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Los expertos alertan de un aumento de la soledad entre personas de mediana edad por la pandemia

El cierre de recursos culturales y de ocio acrecienta la sensación de vacío que sufren muchas personas que tienen en torno a 50 años

Patio de butacas de un cine, vacío, durante la pandemia.

Patio de butacas de un cine, vacío, durante la pandemia.

Confinamiento, cierre de edificios públicos, limitación de reuniones… la pandemia de coronavirus ha supuesto un auténtico mazazo moral para las personas que previamente ya sufrían de soledad y, como si de una mancha de aceite se tratara, ha extendido este problema a otros perfiles de población que hasta el momento o, bien no lo sufrían, o lo padecían en mucha menor medida.

La soledad se ha cebado este año en especial con los ancianos y sobre todo con las mujeres

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«Hemos visto un cambio de tendencia. Si hasta el momento los más afectados por el problema de la soledad eran los ancianos, ahora atendemos a personas de mediana edad, en torno a 50 años», explica Germán Ricardo, doctor en Psicología. Se trata de personas «que aparentemente podían estar integradas en la sociedad pero de una manera muy débil y que antes de la pandemia camuflaban su soledad en las bibliotecas, en los cines o con actividades en los centros sociales que ahora con el covid están cerrados, lo que les está pasando factura», añade Ricardo, quien además es coordinador de programas del Teléfono de la Esperanza de Alicante.

«Desde los primeros días de la pandemia detectamos un aumento de llamadas por la soledad»

GERMÁN RICARDO - TELÉFONO DE LA ESPERANZA

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Esta entidad celebra ayer y hoy unas jornadas online sobre «La soledad no deseada en las personas». A lo largo de este año los voluntarios de este servicio también están detectando muchos casos de depresión y ansiedad «en personas que antes tenían dificultades para relacionarse y ahora no quieren salir de casa por miedo a contagiarse y a enfermar gravemente».

El perfil

Sin embargo, en quien más se han agudizado los problemas de soledad es en las personas mayores y especialmente en el caso de las mujeres. «Desde los primeros días de la pandemia ya detectamos un aumento importante de las llamadas que recibíamos por parte de ancianos que nos decían que no tenían a nadie con quien compartir sus miedos o que les ayudara en caso de caer enfermos».

«Quienes mejor han resistido el aislamiento son las personas que más recursos emocionales tienen»

JAVIER YANGUAS - DOCTOR EN PSICOLOGÍA

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Pero no a todos los mayores les ha afectado por igual el encierro impuesto en esta pandemia. «Las personas que tienen más recursos en términos emocionales y psicológicos lo han llevado mejor», destaca Javier Yanguas, doctor en Psicología y director científico del programa de mayores de la «Obra social» La Caixa.

Yanguas habló en las jornadas de ayer de los diferentes modelos de vejez y su relación con la soledad. «Parece que el modelo que se quiere imponer es el de mayores hiperactivos, que necesitan hacer mil cursos, talleres, hacer deporte…». Cuando con la pandemia todo esto ha faltado mucha gente se ha hundido, lo que a juicio de Yanguas nos debe hacer reflexionar. «Cuando no podemos hacer, lo que nos queda es ser”. Además de un aumento de la soledad y la tristeza, este virus ha traído, a juicio de este experto, una discriminación por edad. «En los primeros meses podíamos salir casi todos menos los abuelos, en las residencias se les ha encerrado en sus habitaciones como si fuera una cárcel… en otros países esto no ha ocurrido, se han hecho excepciones».

«Los mayores de 65 años son los que concentran las tasas más altas de suicidio»

ENRIQUE PÉREZ - PSIQUIATRA HOSPITAL GENERAL

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En las consultas de Psiquiatría también se está notando el impacto de la pandemia sobre el grave problema de la soledad que ya llevábamos años arrastrando con nuevos perfiles de afectados. «Vemos a mucha gente de mediana edad con miedo social, miedo a salir a la calle y cómo esto les ha hecho perder los pocos lazos que tenían con la sociedad», señala Enrique Pérez, jefe de sección de Psiquiatría en el Hospital General de Alicante y coordinador de la Red de Salud Mental de L’Alacantí.

Pérez participó ayer en las jornadas organizadas por el Teléfono de la Esperanza para hablar sobre el suicidio en la población de mayores. Y es que lejos de lo que pueda parecer, por encima de los 65 años «es donde se concentran las tasas más altas de suicidio y estas aumentan con la edad». Se trata además de un problema enquistado. «Está comprobado que en países en los que se mejoran las condiciones sociales y económicas las cifras de suicidio bajan en todas las franjas de edad, menos en los mayores». Entre las distintas causas que explican este fenómeno, están «la pérdida de control de tu vida por enfermedad, patologías que producen dolor, problemas psiquiátricos como la depresión o motivos económicos». Enrique Pérez señala además que en el caso de los mayores con ideas suicidas es más complicado actuar «porque no es fácil encontrar incentivos que les hagan salir adelante».

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