La ruta de senderismo en Alicante que más brilla en primavera: fácil, circular y hasta con pozas de agua
El sendero discurre entre acequias, molinos y pasarelas de madera y es ideal para disfrutar en familia, ya que pueden hacerlo hasta los niños

Aitana Solera
Mayo es uno de los mejores meses del año para hacer senderismo en la provincia de Alicante. Las temperaturas suelen ser más suaves que en pleno verano, los días ya son largos y muchos paisajes de interior conservan todavía el atractivo de la primavera. Eso sí, antes de salir al monte conviene mirar siempre la previsión, porque la lluvia puede cambiar por completo el estado de las sendas y los pasos junto al agua.
Este domingo se presenta como una buena oportunidad para calzarse las zapatillas y preparar una excursión sencilla, siempre que se mantenga la previsión sin lluvias. En Sella, el pronóstico para el domingo 10 de mayo apunta a una jornada con sol por la mañana y nubes y claros durante buena parte del día, con temperaturas agradables que rondarán los 20 grados a mediodía. Con ese escenario, una de las propuestas más apetecibles para una salida familiar es la Ruta del Agua de Sella.
Ruta del Agua de Sella
La Ruta del Agua de Sella, señalizada como SL-CV 112, es uno de esos recorridos que combinan naturaleza, patrimonio y una dificultad asumible para casi todos los públicos. Se encuentra en la Marina Baixa, en un entorno montañoso situado a los pies de la Sierra de Aitana y a unos 40 kilómetros de Alicante. Es una excursión circular que suele hacerse en una mañana y que resulta especialmente recomendable en primavera, cuando el paisaje está más vivo y el agua, si las lluvias han acompañado, gana protagonismo en el recorrido. La ruta es un itinerario sencillo y familiar, con una distancia aproximada de entre 6,3 y 7,8 kilómetros según el punto de inicio y las variantes que se sigan.

Sella: el pueblo de Alicante con una ruta del agua ideal para hacer senderismo en primavera / INFORMACIÓN
Sella
El recorrido puede comenzar en la Plaza Mayor de Sella, aunque también es habitual dejar el coche en alguno de los aparcamientos públicos próximos al cementerio o en zonas habilitadas junto al acceso al casco urbano. Desde allí, las señales permiten seguir el trazado circular, que discurre en buena parte por caminos agrícolas asfaltados, pistas con poco tráfico y tramos de senda más estrecha junto al río. En una parte del itinerario se camina cerca de la carretera, por lo que hay que extremar la precaución, sobre todo si se va con niños pequeños. La ruta se puede completar en unas dos horas y media o tres horas, aunque el tiempo final dependerá del ritmo y de las paradas.
Caminar junto al agua
El nombre de la ruta no es casual. A lo largo del paseo aparecen acequias, balsas de riego, azudes, antiguos molinos, pequeños puentes y zonas donde el agua ha marcado históricamente la vida agrícola de Sella. El sendero permite entender cómo se distribuía un recurso escaso y valioso hasta las huertas,. También hay tramos muy atractivos junto al cauce, con vegetación de ribera, pozas, saltos de agua y pasarelas de madera que hacen el camino más entretenido. Entre los puntos destacados figuran la Font de l’Alcàntera, la Font Major, el Azud del Salt, el Pont Vell y el Molí de Baix, uno de los molinos que aún se conservan en el término.
Recomendaciones
Aunque es una ruta fácil, conviene prepararla como cualquier salida al monte. Lo recomendable es llevar calzado cómodo, ropa adecuada y, si el terreno puede estar húmedo, alguna prenda impermeable. Al tratarse de una ruta donde el agua está muy presente, no está de más meter en la mochila unos calcetines de repuesto, especialmente si se va con niños y existe la tentación de acercarse demasiado a las pozas o al cauce. También conviene llevar gorra, agua suficiente y algo de comida para reponer fuerzas.
La excursión puede completarse con una visita al pueblo de Sella, que merece una parada después de caminar. Su casco antiguo conserva calles estrechas y empedradas, casas blancas y rincones tranquilos que invitan a pasear sin prisa. La Plaza Mayor, la Iglesia de Santa Ana y los bares del centro son buenos lugares para descansar o probar la gastronomía local. También existe una zona de merenderos para quienes prefieran llevar comida de casa. Y si quedan fuerzas, se puede subir hasta las ruinas del castillo, una antigua fortaleza del siglo XII desde la que se obtiene una panorámica del valle y de las montañas que rodean la localidad.
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