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El ala cristiana recupera visibilidad en el PP

El sector del partido que en su día capiteaneaba Juan Cotino carece hoy de referentes, aunque Llorca ha situado a correligionarios en el Palau y el Consell

Juan Giner, concejal de Urbanismo de Valencia, con el cardenal Cañizares el día del funeral de Cotino.

Juan Giner, concejal de Urbanismo de Valencia, con el cardenal Cañizares el día del funeral de Cotino. / Miguel Angel Montesinos

Toda crisis del poder lleva aparejada movimientos de fondo, cambios en la correlación de poderes. Entre los guiños que está realizando en sus primeros días Juanfran Pérez Llorca (al pasado del partido, a la plaza del Ayuntamiento de la capital, a Vox, a las víctimas de la dana y hasta a la oposición), hay un gesto del nuevo president que ha pasado inadvertido, pero que también conecta con la esencia popular: la recuperación del sector cristiano.

Históricamente, en el PP han convivido el alma liberal, la identitaria, la religiosa y la que estaba más interesada en el negocio que en las ideas (como acreditan numerosas sentencias judiciales). El ala cristiana del partido llevaba tiempo de capa caída, casi tanto como años fuera de circulación estaba Juan Cotino, pope de ese sector, hombre fuerte en la época de Camps y fallecido en las primeras semanas de la pandemia, en abril de 2020.

Henar Molinero, a la derecha, acompañando a Camps en el juicio de los trajes.

Henar Molinero, a la derecha, acompañando a Camps en el juicio de los trajes. / Fernando Bustamante

Sea por convicción o por casualidad, lo cierto es que Pérez Llorca ha situado a dos personas de esa sensibilidad en su entorno más próximo. La primera, Henar Molinero, que será su mano derecha como secretaria autonómica de Presidencia. Molinero, que era la número dos de la poderosa jefa de gabinete de Camps, Ana Michavila, fue una de las encargadas de montar la visita del Papa en 2006, como secretaria general de la Fundación para el Encuentro de las Familias. Por consejo de David Serra, asesor áulico del nuevo president, se ha recurrido a Molinero por su “experiencia y profesionalidad” para dirigir la sala de máquinas del Palau.

Fuentes del PPCV también sitúan en esa esfera a la nueva consellera de Cultura, María del Carmen Ortí Ferré, cercana a la alcaldesa María José Catalá, quien por otro lado ha tenido desde sus inicios una buena sintonía con este sector. La nueva consellera es hermana del que fuera diputado provincial y alcalde de Xirivella, Enrique Ortí. Se trata de una saga próxima a Juan Cotino.

En esta corriente también se situaría Eusebio Monzó, número dos de la Conselleria de Hacienda y un clásico del partido en puestos de control económico desde hace más de 15 años, en el que ya confió Mazón y continúa con Pérez Llorca. También el secretario autonómico de Servicios Sociales, Ignacio Grande, con poca exposición pública, pero en las últimas quinielas para un salto a la conselleria. En su mismo departamento fue el encargado de fichar a Pedro Carceller como director general de Cooperación e Inclusión, procedente de Cáritas.

En cualquier caso, una cosa son los fichajes y otra que ese sector haya vuelto a organizarse como corriente interna. En la época de Cotino, el ala cristiana llegó a funcionar como un auténtico ‘lobby’ a la manera de los partidos de izquierda. Cotino, a través de la Fundación Vives que montó en los 80, llegó a impulsar una escuela de formación política, con la que hoy colabora la Universidad Católica. En sus años de gran influencia sobre Camps, la opinión del Arzobispado (García Gasco) era muy tenida en cuenta en Presidencia.

Aquel tiempo pasó. A quien señalan como potencial líder de esa corriente es a Juan Giner, el concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de Valencia, un perfil discreto y técnico (secretario-interventor municipal), que comenzó su carrera como asesor de Cotino, cuenta un exalumno de la primera promoción de aquella escuela Luis Vives. Giner ejerció de maestro de ceremonias y tomó la palabra en el funeral de Juan Cotino, ante la plana mayor del PP. Con todo, más que como corriente este sector es ahora una sensibilidad difuminada, sin un referente claro.

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