Es un espectáculo gratuito y efímero que nos brinda la naturaleza en algunas zonas del mundo pero hay un lugar donde, a mi entender, alcanza el summum de la belleza gracias a la decisiva aportación de la mano del hombre. Me estoy refiriendo a la preciosa coloración que adquieren en otoño las hojas de los arces y otras especies en Japón y que la sensibilidad japonesa ha sabido acrecentar al máximo en sus parques, templos y jardines. Un viaje que hay que hacer, sí o sí, para ver uno de los mayores espectáculos del mundo.

El templo Kiyomizu con el follaje otoñal en Kioto Manuel Dopazo

Entre finales de octubre y primeros de diciembre, la floresta en muchos sitios de Japón se viste con sus mejores galas para regalar a la vista los colores rojos, naranjas y amarillos en todo su brillo y esplendor. Es lo que en Japón llaman el "koyo", que se refiere a las distintas tonalidades y colores de las hojas en otoño, desde el amarillo al rojo pasando por el marrón y naranja. Uno de los ejemplos más bellos del "koyo" es la aldea Hida de Takayama.

Colores de otoño en la aldea Hida de Takayama Manuel Dopazo

Los japoneses adoran el otoño como no podía ser de otra forma ante tan gran despliegue de colorido y belleza, pero sienten una especial predilección por un árbol, el arce japonés, por la brillantez y viveza que adquieren sus hojas en otoño. Hasta tal punto les encanta que han bautizado este colorido rojizo como el "momiji", y no solo eso, ya que han dado el nombre de "momijigari" a la actividad de visitar las zonas pobladas de arces durante la época del momiji. 

El templo Tofuju-ji en Kioto se viste de rojo a mediados de noviembre en Kioto Manuel Dopazo

La ciudad japonesa donde el momiji alcanza su máximo esplendor en jardines y templos es, sin duda, Kioto. Para poder contemplarlo hay que seleccionar con gran precisión la etapa en la que el tono otoñal alcanza su esplendor. Obviamente no todos los años se produce este fenómeno de la naturaleza en los mismos días, ya que depende de distintos factores climáticos, pero con seguridad en la segunda quincena de noviembre siempre hay lugares en Kioto para disfrutar del momiji.

Pabellón del templo Tofuku ji rodeado de arces rojizos en Kioto Manuel Dopazo

Desde finales de octubre hasta comienzos de diciembre Kioto y otras ciudades de Japón en las que se aprecia el colorido otoñal se encuentran en plena temporada alta por la gran demanda hotelera y la elevada afluencia de visitantes, tanto japoneses como extranjeros, por lo que las reservas hay que hacerlas con bastante adelanto y los precios se disparan. Posiblemente el templo más admirado de Kioto por los japoneses es el de Kiyomizu, y esto se constata especialmente a finales de noviembre cuando sus pabellones religiosos se rodean del tono bermellón de la arboleda.

El precioso templo Kiyomizu de Kioto redobla su belleza en otoño Manuel Dopazo

Mi debilidad por el otoño japonés es tal que he visitado el país cuatro veces y todas ellas han sido durante esta preciosa época. En mi última visita, a finales de noviembre de 2022, acudí a ver el templo de Kiyomizu porque se encontraba en pleno momiji. Se me ocurrió ir al atardecer, cuando la puesta del sol refuerza las tonalidades rojizas. Obviamente, lo mismo pensaron muchos visitantes, tantos que no me resultó fácil abrirme paso entre la multitud, pero finalmente valió la pena porque es un espectáculo único. No me extrañó que algunos japoneses llegaran hasta a emocionarse con lo que sus ojos contemplaban.

El icónico templo Kiyomizu de Kioto repleto de visitantes Manuel Dopazo

Ante la gran afluencia de turistas en Kioto para contemplar el momiji muchos hoteles han optado por exponer carteles en recepción para informar los días en los que los templos y jardines más importantes de la ciudad lucen sus mejores colores otoñales. Es una guía muy relevante ya que Kioto presume de tener dos mil templos, de los que 1.600 son budistas y 400 son santuarios sintuistas y se da la circunstancia de que, en los mismos días, un templo o jardín se encuentra en pleno esplendor y en otros los árboles ya están desnudos y sólo queda del color rojo la hojarasca.

Linterna de piedra en un santuario de Kioto con la arboleda en pleno koyo Manuel Dopazo

No hace falta alejarse mucho del centro de Kioto para poder contemplar un extenso paisaje montañoso repleto del color otoñal en sus distintas tonalidades ya que la ciudad se asienta en una zona rodeada de montes y colinas densamente poblados de árboles. Para disfrutar de estos parajes yo seleccioné el distrito de Arashiyama, al que se puede llegar en metro. Los montes a finales de noviembre se convierten en una paleta de colores donde se combinan verdes, rojos, naranjas y amarillos.

Monte con los colores de otoño en el distrito de Arashiyama, en Kioto Manuel Dopazo

El distrito de Arashiyama tiene también el aliciente de estar atravesado por el río Katsura, lo que aprovechan especialmente los japoneses para disfrutar de un paseo por sus calmadas aguas en pequeños barcos turísticos impulsados a remo ya que está prohibido cualquier embarcación a motor para evitar la contaminación de sus aguas. Arashiyama está declarado como "sitio histórico" nacional y cuenta, además, con un gran parque de bambú y varios templos y santuarios de gran belleza.

Barco turístico por el río Katsura en el distrito Arashiyama de Kioto Manuel Dopazo

Además de Kioto, hay muchos lugares en Japón para disfrutar del color del otoño. Así, a tan sólo tres paradas del tren bala de Kioto se encuentra Himeji, donde se alza uno de los tres castillos medievales más destacados de todo Japón, declarado Patrimonio de la Humanidad. Desde la estación del tren se puede ir andando hasta el castillo, en un paseo de 30 minutos, lo que permite ir contemplando el imponente baluarte desde distintos planos. A mediados de noviembre es cuando suele explosionar el color otoñal en el parque que rodea el castillo.

El imponente castillo de Himeji en pleno otoño Manuel Dopazo

Otro de los tres castillos más sobresalientes de Japón es el de Matsumoto, llamado castillo de los Cuervos por el color negro de sus muros. En su entorno hay un parque con algunos arces que acrecientan la belleza del castillo en otoño. Un amplio foso cubierto de agua rodea el castillo al que se accedía por un encantador puente de color rojo, aunque en mi última visita se encontraba cerrado y para entrar al castillo se utilizaba otro acceso. Matsumoto tiene conexión directa con Tokio por ferrocarril.

El castillo de Matusumoto, llamativo por sus negros muros Manuel Dopazo

Y un tercer castillo japonés que es una preciosidad es el de Hiroshima, aunque no tenga la fama y popularidad de Himeji o Matsumoto. Obviamente fue destruido por la bomba atómica que arrasó la ciudad en la II Guerra Mundial y tuvo que ser reconstruido por completo. Por tanto, no es el castillo original, pero se ha erigido a su imagen y semejanza y el resultado final es francamente positivo. Vale la pena visitarlo y especialmente en la primera quincena de noviembre, cuando el color otoñal cubre los amplios parques de Hiroshima.

La visita que no puede faltar para conocer lo mejor del otoño japonés es la de Shirakawa-go, una aldea histórica situada en plenos Alpes japoneses y cuyo atractivo principal es contemplar las casas tradicionales gassho-zukuri, con techo de paja y de origen medieval, de las que se conservan aquí alrededor de un centenar. Se trata de unas construcciones de madera de gran tamaño, con entre tres y cuatro plantas cubiertas por un grueso techo de paja a dos aguas y con una gran inclinación para evitar que se acumule sobre ellas la nieve, muy abundante en la zona durante el invierno. Desde un mirador en la ladera de la montaña la vista de la aldea y su entorno es espectacular.

Panorámica de Shirakawa go en pleno otoño, con sus singulares casas con techo de paja Manuel Dopazo

Sólo subsisten viviendas de madera y techo de paja de este tipo en tres localidades de Japón y fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad. La mayor concentración se da en la localidad de Ogimachi, la más importante de Shirakawa-go y en la que se han concentrado en un precioso museo 25 de ellas trasladadas desde otros lugares, en los que se encontraban en peligro de desaparición, debido al elevado coste de su mantenimiento, especialmente porque cada 50 años, como máximo, se tiene que sustituir el arduamente elaborado tejado de paja. Shirakawa-go está atravesada por el río Sho, con un puente colgante para cruzarlo.

Puente colgante en la aldea de Shirakawa go Manuel Dopazo

Visitar Shirakawa-go es sencillo, pese a situarse en una zona montañosa de los Alpes japoneses. La forma más sencilla es en autobús desde la ciudad de Takayama, en un recorrido de apenas una hora. Yo lo hice también en autobús pero desde la ciudad costera de Kanazawa, en un trayecto de 75 minutos que emprendí temprano para pasar todo el día en la aldea y al atardecer continuar en bus hasta Takayama. El otoño en Shirakawa-go se encuentra en su apogeo en la primera quincena de noviembre. Yo estuve el 13 de noviembre y las imágenes hablan por sí solas.

Casa tradicional en Shirakawa go con la nieve cubriendo ya gran parte del paisaje otoñal Manuel Dopazo

Si efectúas un viaje muy breve a Japón y sólo visitas Tokio y sus alrededores, tienes también opciones para contemplar el momiji si llegas en otoño. La opción más recomendable es hacer una excursión al cercano santuario de Nikko, donde, además de contemplar un impresionante conjunto de templos, entre ellos algunos de los más bellos del país, podrás disfrutar de un inmenso parque de montaña con la presencia de arces y otros árboles de distinto colorido en un otoño que aquí se adelanta entre finales de octubre y primeros de noviembre.

El otoño en el santuario de Nikko, muy cerca de Tokio Manuel Dopazo

También en el mismo Tokio hay parques y jardines para disfrutar del otoño. Mi recomendación es Hibiya, un pequeño parque situado muy cerca del Palacio Imperial, en pleno centro de la ciudad y rodeado de gigantescos edificios. A primeros de diciembre el parque es una explosión de rojos, amarillos y naranjas, plasmados en árboles y plantas, con un idílico estanque central con una bella fuente en el centro coronada por una garza.

Fuente del parque Hibiya en el centro de Tokio Manuel Dopazo

El otoño también es una época fotográfica ideal para los japoneses, que disfrutan posando entre tanto colorido con la indumentaria tradicional. No me pude sustraer al encanto y debo agradecer a la lugareña de la imagen, que no puso ningún reparo a que la plasmara con mi cámara ataviada con el quimono y la sombrilla tradicionales.

Joven posando con el quimono y la sombrilla tradicionales Manuel Dopazo

Aunque es cierto que Japón tiene atractivos para ser visitado en cualquier época del año, hay periodos donde la naturaleza se muestra más generosa, y de todas ellas la más destacada, a mi entender, es el otoño, especialmente entre finales de octubre y primeros de diciembre, cuando las lluvias son escasas, el sol luce con frecuencia y el frío es perfectamente soportable. Acabo con la imagen emblemática y símbolo del país, el sagrado monte Fuji.

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