Varias asociaciones de pediatras alertaron ayer que, de cara al inicio del curso escolar, están aumentando las solicitudes de padres que piden justificantes médicos para «dispensar» la asistencia presencial a clase. En un comunicado, los pediatras aseguraron que no emitirán ninguno de estos justificantes ya que no está dentro de sus funciones.

«Entiendo la incertidumbre de los padres y el temor a que los niños se contagien, y que quieran solicitar estos justificantes para cubrirse las espaldas, pero debemos evitar burocracia innecesaria. Que los padres sepan que hacer esa solicitud solo consume tiempo y recursos de los sanitarios que ahora mismo deberíamos dedicarnos a tareas más urgentes» apuntó Luis Blesa, presidente de la Sociedad Valenciana de Pediatría.

El propio Blesa aseguró que los pediatras no son los responsables de decidir si un niño debe asistir o no a clase. «Los pediatras podemos certificar que el niño tiene una enfermedad, pero el hecho de que esa enfermedad repercuta en no asistir al colegio es difícil de controlar para nosotros. No sabemos las condiciones del aula, si tiene diez o veinte compañeros o si guarda la distancia de seguridad... Todo eso lo regulan las Administraciones, nosotros podemos hacer certificados desde el punto de vista médico, pero no decidir si pueden ir o no al colegio».

De hecho, desde la Sociedad Valenciana de Pediatría recuerdan que la escolarización es obligatoria de los 6 a los 16 años. «La suspensión de la docencia en marzo fue algo excepcional, pero no resultó ser nada bueno para niños ni adolescentes, tampoco para las familias. Los pediatras somos los primeros que abogamos por que se mantengan las clases presenciales» afirmó Blesa.

Falta de personal

Pero el aluvión de solicitudes no es ni el único ni el mayor problema al que se enfrentan pediatras y atención primaria en este curso. Lo es la falta de personal y de recursos. «Llevamos varios años con una falta de personal preocupante. Lo que ha ocurrido es que la pandemia ha agravado todavía más la carga de trabajo que ya de por sí teníamos que hacer. Se ha podido aplazar lo que es urgente, pero eso no quiere decir que no exista y que en algún momento no lo tengamos que hacer. Porque habrá que seguir haciendo revisiones a pacientes, habrá que poner vacunas y tratar todas las enfermedades que no son covid, que tampoco van a desaparecer. Francamente, nos encontramos sobrepasados y al borde del colapso», lamenta Blesa.

Un ejemplo es su día a día en la consulta, que se ha vuelto todavía mas atareado con la llegada del coronavirus. «Los pacientes se cabrean porque no les cogemos el teléfono, pero esto no es porque no estemos haciendo nada. Tenemos centralitas que se colapsan con facilidad, y mientras los administrativos están dando cita, otras llamadas no pueden entrar. Se satura todo. Muchos de nosotros estamos llamando con nuestros números privados porque el teléfono está continuamente bloqueado. Tampoco tenemos plataformas online para atender por videoconferencia o recibir imágenes de los pacientes y evitar que vengan al centro de salud. Hacemos lo que podemos con lo poco que nos dan, y estamos sobretrabajando hasta unos límites insospechados», denuncia.