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Rafael Toledo: "Con un 40% de vacunados podemos recuperar la antigua normalidad"

El catedrático de Parasitología de la Universitat de València subraya que las vacunas "no terminarán con el virus, pero sí con la enfermedad"

Rafael Toledo posa durante la entrevista en el Mercado de Colón de València

Rafael Toledo posa durante la entrevista en el Mercado de Colón de València Germán Caballero

Rafael Toledo señala otra forma de descrédito de las vacunas: los que niegan su eficacia. Catedrático de Parasitología de la Facultad de Farmacia de la Universitat de València, Toledo insiste en que estas no terminarán con el virus, pero sí con la enfermedad. Porque contagio y enfermedad, señala, no son lo mismo. Por ahí indica el camino de vuelta a la normalidad. «La antigua», matiza.

¿Las vacunas terminarán con la pandemia?

Sí, es la herramienta que tenemos, pero se le está atacando mucho en base a que no terminan con la transmisión, aunque sí la reducen ampliamente. El problema es que partimos de no diferenciar contagio y enfermedad. El contagio en sí mismo no es el peligro y más en un virus como este donde la mayor parte de los contagiados no sufren patología o la sufren muy leve. Por eso están las vacunas que protegen a esas personas que desarrollan la enfermedad de forma grave.

Entonces, ¿el virus seguirá?

No vamos a poder erradicarlo porque tiene unas características que lo hacen imposible: es difícil de detectar con muchos casos asintomáticos, exige una analítica específica, hay reservorios animales y tampoco hay una política mundial por lo que si España elimina el virus no puede cerrar las fronteras siempre. Pero aunque sea imposible, en sí mismo no es un problema, convivimos con numerosos patógenos, lo importante es no enfermar.

¿El objetivo de las vacunas es hacer de la covid una gripe?

O menos. Tenemos dos problemas: que causa una patología más grave que la gripe en un porcentaje de casos y que es una enfermedad nueva. Cuando apareció, la mayoría de la población no tenía el sistema inmunitario preparado para enfrentarse al virus. En el momento en que haya más contacto con él, la patología va a descender como ha ocurrido en todo el mundo. La gripe arrasó poblaciones enteras en América y hoy no pasa eso. La covid pasará de ser una pandemia a ser una endemia con menos casos y menos patología.

¿Las variantes ponen en peligro la vacunación?

Pueden ponerla a medio o largo plazo, no a corto. El sistema inmunitario una vez se activa está preparado para combatir esas variantes. Nuestro sistema inmunitario no son solo los anticuerpos, están también los linfocitos o células T que son las que regulan la respuesta.

¿Cambia entonces entre la teoría de laboratorio y los resultados reales?

Los estudios están hechos en sueros, en cultivos donde solo están los anticuerpos de la vacuna y el virus. La mayoría de estudios están hechos in vitro, no in vivo, las respuestas in vivo acaban con cualquier tipo de variante porque además de los anticuerpos que genera la vacuna, el organismo tiene linfocitos o células T. Lo estamos viendo. Los resultados de vacunación en Reino Unido están cayendo con la variante británica que iba a arrasar el mundo.

Podemos llevar mascarilla eternamente pero no vamos a erradicar el virus

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¿Y si cambiase mucho el virus?

Para que una vacuna perdiera la eficiencia completa tendría que haber muchos cambios en la proteína S, y eso no solo afecta a la vacuna, también a la capacidad del virus de infectar. El virus tendría que cambiar en dos sentidos: para librarse de los anticuerpos, pero que pueda seguir contagiando a las células.

¿Y es algo probable?

Los coronavirus tienen muy poca capacidad de evolución y aparecen las mismas mutaciones en puntos alejados geográficamente. La inglesa y la sudafricana comparten mutaciones y están separadas por dos continentes. Los virus de la gripe, porque son varios, tienen una capacidad de mutación tremenda, eso no ocurre con la covid. Llevamos un año y han cambiado dos o tres etítopos en la proteína S.

Decía que sí que podía influir a medio o largo plazo.

Podría llegar el punto en que se transformara en un virus diferente, pero podría no poder acceder a la célula si cambia mucho la proteína S que es la que utiliza para acceder a la célula. Es como si a una llave la lisas completamente, que al final no abre. Se alcanzará un equilibrio entre la eficiencia de transmisión y la capacidad de evasión de la respuesta y eso implica menor patología, menor enfermedad. Para un patógeno producir enfermedad es un problema, quiere conseguir la máxima eficiencia de transmisión sin generar enfermedad, es lo que asegura su pervivencia. Si un virus acaba con la humanidad se acabaría el virus.

¿La vacunación permitirá volver a la normalidad en breve?

Un error desde el principio ha sido no diferenciar un contagio de una enfermedad. La vacuna nos permitirá reducir casi a cero la enfermedad y la muerte. A partir de ese punto se puede volver a la normalidad. Cuando todos los grupos vulnerables estén vacunados el problema se habrá acabado, nos pasará igual que con otros muchos microorganismos con los que estamos en contacto y no nos damos cuenta.

¿Entonces no llevaremos mascarilla en 2022?

Podemos llevar mascarilla eternamente pero no vamos a erradicar el virus; esa estrategia supone un coste de mantener las restricciones durante un tiempo, no solo económico, también humano. Cuando llegue el punto de que no haya enfermedad o que sea residual, no tiene sentido seguir con las medidas.

¿Hay un desprestigio de las vacunas?

Hay quienes señalan que la solución no son las vacunas porque no paran del todo la transmisión. Eso termina calando y supone un desprestigio, y provoca que haya quienes no confíen en ellas. La vacuna reduce la transmisión, pero sobre todo, modula muchísimo la enfermedad.

¿No haría falta llegar entonces al 70% de vacunados?

Creo que con el 40% sería suficiente para recuperar una parte importante de la normalidad. Teniendo vacunas la distribución de la inmunidad es asimétrica, la vacuna te permite proteger a los grupos de población de manera que no necesites llegar al 70%, sino que con menos es suficiente porque la transmisión de gente entre 20 y 30 años no es problemático.

¿Proteger entonces al 40% más vulnerable?

Claro, habría que seleccionar ese 40% donde estén los grupos de riesgo y eso es lo que se puede hacer con las vacunas.

¿La vacuna cambia la cuarta ola?

Creo que será mucho menos intensa. Influirá la gente que está inmunizada tanto por la vacuna como por haber pasado la infección, eso hará que la transmisión se dificulte, pero sobre todo, los casos de enfermedad y muerte en los grupos vulnerables serán muchos menos. Además el tiempo ayudará porque los picos de transmisión de este tipo de virus se dan entre noviembre y marzo.

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