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DOSSIER CV

Ser mujer mayor inmigrante en un entorno rural

"Es duro llegar y ver que la realidad aquí tampoco es tan bonita como a uno se la pintan", afirma

Mujer migrante que ha encontrado trabajo en el interior de Castellón en el cuidado de una anciana.

Mujer migrante que ha encontrado trabajo en el interior de Castellón en el cuidado de una anciana. / RAFA ARJONES

Noelia Martínez

València

Quién le iba a decir a esta colombiana de Barranquilla que, a sus 64 años, después de una trayectoria laboral como secretaria en una Escuela de Música, al frente de la gestión de un restaurante o de un almacén, su vida daría un giro de 180 grados. A las puertas de la jubilación, tomó la decisión de cruzar el charco y trasladarse a la Comunitat Valenciana, a Castellón, en concreto, donde vive la hijastra de un tío suyo. “Me vine sola. Las cosas en Colombia, ya sabes, están feas, con el trabajo, la extorsión..”, relata ella, que pide que no se publique su nombre. La acogieron en su vivienda por un tiempo. “No es fácil, es duro llegar y ver que la realidad aquí tampoco es tan bonita como a uno se la pintan. Es diferente. No es fácil encontrar trabajo y en muchas ocasiones se viven situaciones humillantes. Se ve racismo”, reflexiona sobre las actitudes con las que se topa la población inmigrante. Aunque no de todos. “Aquí en España he aprendido a ser tolerante, pasiva y paciente”, reflexiona.

Tras unos comienzos difíciles, lo primero que hizo fue buscar empleo. Le iban saliendo en el sector de la limpieza, en b, y en eso estuvo. Hasta que le surgió la oportunidad, reciente, de entrar en un curso de formación para el arraigo –que le ha permitido obtener una autorización de residencia temporal de 12 meses, prorrogable, y con vía directa para trabajar-. “Fue un módulo de Servicios de Ayuda a Domicilio. Hice prácticas. Soy muy metódica, estudié y además conseguí una regularización. Al poco me surgió la oportunidad, a través de una amiga que se enteró, de cuidar a una abuelita en un pueblo del interior de Castellón. Soy amorosa y cariñosa y trabajo con todo el empeño, aunque es la primera vez en mi vida que me decido a esto. La quiero y estoy pendiente de ella como si fuera mi madre”, cuenta la mujer.

¿Qué le parece la vida en un entorno rural? “Es buena, no hay contaminación atmosférica. Pero el problema son las comunicaciones. Apenas hay combinación de autobús para acceder. Me siento como presa por la escasa conexión de transporte público”, reseña. Su día a día es pasar la semana en este municipio de menos de 500 habitantes y luego volver a Castelló a pasar el fin de semana. Nunca se hubiera imaginado, “jamás de los jamases” un cambio tan radical a sus años. Aunque insiste en que “tengo esa edad pero no lo represento. Soy muy activa”, afirma con fuerza y seguridad en la voz, de quien rema hacia adelante.

No tiene hijos pero sí “una sobrina”, que es como si lo fuera y que continúa en Colombia con su familia. El momento de la vídeollamada es sagrado. La echa de menos. Es momento de cortar y de que ella contacte con sus raíces. Su objetivo es quedarse en Castellón, seguir trabajando y, poco a poco, ganar en calidad de vida. Su experiencia es la de otras mujeres hoy: mayores, inmigrantes en un entorno rural muy distinto al que han conocido a miles de kilómetros de distancia de aquí.

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