El pueblo de Alicante al que solo puedes llegar tras atravesar un túnel en la roca: parece sacado de un cuento
Se trata de uno de los enclaves más espectaculares de la provincia, con castillo, casas blancas, murallas, miradores y un embalse de aguas turquesa

Santiago Alonso
Hay lugares que parecen difíciles de creer hasta que uno los ve de cerca. Pueblos levantados sobre la roca, calles estrechas que conservan el aire de otra época, miradores que se asoman a valles imposibles y paisajes que parecen más propios de una postal que de una localidad real. Son esos rincones que llenan los álbumes de viaje, aparecen una y otra vez en Instagram y terminan ocupando un lugar destacado en los catálogos turísticos.
En España abundan estos enclaves que parecen diseñados para detenerse, mirar y hacer fotos desde cada esquina. Algunos se han hecho famosos por sus casas blancas, otros por sus castillos, sus callejuelas medievales o sus vistas al mar. Pero hay pueblos que reúnen varios de esos atractivos en muy pocos metros: patrimonio, naturaleza, historia y una estampa tan reconocible que basta una imagen para identificar el lugar.
Guadalest
Para disfrutar de uno de esos escenarios no hace falta irse muy lejos. En la provincia de Alicante se encuentra Guadalest, uno de los pueblos más conocidos y fotografiados de la Comunidad Valenciana. Situado entre montañas, en plena Marina Baixa, este pequeño municipio se ha convertido en parada casi obligada para quienes buscan una escapada con encanto, vistas espectaculares y un casco histórico que parece suspendido sobre la piedra.
Guadalest aparece de forma habitual en los listados de los pueblos más bonitos de España, y motivos no le faltan. Su imagen más característica es la del núcleo histórico encaramado sobre la roca, con el embalse de aguas turquesas a sus pies y las sierras rodeando el valle. El conjunto combina casas encaladas, tejados de teja, restos defensivos, miradores y un acceso que ya anticipa que el visitante está entrando en un lugar especial: un túnel excavado en la propia roca que conduce al interior del recinto amurallado.

El Castell de Guadalest fue declarado conjunto histórico-artístico. / INFORMACIÓN
Castillo
La historia del pueblo se remonta a más de mil años. El Castillo de San José, de origen árabe y fechado en el siglo XI, se levanta en la parte más alta de la localidad y recuerda la importancia estratégica que tuvo este enclave durante siglos. Aunque hoy se conservan sus restos, su posición sigue siendo uno de sus grandes atractivos. Desde allí se obtienen algunas de las mejores vistas del valle, del embalse de Guadalest y de las montañas que rodean el municipio, entre ellas Aitana, Bèrnia, Serrella y Xortà.
Centro histórico
Pasear por su centro histórico es una de las principales razones para visitarlo. Tras atravesar la puerta de la muralla excavada en la roca, el recorrido conduce a calles estrechas, rincones empedrados, pequeñas plazas y edificios que conservan el sabor medieval del conjunto. La Casa Orduña, antigua casa nobiliaria vinculada a una de las familias más importantes de Guadalest, permite conocer mejor la historia local y sirve además como acceso al castillo. También destacan la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción y la antigua cárcel del siglo XII, situada en los bajos del ayuntamiento, uno de los espacios más curiosos del casco urbano.
Museos
A pesar de su pequeño tamaño, Guadalest cuenta con una oferta cultural muy llamativa. El visitante puede encontrar museos poco habituales, como el museo de microminiaturas, el museo de vehículos históricos, el de casas de muñecas o el de saleros y pimenteros. También hay espacios dedicados a la historia, a la vida tradicional y a colecciones que sorprenden precisamente porque no se esperan en un pueblo de estas dimensiones.
Embalse
Otro de sus grandes atractivos es el entorno natural. El embalse de Guadalest, situado a los pies del pueblo, completa una de las estampas más fotografiadas de la provincia. Sus aguas de color intenso, rodeadas de montañas, forman un paisaje perfecto para quienes buscan algo más que una visita urbana. En los alrededores se pueden realizar rutas de senderismo y recorridos en bicicleta, con itinerarios sencillos que permiten contemplar el pueblo desde otra perspectiva. Una de las opciones más conocidas es la ruta circular alrededor del pantano, de unos diez kilómetros y con escaso desnivel, apta para hacer sin prisas y disfrutar de las vistas.
La visita puede completarse con una parada en sus miradores, desde donde se entiende por qué Guadalest aparece una y otra vez en guías, reportajes y recomendaciones de escapadas. El contraste entre la piedra, las casas blancas, el azul del embalse y el perfil de las sierras crea una imagen difícil de olvidar. No es solo un pueblo bonito: es un lugar en el que el paisaje y la arquitectura parecen formar parte de la misma escena.
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