Altea recompone su imagen más icónica: la silueta histórica del casco antiguo vuelve a completarse tras más de 20 años
La reconstrucción de la Casa de las Dos Torres, tras dos años de obras, no solo restaura el perfil urbano visible desde el mar, sino que saca a la luz hallazgos arqueológicos que reescriben la evolución de la ciudad

Altea recupera su silueta con la reconstruccion de la Casa de las Dos Torres (a la derecha) / Diego Coello Calvo
Altea ha recuperado una de sus imágenes más reconocibles. La reconstrucción de la histórica Casa de las Dos Torres, en la calle Santa Bárbara del casco antiguo, ha devuelto al pueblo una pieza clave que llevaba más de dos décadas ausente, cerrando así una fractura visual que marcó durante años la identidad del municipio.
Pocas localidades mediterráneas dependen tanto de su silueta como Altea. Su perfil blanco escalonado, coronado por la iglesia de Nuestra Señora del Consuelo y visible desde la bahía, constituye una de las estampas más fotografiadas de la Costa Blanca. Sin embargo, desde la demolición del edificio en 2001, ese paisaje había quedado incompleto. La ausencia de los característicos torreones rompía la continuidad del conjunto histórico, generando un vacío perceptible tanto para vecinos como para visitantes. Ahora, tras dos años de obras, esa imagen vuelve a estar íntegra.
La actuación, dirigida por el arquitecto Juan Rojo Ferrer y el aparejador Bernat Zaragozí i Sastre, en coordinación con el Ayuntamiento de Altea y los organismos de Patrimonio de la Comunidad Valenciana, ha tenido un objetivo claro: restituir fielmente el volumen, la posición y los elementos más representativos del edificio original. Esta reconstrucción se enmarca dentro del ámbito del Baluarte y Recinto Renacentista, declarado Bien de Interés Cultural (BIC) con categoría de Conjunto Histórico en junio de 2013, un emplazamiento clave en el sistema fortificado levantado a principios del siglo XVII tras la Carta Puebla de 1617, origen de la Altea moderna.
Una reedificación para recuperar el alma del paisaje alteano
Impulsada inicialmente por Construcciones Lantegui S.A. y culminada por Cúpulas Properties SOCIMI S.A., el resultado no es una reinterpretación contemporánea, “sino una reedificación rigurosa que devuelve al conjunto urbano su equilibrio original”, según declara Rojo Ferrer. En este sentido, el arquitecto ha señalado este viernes que “los torreones, elementos más emblemáticos del edificio, vuelven a formar parte del perfil visible desde el mar, restituyendo una silueta que define la identidad visual de Altea” y ha añadido que “en cuanto a su materialidad, el edificio respeta las ordenanzas del casco antiguo: fachadas encaladas, carpintería de madera, cubiertas de teja cerámica y elementos metálicos de estética tradicional, logrando una integración armónica en el paisaje urbano. La intervención no ha supuesto ampliaciones respecto al volumen original, sino que se han recuperado fielmente los elementos constructivos y las proporciones del edificio previo a su demolición”, ha recalcado.
Juan Rojo ha explicado que el edificio “se desarrolla en cinco niveles, incluyendo un sótano abierto hacia la Bahía de Altea y la Serra Gelada, y una planta superior donde se ubican la cambra y los torreones. La intervención respeta las ordenanzas del casco antiguo: fachadas encaladas, carpinterías de madera, cubiertas de teja cerámica y elementos metálicos de estética tradicional, logrando una integración natural en el entorno”, ha resaltado que la ejecución, llevada a cabo durante dos años, “ha supuesto un importante reto técnico debido a la compleja accesibilidad de la parcela, resolviéndose sin el uso de grúas convencionales mediante una planificación precisa y soluciones constructivas adaptadas al entorno histórico” y ha adelantado que el edificio “será un hotel-boutique con encanto de diez habitaciones y con espacios comunes como recepción, salón y un bar-cafetería en donde el diseño interior apuesta por un equilibrio entre la conservación del carácter histórico y el confort contemporáneo, ofreciendo un alojamiento singular integrado en su entorno”.

La Casa de las Dos Torres renace para convertirse en hotel / Diego Coello Calvo
El hallazgo inesperado: una ciudad enterrada bajo la actual
Pero si la intervención ha sido relevante en superficie, bajo tierra ha adquirido una dimensión aún mayor. La excavación arqueológica previa a la obra ha sacado a la luz vestigios que permiten comprender mejor la evolución histórica del enclave y se ha recuperado una moneda de dieciséis maravedíes fechada en 1661. Rojo ha indicado que el proceso se ha desarrollado “con el asesoramiento especializado de Juan Vicente Martín Devesa, garantizando así el rigor técnico y patrimonial de la actuación”.
Al respecto, Rojo ha manifestado que uno de los aspectos más relevantes del proyecto ha sido “la intervención arqueológica previa, desarrollada por el equipo formado por Jorge Blázquez Martínez, Alejandro Pérez Prefasi, Vicente Iglesias Pardo y Suyeni Díaz Alfonso. Gracias a las excavaciones hemos podido comprender mejor la evolución histórica del conjunto y también identificar elementos de gran interés, como un vano de ventana situado a unos dos metros por debajo del nivel actual de la calle, lo que evidencia que el trazado original de Santa Bárbara se encontraba varios metros más bajo y que las antiguas plantas principales pasaron a convertirse en sótanos”.
Asimismo, se ha documentado el uso del espacio subterráneo “con funcionesdomésticas y productivas, vinculadas a actividades cerámicas, donde se decoraban y esmaltaban piezas —principalmente en tonos blancos y azules del siglo XVIII— procedentes de hornos cercanos [de ahí que el barrio se denomine El Fornet]. Entre los hallazgos destaca también la localización de una moneda de dieciséis maravedíes de Felipe III del siglo XVII fechada en 1661, así como la identificación de materiales constructivos procedentes de la cantera de Bellaguarda. Estos estudios han aportado un valioso conocimiento sobre la evolución del enclave”, ha aseverado el arquitecto tras destacar que “la integración de los restos de bóvedas renacentistas conservadas en el subsuelo ha sido cuidadosamente consolidada e incorporada al diseño, con lo que esta intervención refleja una concepción de la arquitectura como continuidad histórica, respetando las huellas del pasado”.

Articulo sobre el derribo de la Casa de las Dos Torres (23 07 2001) / INFORMACIÓN
Una herida urbana que por fin se cierra recuperando la silueta del pueblo
La reconstrucción de la Casa de las Dos Torres, cuya edificación original es del siglo XIX, trasciende el ámbito arquitectónico. Supone la recuperación de una imagen que forma parte del imaginario colectivo de Altea y que durante más de veinte años permaneció incompleta. También da respuesta, con décadas de retraso, a las voces que en el verano de 2001 reclamaban una reconstrucción fiel del edificio tras su polémico derribo que marcó profundamente a la localidad.
Las hemerotecas del periódico INFORMACIÓN de los días 22, 23 y 25 de julio de aquel año recogen con detalle la polémica generada en torno al derribo del inmueble, una edificación incluida en el catálogo de edificios protegidos del Plan Especial de Rehabilitación Interior (PERI) y considerada uno de los elementos más característicos de la silueta alteana junto a la iglesia parroquial. El 22 de julio, el diario titulaba: “Un particular inicia el derribo de las dos torres árabes de Altea sin permiso”. Según la crónica, el propietario, Esteban Pérez Cabrera, comenzó la demolición del edificio alegando su avanzado estado de ruina y el riesgo de derrumbe, especialmente tras episodios de lluvias. El Ayuntamiento había incoado un expediente de ruina dos años antes, pero todavía no había concedido licencia de demolición en el momento de iniciarse los trabajos.
La intervención generó una fuerte reacción social y política. Diversas voces, como la del pintor José Díaz Azorín, reclamaron que el edificio fuera restaurado “hasta el mínimo detalle”, subrayando su valor como parte esencial del patrimonio cultural y visual del casco antiguo. Desde la oposición municipal también se cuestionó la actuación, insistiendo en que el derribo no debía haberse producido sin antes presentar un proyecto de restauración.
Un día después, el 23 de julio, el debate se intensificaba. Bajo el titular “Los historiadores exigen que se haga una restauración exacta del edificio”, expertos como el historiador Ramón Llorens defendían la necesidad de conservar el inmueble, cuya posible datación se situaba entre finales del siglo XVII y principios del XVIII. Llorens insistía en que las torres debían haber pasado a titularidad municipal y rehabilitarse sin alterar sus características originales. En esa misma jornada, desde el área de Urbanismo se apuntaba a la posibilidad de destinar el edificio a usos culturales o artísticos, e incluso convertirlo en un centro vinculado a la creación artística. Sin embargo, las negociaciones con la propiedad no prosperaron, a pesar de que el Ayuntamiento llegó a valorar su adquisición por unos 55 millones de pesetas (330.556 €), cifra a la que habría que sumar una importante inversión para su rehabilitación.
Y el 25 de julio, la postura del equipo de gobierno quedaba reflejada en el titular: “El PP no considera prioritaria la compra de la Casa de las Dos Torres”. El concejal de Urbanismo, Jacinto Mulet, defendía que no existía posibilidad técnica de recuperar el edificio y que su restauración supondría un coste elevado —estimado en unos 60 millones de pesetas (360.607 €)— sin garantías de viabilidad. El alcalde Miguel Ortiz firmó finalmente el decreto que autorizaba el derribo por motivos de seguridad, ante el riesgo de colapso sobre edificaciones colindantes.
Así, en pocos días, Altea perdió uno de sus perfiles arquitectónicos más reconocibles y la imagen de las dos torres desapareció del horizonte urbano, dejando un vacío especialmente visible desde el mar y profundamente arraigado en la memoria colectiva del municipio.
Más de dos décadas después, aquella herida urbana que durante años ha permanecido abierta en la memoria colectiva del municipio se cierra con esta actuación que no solo devuelve a Altea un edificio perdido, sino que restituye una pieza esencial de su identidad visual y patrimonial además de que el municipio devuelve coherencia al paisaje urbano y refuerza el valor patrimonial del conjunto histórico recuperando una de sus señas de identidad más reconocibles: su silueta frente al mar.
Suscríbete para seguir leyendo
- Terra Mítica reabre sus puertas con más de 30 atracciones y espectáculos para toda la familia
- Un menor británico nacido en España reclama su derecho a la residencia ante la justicia de Alicante
- El pueblo de Alicante al que solo puedes llegar tras atravesar un túnel en la roca: parece sacado de un cuento
- El Gobierno suspende cautelarmente la licitación del transporte en ambulancia de la Comunidad por un recurso interpuesto por Calp
- La reina de ‘Los Pajaritos’ vuelve a emocionar: Benidorm rinde homenaje a María Jesús, la artista que hizo bailar al mundo
- Cerca de 2.000 personas forman una cadena humana de 600 metros en Altea para defender la educación pública
- Una turista denuncia en redes que le robaron en Benidorm en 20 minutos tras dejar el balcón abierto en un cuarto piso
- La tecnología llega al cementerio de La Vila con visitas guiadas a través de su historia y sus personajes