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Un desprendimiento de grandes rocas en la playa de La Solsida de Altea reabre el debate sobre la seguridad en la zona

El Ayuntamiento recuerda que el acceso permanece prohibido desde hace más de un año y pide a la ciudadanía que respete el vallado mientras Costas sigue pendiente de actuar en el acantilado

Señalizacion de desprendimientos y vallado de prohibicion de acceso a la playa de La Solsida, en Altea

Señalizacion de desprendimientos y vallado de prohibicion de acceso a la playa de La Solsida, en Altea / Policia Local de Altea

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Un gran estruendo sin consecuencias personales. Un importante desprendimiento de rocas registrado sobre las 14:00 horas de este miércoles en el acantilado de la conocida playa de La Solsida (derrumbe en valenciano) de Altea, volvió a poner de manifiesto el riesgo que presenta este tramo del litoral. El desprendimiento se produjo en una zona restringida y señalizada situada entre la playa canina y el puerto deportivo Luis Campomanes, bajo la urbanización La Galera.

A pesar de la espectacularidad del derrumbe, no hubo que lamentar daños personales según han informado este jueves desde la Policía Local, cuyas fuentes han señalado que la única persona que se encontraba en el área afectada “había accedido al lugar saltando las vallas de seguridad instaladas por el Ayuntamiento”, y que esta “estaba bañándose en el mar en el momento en que se desprendieron las rocas, circunstancia que evitó consecuencias mucho más graves, aunque todas sus pertenencias quedaron sepultadas bajo las piedras”.

Por otro lado, el fuerte estruendo provocado por la caída de las rocas alarmó tanto a los bañistas colindantes que se encontraban junto al puerto de Portosenso y en la playa canina como a los vecinos de las viviendas situadas sobre el acantilado en la urbanización La Galera.

Una zona cerrada al público desde hace más de un año

La concejala de Playas, Aurora Serrat, ha indicado este jueves que el Ayuntamiento “mantiene cerrada esta zona desde hace más de un año debido al riesgo de desprendimientos”. Según ha explicado la edil, el Consistorio instaló “en su momento” un vallado “de protección y señalización preventiva” para impedir el acceso “a los sectores más peligrosos del acantilado”. Además, durante este verano “se ha reforzado tanto el vallado como el balizamiento y la cartelería, mientras que el servicio de socorrismo advierte diariamente a las personas que intentan acceder de que se trata de un espacio expresamente prohibido”.

Serrat ha insistido en que “las vallas no son orientativas sino que delimitan una zona de peligro real”, por lo que ha apelado a la “responsabilidad ciudadana” para evitar situaciones de riesgo. “La señalización no es una recomendación, sino una prohibición. Saltarse el vallado supone poner en peligro la propia vida”, ha subrayado la responsable municipal, quien ha pedido que se respeten “estrictamente todas las indicaciones de seguridad”.

Desprendimiento de rocas en la playa de La Solsida, en Altea

Desprendimiento de rocas en la playa de La Solsida, en Altea / Policia Local de Altea

Costas sigue pendiente de intervenir en el acantilado

La concejala de Playas ha recordado que las medidas de protección instaladas “tienen carácter provisional” y ha informado que el Ayuntamiento “se mantiene a la espera de que la Demarcación de Costas ejecute una actuación definitiva sobre el acantilado”.

En este sentido, Aurora Serrat ha afirmado que el Consistorio “considera necesaria la colocación de mallas metálicas de contención que permitan reducir el riesgo de nuevos desprendimientos en esta zona del litoral alteano, una actuación cuya competencia corresponde a Costas”. Mientras tanto, el acceso “continuará restringido para garantizar la seguridad de los usuarios”, ha apostillado.

Un fenómeno geológico que se repite periódicamente

Según ha explicado Aurora Serrat, este tipo de desprendimientos “forman parte de la evolución natural del acantilado”, y suelen producirse “aproximadamente una vez al año como consecuencia del desgaste de la roca y de procesos geológicos”.

La concejala ha recordado que el año pasado también se registró un episodio similar, “aunque ocurrió durante el invierno, cuando la playa permanecía prácticamente desierta. En esta reciente ocasión del miércoles, el derrumbe se produjo en plena temporada estival, con una elevada afluencia de bañistas, lo que incrementó la preocupación pese a que finalmente no hubo víctimas”, ha aseverado.

El nuevo incidente vuelve a evidenciar la necesidad de extremar las precauciones en este enclave y de respetar las restricciones de acceso mientras no se acometan las obras de estabilización del acantilado. El Ayuntamiento insiste en que “ignorar la señalización puede tener consecuencias fatales” y recuerda que el vallado “responde exclusivamente a criterios de seguridad”.

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