El mundo acaba de descubrir su última maravilla, un lugar impresionante que permanecía oculto por estar considerado maldito. Su nombre es Madain Saleh y se encuentra en un lugar remoto del desierto en Arabia Saudita. Se trata de unos restos arqueológicos tan imponentes que han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y que constituyen la que fue la segunda gran ciudad del reino nabateo, equiparable a la mismísima Petra. Esta es la crónica de mi viaje a tan fascinante lugar.

Tumbas esculpidas en las laderas de un montículo en Madain Saleh Manuel Dopazo

Conocí de la existencia de esta maravilla mundial de Madain saleh, también conocida en Arabia Saudí como Hegra o Al Ula, en 2007 y por un suceso que no podía ser más negativo. Un comando terrorista acabó con la vida de 4 franceses mientras visitaban el lugar. Los asesinos, en su defensa durante el juicio adujeron que se trata de un lugar maldito según el Corán porque sus habitantes renegaron del Islamismo, lo que provocó la ira de Dios y un gran terremoto que la destruyó, es un relato similar al de la Biblia con las ciudades de Sodoma y Gomorra. Por ello, desde sectores integristas islámicos se rechaza la visita de este lugar.

Gigantesca roca con dos tumbas en Madain Saleh Manuel Dopazo

Un año después del atentado la Unesco declaró el sitio Patrimonio de la Humanidad, el primero de Arabia Saudita. La noticia se acompañaba con algunas fotos que ya me descubrieron la belleza y relevancia del lugar. Desde entonces hice algunas gestiones para poder visitarla con las pocas agencias de viajes saudíes pero todo fue inútil: Arabia Saudita era un país que no concedía visados turísticos salvo casos muy excepcionales y aislados. Por lo que parece, les bastaba con los millones de peregrinos que reciben anualmente desde todo el mundo para acudir a La Meca en cumplimiento de su obligada visita, al menos una vez en la vida, a la ciudad santa del Islam.

Tumba en un montículo caprichosamente decorado por la erosión Manuel Dopazo

Así se mantuvo la situación hasta que a comienzos de 2019 el gobierno saudí anunció una nueva política para promocionar el turismo en el país, enarbolando como principal atractivo la histórica ciudad de Madain Saleh. La covid paralizó estos planes pero finalmente, a partir de 2022, las puertas del país árabe se abrieron de par en par a los turistas, facilitando los visados en el propio aeropuerto de entrada y sin ninguna cortapisa a los viaje por libre por todo el territorio salvo la Meca a los no musulmanes. Inmediatamente me puse manos a la obra y hoy puedo decir, sin lugar a dudas, que fui uno de los primeros extranjeros que visité los impresionantes restos de la ciudad nabatea, oculta al mundo durante dos mil años.

Algunas de las 131 tumbas localizadas en Madain Saleh Manuel Dopazo

La entrada a Arabia Saudita, un país muy hermético para los no musulmanes u hombres de negocios hasta entonces, no me pudo resultar más sencilla: el visado lo obtuve en apenas 10 minutos a la llegada al aeropuerto de Jeda y desde allí conecté con un vuelo interior hasta Al Ula, el aeropuerto de la ciudad en cuyas cercanías está Madain Saleh. Jeda es el aeropuerto más internacional del país por su proximidad a La Meca pero en 2022 y hasta ahora sólo hay vuelos directos a Al Ula tres días a la semana. Es más sencillo conectar desde la capital, Riad, con un vuelo diario directo.

Peñascos moldeados por la erosión en Madain Saleh Manuel Dopazo

Llego al aeropuerto de Al Ula y con un taxi me dirijo al alojamiento, un apartamento-habitación ya que en Al Ula hay apenas tres hoteles, todos de lujo y el precio mínimo es de más de 300 euros la noche. Para visitar la zona arqueológica hay que desplazarse hasta el Winter Park, una gran plaza situada a unos 20 kilómetros de Al Ula, donde se adquieren las entradas y parten los autobuses que te llevan hasta las mismas ruinas, situadas a unos 5 kilómetros. Yo hice la reserva por internet. El precio ronda los 25 euros. Desde las mismas ruinas te montas en otro bus, más pequeño, con el que se recorre todo el recinto, a lo largo de unas dos horas y con cinco paradas en los puntos más relevantes. No se permiten visitas por libre y la única alternativa es recorrer la zona en un todoterreno de la propia organización pero a un coste desorbitado y no vale la pena ya que las paradas y el tiempo de visita son los mismos.

Panorámica de las formaciones geológicas desde el mirador de Al Ula Manuel Dopazo

Las ruinas de Madian Saleh te impresionan de inmediato, especialmente por su buen estado de conservación. El hecho de que fuera un lugar maldito para los musulmanes provocó que fuera abandonado y olvidado, lo que evitó su destrucción. La primera construcción que se contempla en la visita es la llamada "el castillo Solitario", la mayor tumba de las 131 existentes y la única aislada, esculpida en una impresionante roca de 22 metros de altura.

El Castillo Solitario es la tumba más famosa de Madain Saleh Manuel Dopazo

Muchas tumbas denotan su origen nabateo por su parecido con las existentes en Petra. Todas ellas están talladas en montículos de arenisca, destacando algunas por su decorativa portada. Al igual que en Petra, el interior de las tumbas es muy rudimentario. Madain Saleh se encuentra a más de 500 kilómetros de su ciudad hermana de Jordania, su ubicación se considera idónea para controlar la ruta del incienso, una actividad comercial que floreció hace dos milenios por estos lares.

Tumba de Madain Saleh similar a algunas de Petra Manuel Dopazo

Las tumbas se encuentran en montículos en pleno desierto rodeados de caprichosas formaciones de arenisca rojiza algunas impresionantes. La erosión de siglos en la zona ha provocado figuras caprichosas y junto a un grupo de tumbas de Madain Saleh se puede contemplar la Face Rock, así llamada por la perfección con la que ha quedado esculpido un rostro por la naturaleza.

La erosión ha marcado la silueta de una cara en Madain Saleh Manuel Dopazo

En Al Ula y su entorno hay muchas más cosas que ver además de las ruinas nabateas, por lo que aconsejo permanecer al menos dos días en la zona, tal como yo hice. Otra visita imprescindible es la llamada Roca elefante, un capricho de la acción climática, que ha tallado de forma natural, hasta darle una pronunciada forma de elefante, una gigantesca roca de 52 metros de altura. Es tal la afluencia de visitantes a la misma que en su entorno se ha constituido una zona de refrigerio en pequeñas hondonadas muy concurridas al atardecer, cuando el calor mengua, y apenas perceptibles desde la lejanía.

La Roca Elefante Manuel Dopazo

En estos inhóspitos parajes el gobierno saudí ha hecho una demostración de su poderío económico y ha construido un edificio tan singular que ya figura hasta en el libro Guinness de los records. Se trata de Maraya, una sala de conciertos en pleno desierto con forma de cubo geométrico totalmente recubierta de espejos hasta tal punto que en determinadas horas, como consecuencia de los reflejos solares, no resulta fácil contemplarla. Se construyó en 2018 ya con vistas a la promoción turística de Madain Saleh y era uno de los puntos que incluí en mi programa. Sin embargo, cuando pregunté en la oficina de turismo de Winter Park, donde se concentra toda la información y los organismos turísticos, me dijeron que el edificio solo se puede visitar cuando se celebra algún concierto o evento, cosa que no estaba prevista durante mis días de estancia. Además, me indicaron que también estaba cerrada la carretera de unos 3 kilómetros por la que se accede al edificio, por lo que este resultaba totalmente imperceptible ya que se encuentra oculto por formaciones rocosas. De todas formas, convencí al conductor que contraté para mis visitas, a base de insistir, para que se acercara hasta la vía de acceso. Efectivamente estaba cerrada por una valla y con un guardia de vigilante. La sensación de frustración en mí era tal que le dije al conductor que le rogara que nos dejara pasar sólo para poder contemplar el edificio aunque fuera de lejos. Finalmente el guardia transigió y nos dejó pasar con la condición de hacer el recorrido de ida y vuelta sin bajar y ni siquiera parar el vehículo. Así lo hicimos y así pude hacer alguna foto aunque fuera desde el coche en marcha. Maraya es el edificio con paredes de espejos más grande del mundo y así consta en el Guinness. Se utilizaron 9.740 paneles de espejos. Aquí han actuado desde Andrea Bocelli a Enrique Iglesias. El auditorio tiene capacidad para 500 espectadores y lo diseñó el estudio de arquitectura italiano “Gio Forma”.

Maraya, la sala de conciertos con paredes de espejo mayor del mundo Manuel Dopazo

También de imprescindible visita es la “Vieja Al Ula”, la pintoresca ciudad de adobe que acogió a los habitantes de la zona durante 800 años y que a mediados del pasado siglo fue sustituida por la más segura pero insustancial ciudad actual. En el interior de la vieja Al Ula se levanta una especie de fortaleza desde la cual se divisa una impactante panorámica del casi millar de casas de adobe, en forma de cubículos, que conformaban la histórica localidad.

Panorámica de la ciudad vieja de Al Ula con sus casas de adobe Manuel Dopazo

De la población saudí sólo puedo emitir halagos, ya que en todas las partes que visité del país, que fueron bastantes, fui recibido con hospitalidad e incluso amistad. Son muchas las anécdotas que podría contar al respecto pero recuerdo una en especial que me sucedió precisamente tras visitar la vieja ciudad de Al Ula y me dirigía a un mercado turístico repleto de comercios y restaurantes para cenar. Como me había quedado sin riales, la moneda local, pregunté si podía pagar con tarjeta pero pronto me advirtieron que en toda la ciudad sólo se admitía el pago en efectivo y en riales. Ni siquiera en euros o dólares, de los que también yo portaba algunos. También pregunté por un cajero pero en el único existente en la zona me fue imposible aclararme. Por lo que parecía, estaba condenado a quedarme sin cenar. Lo intenté por enésima vez en un último restaurante y cuando expresaba mi situación a un camarero, un saudí que escuchó mis quejas y entendía el inglés, se percató de mi situación se me acercó y me entregó un billete de cien riales, que al cambio son casi 30 euros. Me dijo que con ese dinero resolvería mi problema. Le insistí en cómo devolverle el dinero al día siguiente pero reiteró que era una cortesía de un saudí a un visitante extranjero. Con los cien dinares tuve más que suficiente para la cena. La casualidad quiso que al día siguiente me tropezara con él al visitar el mirador de Al Ula, situado en la cumbre de una montaña que domina la zona, a 17 kilómetros de la localidad, y desde la cual hay una vista panorámica excepcional de todo el entorno. Entonces yo ya disponía de riales e intenté devolvérselos, pero mi “amigo” saudí se negó en redondo a admitirlos. Como conclusión nos hicimos unas fotos y nos despedimos con un fuerte abrazo. Esta es sólo una de las muchas muestras de hospitalidad que recibí del pueblo saudí.

Con mi amigo saudí en el mirador de Al Ula Manuel Dopazo

Tras otras visitas también relevantes por la zona, incluyendo un inmenso y precioso palmeral de más de un millón de ejemplares conformando una especie de interminable pasillo intensamente verde que contrastaba con el entorno montañoso y desértico, dejé Al Ula y reanudé mi viaje por la Península Arábiga en dirección a Riad, la capital, para una parada de un par de días antes de alcanzar otra de las grandes metas de mi viaje, el sur del país limítrofe con Yemen, único lugar en el que se puede contemplar la singular tipología de viviendas del Yemen, con una estructura de varias alturas totalmente de adobe, algunas decoradas con cal o pintura blanca. El Yemen actualmente es imposible de visitar por el conflicto bélico en el que se encuentra desde hace años.

El inmenso palmeral de Al Ula Manuel Dopazo

En el sur de Arabia volé hasta Nazran y desde allí me dirigí a pequeñas aldeas fronterizas, algunas de las cuales habían sufrido recientes bombardeos en la guerra que ha enfrentado a Arabia y Yemen. No exagero si digo que por aquellos parajes apenas habían visto algún extranjero, hasta el punto de que eran muchos los lugareños que se asombraban de mi presencia y hasta me pedían posar junto con ellos para hacerse con el móvil fotos conmigo. Resulta que, en aquellos parajes, el personaje exótico era yo.

Preciosas casas de tipología yemení al sur de Arabia Manuel Dopazo

Del sur de Arabia puedo decir que me resultó fascinante y que no me encontré en los varios días que recorrí la zona con ningún occidental. De allí me desplacé en un largo viaje en autobús hasta la ciudad de Abha, también cercana al sur para poder contemplar Rijal Almaa, una ciudad también de tipología residencial yemení, y que ha sido bellamente restaurada. La singularidad de esta localidad es que fue construida con losas de basalto negruzco. Su belleza fue recompensada por la Unesco al incluirla en la lista tentativa del Patrimonio de la Humanidad en el año 2015 y es por eso que, aunque con cuentagotas, recibe algún turista extranjero. Se encuentra a 50 kilómetros de Abha. Para llegar a ella hay que recurrir a la única vía existente, una carretera de montaña muy estrecha y con pendientes de vértigo, que pone a prueba a cualquier conductor por experto que sea. Yo lo hice con un taxista que, afortunadamente, conocía bien el trazado pese a lo cual tuve que pedirle prudencia en varias ocasiones.

La bella ciudad de Rijal Almaa ensalzada por la Unesco Manuel Dopazo

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