-Cutillas y su abuelo Francesc Martínez i Martínez, y su parte eminentemente literaria. Antes del ágape, se entregó el Premi Estela d’Honor a título póstumo a Francesc Martínez Rostoll (1820-1891) que fue doctor en Teología y párroco de la parroquia de la Santa Cruz en València y figura clave en la genealogía cultural que conecta con Francesc Martínez i Martínez y la propia Sánchez-Cutillas. El reconocimiento puso en valor un importante fondo documental de gran interés para la historia y la lengua valencianas recientemente legado al Ayuntamiento de Altea a través de la Càtedra Enric Valor de la Universidad de Alicante.

El trofeo, una reproducción de la estela funeraria íbera de Altea la Vella, lo recibió Marisa del Romero Sánchez-Cutillas de manos de la concejala de Cultura Pepa Victoria Pérez. Pero antes, la edil destacó que “llegar a una décima edición nos llena de orgullo y nos confirma que Altea es, por derecho propio —aunque sea por una noche— capital de nuestras letras”, reivindicó “la importancia de nuestra lengua. Una lengua viva, rica, llena de matices, que estos premios han ayudado a dignificar, a proyectar y a estimar todavía más” y rememoró “la figura de la persona que inició la fértil genealogía literaria en la que se inscriben de las dos personas que dan nombre a los premios literarios: Francesc Martínez i Martínez y Carmelina Sánchez-Cutillas. Gracias a los textos de Francesc Martínez Rostoll podemos acercarnos a la lengua viva del siglo XIX y entender mejor como se comunicaba el pueblo”.

De igual manera, Pepa Victoria Pérez señaló que Francesc Martínez Rostoll “dejó en herencia la casa emblemática de Altea conocida como la Casa Cervantes, donde vivió el abuelo de Carmelina. Hogar que describe la escritora en Matèria de Bretanya”, y concluyó afirmando que Martínez Rostoll “no solo fue un religioso destacado, sino una figura clave para entender la lengua, la cultura y la sociedad de su tiempo”.

Tras la recepción de la Estela d’Honor por parte de Marisa del Romero, esta agradeció al Ayuntamiento de Altrea “sus reiteradas deferencias hacia nuestra familia contribuyendo a mantener viva la memoria de Carmelina, mi madre, y de su abuelo Francesc Martínez i Martínez”. Romero refirió de su madre que “ella sabía que las cosas son un reflejo del espíritu de su propietarios. El alma de las cosas es el alma de las personas que las conservaron y por eso guardó con celo muchas cosas que sus mayores estimaron en vida, como posteriormente descubrimos mi marido y yo el legajo de más de dos mil folios escritos por el tío abuelo paterno de mi bisabuelo en lo alto de un armario y que tan gustosamente hemos donado al pueblo de Altea”.

Descubriendo los premiados

Tras un paréntesis para cenar, se dieron a conocer los ganadores de los X Premis Altea de Literatura i Investigació. En primer lugar, se leyó el acta del jurado del Premi d’Assaig i Investigació Francesc Martínez i Martínez en donde que se anunciaba que la obra ganadora era la obra de Toni Bellón Climent, La capital artística del Mediterrani. L’Altea dels pintors i artistes (1960-1985). El autor, Doctor en Ciencias Sociales y especialista en patrimonio cultural, recibió el Trofeo Penell, de Serafín Cortés, de manos de la directora cultural del Institut Alacantí de Cultura Juan Gil-Albert, Cristina Martínez Álvarez. Esta afirmó que “celebrar unos premios siempre es un motivo de satisfacción. Celebrarlo diez años ya es digno de admiración. Pero que, además, sean literarios supone ya una demostración de persistencia y apuesta por la cultura”.

Martínez destacó que desde el Institut Juan Gil-Albert “creemos firmemente en el valor de la literatura como experiencia íntima, como una forma de compartir y como vehículo para hacernos más sabios, mejores personas y más respetuosos con el otro. Algo fundamental para una sociedad y para el mundo al que nos enfrentamos en estos momentos”, y aseveró que “por eso es para nosotros un orgulloo participar desde la primera edición en estos premios publicando el Premi d’Assaig i Investigació Francesc Martínez i Martínez. Un premio que, además, este año ha tenido récord de participación con diecisiete trabajos presentados”.

Por su parte, Toni Bellón, que ha centrado su investigación en las tradiciones y manifestaciones culturales valencianas, manifestó que su ensayo reconstruye la efervescencia cultural de Altea entre los años sesenta y ochenta, “cuando la localidad fue considerada ‘la capital artística del Mediterráneo’. Pintores y creadores de renombre internacional encontraron en este enclave un espacio de libertad y creatividad, y en mi obra hago un recorrido por los talleres, galerías y espacios de encuentro artístico, como el emblemático Bodegón de Pepe, donde se reunían los creadores, y ofrezco un retrato de la vida cotidiana de estos artistas y del ambiente bohemio que marcó una época”. El autor subrayó la importancia de preservar este legado y de reivindicar el papel de Altea como referente cultural.

Aventura, historia y fantasía en la obra juvenil ganadora

El Premi Altea de Literatura Infantil i Juvenil fue para Ivan Carbonell Iglesias por L’esguard del basilisc, consolidando su trayectoria como uno de los autores más premiados del género. El autor obtenía este premio por segunda vez después de ganarlo en la primera edición de los Premis Altea con su obra L’àmfora fenicia.

Este premio está patrocinado por la Dirección General de Cultura de la Generalitat Valenciana, la cual facilitará con el Ayuntamiento de Altea que los libros ganadores de esta noche puedan llegar a todas y cada una de las bibliotecas públicas y las agencias de lectura valencianas. Por ese motivo, el director general Miquel Nadal Tàrrega le entregó al ganador el Trofeo Aila, una recreación realizada por el Área de Escultura de la Facultad de Bellas Artes de la UMH en Altea de una de las pinturas rupestres de la Peña de la Ermita del Vicari, en la sierra Bèrnia, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1998.

Iván Carbonell señaló que “volver a ganar en Altea diez años después, cuando sus Premis llegan a tan especial edición, es una sensación indescriptible, más aún cuando los premios se celebran en una gala literaria que si alguna nota merece es la de diez”.

El escritor, licenciado en Filología Catalana, Humanidades e Historia que ha desarrollado una importante labor investigadora y de difusión cultural, afirmó que actualmente “vivimos un gran momento para el fantasy y el romantasy, géneros de fantasía que arrasan entre los jóvenes lectores. La mirada del basilisco incorpora elementos de estos géneros en una trama ambientada en la geografía valenciana que pretende acelerar las pulsaciones del lector, y la novela juvenil puede ser una vía para aprender historia fuera del aula. La novela juvenil histórica puede ser una forma de vivir la historia, de conocer nuestro pasado a la vez que se disfruta de la emoción de una aventura”, aseguró.

Sobre su novela, indicó que “se sitúa a inicios del siglo XIV, en un Reino de Valencia convulso, donde los conflictos nobiliarios, las amenazas externas y los peligros sobrenaturales forman parte del día a día. Un grupo de jóvenes emprende un viaje lleno de riesgos que los llevará desde Xàtiva hacia el sur, atravesando enclaves emblemáticos del territorio valenciano”. La trama combina “torneos, conspiraciones, magia y criaturas legendarias, culminando en el enfrentamiento con el basilisco, símbolo del peligro supremo. Es una obra que propone al lector una experiencia inmersiva donde la aventura se mezcla con el descubrimiento personal y el amor”, concluyó no sin antes afirmar que “este libro no existiría sin los cuentos de Enric Valor, sin los estudios de folclore, sin las leyendas y los parajes del País Valenciano. Los valencianos tenemos un patrimonio natural y cultural que es materia prima para novelas como ésta”, aseveró.

El gran protagonista de la noche

Por último, se daba a conocer al ganador del Premi Carmelina Sánchez-Cutillas de Novela y Prosa Creativa, galardón que tiene la mayor dotación con 5.000 euros sufragados por la Fundació Caixaltea. El premio recayó en la obra Tot allò que fa viure, de Enric Balaguer Pascual, valorada por el jurado por ser “una obra profundamente introspectiva que mezcla reflexión académica, memoria personal y mirada crítica sobre el presente”. De entregarle al ganador el trofeo La mà del sol, escultura realizada por Pepe Azorín, se encargó el presidente de Caixaltea, Ignacio Ortiz, quien antes señaló que “esta noche celebramos el talento, la sensibilidad y la palabra. Pero también es una noche para el reconocimiento y la memoria”.

Ortiz puso en valor “el trabajo institucional y el compromiso de Caixaltea y su Fundación con nuestra cultura y nuestra lengua apoyando a proyectos como estos Premis Altea que defienden estos valores, pero también con otros proyectos culturales, sociales y deportivos. Una colaboración que nace de la voluntad de devolver a nuestra sociedad buena parte del crecimiento que nos da”.

El presidente de Caixaltea aseveró que los Premis Altea no son solo un reconocimiento a la excelencia literaria, sino una celebración del talento creativo y un estímulo al emprendimiento cultural”. Y concluyó afirmando qu “es en noches como esta cuando somos conscientes más que nunca de la importancia de tener en casa una entidad financiera propia como es Caixaltea”.

Tras recibir el premio, Enric Balaguer, que ha dedicado su vida al estudio de la literatura catalana contemporánea, reivindicó el poder de los libros “como fuente de felicidad y conocimiento”. Profesor de literatura catalana en la Universidad de Alicante desde 1984, Balaguer ha desarrollado una extensa trayectoria como ensayista y estudioso de la literatura contemporánea, con especial interés en la llamada “literatura del yo”. Ha investigado autores como Joan Fuster, Mercè Rodoreda o Vicent Andrés Estellés, y ha publicado numerosos ensayos premiados.

El ganador indicó que Tot allò que fa viure está escrita en el contexto de mi jubilación como profesor universitario, y que esta “se articula como un conjunto de apuntes existenciales que abordan desde la literatura hasta las inquietudes vitales, bajo la influencia del pensamiento de Michel de Montaigne que atraviesa la obra como referencia central asemejándose a un franciscano que se encomienda a san Francisco, el fundador de la orden. La cosa puede ir entre la oración y el homenaje, la invocación y la devoción. Por eso la obra llevada como subtítulo «A la sombra de Montaigne»”, apostilló.

El autor contó que “a través de anotaciones, con reflexiones sobre la docencia, la evolución de la universidad, la literatura y la vida cotidiana, el libro se convierte en un ejercicio de introspección marcado por el paso del tiempo, la memoria y una cierta conciencia de pérdida”, y destacó “la doble satisfacción de recibir un premio prestigioso vinculado al nombre de Carmelina Sánchez-Cutillas, cuya obra Matèria de Bretanya es un referente cercano y fundamental”.

Reivindicando el papel de la Acadèmia Valenciana de la Llengua

La gala la clausuró el alcalde de Altea, Diego Zaragozí, haciendo un resumen de los diez años de estos premios y de como nacieron cuando él era el concejal de Cultura, el alcalde era Jaume Llinares, y el presidente de Caixaltea era José Miguel Cortés. “A todos nos convenció Joan Borja tomando un café sobre la importancia de crear estos premios que han llegado a ser un referente de las letras contemporáneas valencianas”.

Zaragozí agradeció la colaboración de todas las entidades que se han unido al Ayuntamiento de Altea en este proyecto, “desde el Colegio Oficial Valenciano de Bibliotecarios a la Diputación Provincial de Alicante, pasando por la Generalitat Valenciana, las universidades de Alicante y Elche, la Fundació Caixaltea o la Acadèmia Valenciana de la Llengua”.

Por otro lado, el alcalde destacó el trabajo del personal de la Acadèmia y, concretamente, el de su presidenta Verónica Cantó “que este será su último año en el cargo, por lo que una parte muy importante de mi intervención se la dedico a ella y a la entidad que representa”. Al respecto, Zaragozí agradeció la labor cultural “que se hace desde la entidad”, y manifestó “mi disgusto, como político, de ver que la política es incapaz de dejar trabajar a las personas que tienen la preparación para hacerlo. Desde aquí denuncio el intento de asfixia que están padeciendo, y me reitero en mi apoyo a Verónica y sus compañeros de la Acadàmia”, apostilló.

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