Laia y Tristán, alicantinos campeones del mundo de baile deportivo: "Detrás de dos minutos bailando hay miles de horas de entrenamiento"
Compaginan los entrenamientos con clases y espectáculos en hoteles de Benidorm para costear una carrera deportiva que les ha llevado a conquistar el Mundial Sub-21 de bailes latinos

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Con apenas 20 años, Laia Rebollar y Tristán Cánovas ya han alcanzado la cima de su deporte. La pareja- él nacido en Alicante y ella en Polop de la Marina- acaba de proclamarse campeona del mundo Sub-21 de bailes latinos en Dublín, un éxito que culmina años de sacrificios, entrenamientos y renuncias para dos jóvenes que han convertido una pasión infantil en una profesión y un proyecto de vida compartido.
Porque Laia y Tristán son pareja dentro y fuera de la pista. Una circunstancia que, lejos de complicar la convivencia, aseguran que les ayuda a entenderse mejor. Pasan prácticamente todo el día juntos entre entrenamientos, clases, viajes y actuaciones. De hecho, bromean con que su principal problema como novios es precisamente la falta de tiempo para ejercer como tales.
Su historia comenzó de manera muy distinta. Laia prácticamente nació bailando. Su madre, profesora de danza, le transmitió desde muy pequeña el amor por esta disciplina. "Con ocho años ya competía", recuerda. Tristán, en cambio, llegó al baile casi por accidente. Sus padres decidieron apuntar a él y a su hermano a clases de baile de salón para compartir una actividad en familia. A él la idea no le entusiasmaba demasiado porque prefería jugar al fútbol, pero la pasión que mostró su hermano le animó a dar una segunda oportunidad a aquella experiencia. Nunca imaginó que acabaría convirtiéndose en campeón del mundo.
Ambos comenzaron compitiendo con otras parejas hasta que sus caminos se cruzaron cuando tenían 16 años. Conscientes de que podían llegar lejos, decidieron apostar por una formación de máximo nivel y se trasladaron a Barcelona para entrenar en la que consideran la mejor escuela de baile deportivo del país. Aquella decisión marcó un punto de inflexión en sus carreras.
Deporte exigente
Actualmente entrenan en Alicante bajo la dirección de un técnico italiano que también fue campeón del mundo, una referencia internacional que les ayuda a seguir creciendo en una disciplina donde la excelencia técnica resulta imprescindible.
Aunque para muchos sigue siendo una actividad poco conocida, el baile deportivo es una especialidad enormemente exigente. Existen dos grandes modalidades: estándar y latino. Laia y Tristán compiten en la segunda, que engloba cinco bailes diferentes: samba, cha-cha-cha, rumba, pasodoble y jive.
La pregunta sobre si el baile deportivo es arte o deporte genera respuestas distintas en la pareja. Para Laia predomina la dimensión artística. Considera que el baile es una forma de expresión que permite transmitir emociones a través de la música. Sin embargo, reconoce que detrás de esa aparente facilidad existe una preparación física comparable a la de muchos deportistas de élite.
Tristán, por su parte, pone más énfasis en el componente deportivo. Destaca la importancia de la competición, la preparación física y la capacidad de superación constante. Aun así, admite que sin la parte artística el baile perdería gran parte de su esencia.
Fuerza, resistencia y velocidad
La exigencia física es, de hecho, uno de los aspectos menos conocidos de esta disciplina. Fuerza, resistencia, velocidad y capacidad cardiovascular forman parte de la rutina diaria de entrenamiento. En los grandes campeonatos internacionales pueden arrancar cerca de 200 parejas y únicamente seis alcanzan la final. Eso implica superar hasta ocho rondas eliminatorias consecutivas. En cada una deben ejecutar los cinco bailes de la modalidad durante dos minutos cada uno, manteniendo la intensidad, la precisión técnica y la expresividad desde el primer segundo hasta el último.
A diferencia de otros deportes, el baile deportivo incorpora además un importante componente subjetivo. Los jueces valoran aspectos técnicos muy definidos, pero “no existe una estructura tan cuantificable como en disciplinas como el fútbol”, explica Tristán. La interpretación, la conexión entre los bailarines o la presencia escénica también influyen en la puntuación final, algo que añade complejidad a la competición.
Conexión de pareja y roles
La conexión es precisamente una de las claves del éxito de la pareja. Ambos coinciden en que se entienden muy bien tanto a nivel personal como profesional, aunque reconocen que en los entrenamientos y las competiciones surgen discrepancias. Cada uno tiene su propia visión sobre determinados aspectos coreográficos o técnicos y eso provoca debates e incluso algún choque ocasional.
En el baile deportivo tradicional, explican, existe una distribución de roles bastante definida. Habitualmente es el hombre quien dirige y marca las indicaciones, mientras que la mujer asume el papel más vistoso y llamativo para el público. Sin embargo, Laia subraya que el éxito nunca depende de una sola persona. De hecho, asegura que “una bailarina solo puede brillar realmente cuando existe una conexión perfecta con su compañero”.
El camino hasta la élite tampoco ha sido sencillo desde el punto de vista económico. El baile deportivo es una disciplina costosa. Las clases especializadas, los entrenadores internacionales, los desplazamientos a competiciones, el alojamiento o la preparación física suponen una inversión constante. A ello se suma el vestuario, especialmente en el caso de las mujeres, donde los trajes pueden alcanzar precios muy elevados. Los tacones, los maquillajes corporales para definir la musculatura forman parte de un utillaje nada barato y que se enfocan en una imagen impecable en las competiciones.
Precisamente la carestía de esta carrera les ha llevado a combinar su competición con el baile como medio de vida. Imparten clases gracias al espacio cedido por el Ayuntamiento de Polop de la Marina y durante buena parte del año realizan actuaciones profesionales. En verano, prácticamente cada noche participan en espectáculos en hoteles de Benidorm. Además, cuentan con el apoyo de algunos patrocinadores que les ayudan a afrontar determinados gastos.

La pareja de campeones alicantinos, en plena acción. / INFORMACIÓN
A pesar de sus éxitos, consideran que el baile deportivo sigue siendo un gran desconocido en España. Mientras que en la categoría profesional apenas existen tres parejas españolas compitiendo al máximo nivel, en países como China, Rusia, Ucrania, Italia o Estados Unidos la base de practicantes es mucho mayor y el nivel competitivo resulta extraordinariamente alto.
Precisamente por ello, el título mundial conseguido en Dublín adquiere todavía más valor. Para ambos representa la culminación de años de esfuerzo y también de importantes renuncias personales. La vida social, los planes con amigos o muchas experiencias habituales durante la juventud han quedado en segundo plano. Su círculo más cercano gira hoy en torno al baile.
Sin embargo, aseguran que volverían a recorrer exactamente el mismo camino. Porque detrás de cada entrenamiento, de cada viaje y de cada sacrificio estaba el mismo objetivo: convertirse algún día en campeones del mundo.
Ese sueño que comenzaron a perseguir cuando eran apenas unos niños ya es una realidad. Y todo indica que la historia de Laia Rebollar y Tristán Cánovas todavía tiene muchos capítulos por escribir sobre las pistas de baile de todo el mundo.
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