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Aprendizaje, creatividad y acción: la Escuela del Mar de Altea se pone en marcha

El proyecto que une arte, educación y compromiso social para crear conciencia ambiental crece en adeptos

Aprendizaje, creatividad y acción: la Escuela del Mar de Altea se pone en marcha

Aprendizaje, creatividad y acción: la Escuela del Mar de Altea se pone en marcha / INFORMACIÓN

La Escuela del Mar nace de una idea sencilla pero poderosa: transformar la creatividad y la colaboración en una herramienta real de cambio. Todo comenzó con un pequeño grupo de personas a partir de una conversación en la que surgió la inquietud de hacer algo útil, tangible y con impacto positivo, utilizando el arte como vehículo para generar conciencia y apoyo a causas medioambientales. Desde esa semilla, el proyecto con plaza en Altea la Vella fue aumentando de manera transversal hasta llegar hoy a interesar a más de cuarenta niños además de adultos y un nutrido grupo de artistas que colaboran para darle soporte económico a la aventura.

En realidad la Escuela del Mar (Esmar) no deja de ser eso, una aventura que reúne a sus fundadores, dos alemanes y una belga que eligieron hace decenas de años vivir en España y dar sentido a sus conciencias implicando a los alteanos.

El proyecto tomó forma como una iniciativa destinada a recaudar fondos a través de exposiciones artísticas y colaboraciones locales. Bajo ese primer impulso, se buscaba contribuir a la protección del mar y del entorno natural. Sin embargo, con el paso del tiempo, surgió la necesidad de ir más allá, no solo apoyar causas existentes, sino crear una estructura propia que permitiera actuar de forma directa, transparente y con un propósito educativo claro.

El Círculo de Artistas creado por Berty Overhues, tomaba así una nueva dimensión desde la finca restaurante Melitón de Altea la Vella, pero con clara aplicación en Altea y se dirigía al cercano mar para enseñar a los niños a protegerlo de cara su propio futuro.

Así nació la Escuela del Mar, un trazado independiente que pone el foco en la educación ambiental de los más jóvenes como motor de cambio a largo plazo. Su filosofía se resume en la idea central de “sembrar educación para cosechar responsabilidad”.

El proyecto dio sus primeros pasos con una acción solidaria que marcó el inicio de su actividad educativa. En ella, niños y niñas participaron en talleres sobre contaminación marina, donde pudieron aprender de forma dinámica y adaptada a su edad el impacto de los residuos en el mar. Esta experiencia no se limitó al aprendizaje teórico, sino que se complementó con acciones reales como limpiezas de playas y actividades de sensibilización en espacios públicos.

Conciencia en acción

Aquí cabe el sentido de la acción que estimula a la asociación y que quiere ser fiel reflejo en los niños con limpieza de entornos pero también con una manifestación donde las futuros adultos reivindican con sus pancartas la protección del mar y el respeto al medio ambiente, en definitiva una propuesta pragmática de sensibilización para los menores que aprenden realidades tangibles.

El trío fundador lo completan la belga Cindy Beeren y la alemana Helena Steepen. En esta internacionalidad participan también los alteanos nativos que, según Cindy “colaboran activamente”. La motivación es la conciencia colectiva y tal como describe Helena “fuimos tomando conciencia de que cuando las personas se unen, se pueden lograr grandes cosas”.

La creatividad también jugó un papel fundamental desde el primer momento, de tal manera que actuó de vaso comunicante desde los artistas consolidados a los aspirantes infantiles. A través de actividades artísticas, los niños elaboran objetos y mensajes con los que expresan su visión sobre la protección del mar. “Esta combinación de educación, juego y expresión sigue siendo hoy la base del proyecto, aprender haciendo, sintiendo y participando”, recalcan las impulsoras.

Espacios para la conexión con la naturaleza

Por ello uno de los pilares de la Escuela del Mar es su capacidad para conectar diferentes ámbitos. El arte, la educación y la acción social se unen para crear experiencias que van más allá del aula tradicional. “Los talleres se plantean como espacios abiertos donde los niños no solo adquieren conocimientos, sino que desarrollan una conexión emocional con el entorno natural”, explican.

En este sentido, el proyecto busca que los participantes entiendan el valor del mar no solo como recurso, sino como parte esencial de su entorno y de su futuro. Se trata de despertar una conciencia que perdure en el tiempo, fomentando actitudes responsables desde la infancia.

La colaboración es otro de los elementos clave. La iniciativa cuenta con el apoyo de un equipo comprometido que trabaja en la organización, la comunicación y la coordinación de las actividades. Además, se impulsa la participación de un colectivo artístico que contribuye activamente tanto en exposiciones solidarias como en talleres educativos, aportando una dimensión creativa y cultural al proyecto.

Actualmente, Esmar está desarrollando un programa anual que combina diferentes formatos con actividades que incluyen talleres creativos con temática marina, dinámicas interactivas, colaboraciones con centros educativos y experiencias prácticas en contacto con el entorno natural.

El objetivo es ofrecer un aprendizaje completo y por ello, se están incorporando progresivamente nuevas iniciativas al aire libre, como excursiones y actividades de concienciación, que permiten a los niños experimentar de primera mano la importancia de cuidar el medio ambiente.

Además, el proyecto sigue creciendo y evolucionando, con la intención de ampliar su alcance y consolidarse como un referente en educación ambiental en la comarca con personas, empresas e instituciones que se van sumando.

Exposición y encuentro artístico

En el apartado de arte hay un referente de artistas consolidados que colaboran activamente para dinamizar el sentido artístico de los pequeños aspirantes, con talleres de pintura y similares. Además, una larga lista de pintores, casi una cuarentena, siguen creando para las exposiciones. Los próximos 18 y 19 de abril será la próxima en la finca Melitón donde el 50% de la recaudación de la venta será donada a la asociación. Los recursos se destinan a su vez íntegramente a la creación y desarrollo de actividades educativas.

El proyecto global parece que va para largo porque como dicen sus promotores “más allá de los talleres y actividades, la verdadera misión es generar un cambio de mentalidad; se trata de formar a una generación que no solo entienda la importancia de proteger el mar, sino que se sienta parte activa de esa responsabilidad”.

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