Dossier CV
Jesús Conill, catedrático de Filosofía Moral: "La sociedad ha pensado que la secularización es un proceso lineal e irreversible y hay idas y vueltas"
Las nuevas espiritualidades confluyen, según el especialista, con la religión tradicional en buscar "el sentido de la vida" y eso, más que restrictivo, es "liberador"

José Manuel López

La pérdida de presencia y relevancia de las religiones parecía un fenómeno irrevocable, más en una España democrática con iglesias cada vez más vacías, una señal de ruptura frente a su papel en la dictadura. Pero la fe está resurgiendo en un fenómeno alejado de las instituciones religiosas.
¿Estamos asistiendo a un auge de la espiritualidad?
Para poder responder, hemos de ver siempre el contexto. La época moderna supone un gran cambio respecto a lo llamado premoderno, una era en la que las confesiones religiosas han sido configuradoras de la sociedad y la cultura; han dejado huella, especialmente las tres monoteístas. Ese contexto ha sido transformado por los procesos de racionalización moderna: los económicos, los políticos, los jurídicos y, claro, los tecnológicos. Es lo que se llama procesos de secularización. En España, también los hemos tenido, aunque con un poco de retraso por la dictadura. Esta secularización tiene dos núcleos. El primero el institucional, la separación entre Iglesia y Estado. Pero hay otra vertiente que es tan importante o más, la secularización de la conciencia. Ahora la religión tradicional queda como una opción personal. Cada persona vive desde su cuerpo esta religiosidad o espiritualidad propia. Eso está irrumpiendo como un fenómeno que antes no tenía la misma fuerza. ¿Qué es esto? ¿Una moda? ¿Una tendencia?
¿Lo son las dos?
Hay un poco de todo. La tendencia interpretativa de la secularización siempre ha dado por sentado que era un proceso irreversible y no necesariamente se ha producido en una sola dirección, sino que hay idas y vueltas, avances y retrocesos; no es un descenso continuado. Tampoco es una cuestión propia de los avances y desarrollos tecnológicos porque hay países, por ejemplo Estados Unidos, donde están a la vanguardia de la digitalización y la religión es clave. A partir de ahí, podemos entrar en otras perspectivas actuales y analizar si es solo una moda, es un producto comercial o es también una tendencia que radica en otros motivos. A lo mejor es una de las manifestaciones de la insatisfacción de la sociedad.
Hablamos de moda e inmediatamente me viene a la cabeza Rosalía y su disco Lux.
La luz frente a las tinieblas es una de las metáforas simbólicas de todas las religiones. Al final, la belleza es una experiencia de fuerza, muy ligada a la espiritualidad. Por ejemplo, amigos melómanos reflexionan sobre Bach: si la gente iba al templo a la función religiosa o a escuchar su música
Las religiones han sido siempre revolucionarias y funcionalmente plurales
¿Puede ser resultado de la desafección a las instituciones, la política o el propio sistema capitalista?
Las religiones han sido siempre revolucionarias y funcionalmente plurales. El cristianismo mismo es revolucionario en sus orígenes. Jesús de Nazaret no contentaba a nadie, ni a los suyos ni a los contrarios; ahora diríamos que es disruptivo. Pero la religión siempre ha tenido un punto de vista funcional para legitimar y deslegitimar los problemas sociales; en eso se han centrado muchas veces los sociólogos. Pero hay otra dimensión de las religiones que es la personal, la experiencia de quien lo vive en primera persona, que no entiende ni lo siente igual que quien estudia la cuestión religiosa. El estudioso lo ve siempre desde un un punto vista objetivado, pero sin la experiencia personal de quien lo siente.
¿Sigue la sociedad teniendo carencias?
La religión ha sido siempre una respuesta frente a ellas, está muy estudiado. La más evidente es la finitud humana, pero hay otros vacíos que se ofrece a llenar en el camino hacia la plenitud de la vida, como el amor. Es un concepto usado desde Grecia, con el eros o amor erótico, pero también después en el cristianismo como ágape, como entrega a alguien. A lo largo de la historia, las religiones no han llenado solo vacíos, sino que han aportado innovaciones culturales. Y estas espiritualidades también plantean necesidades de plenitud vital, de sentirte acogido.
¿Cambian en algo las nuevas espiritualidades?
Su punto de innovación es que dicen no estar vinculadas a las religiones tradicionales; incluso tienen diversas formulaciones: laicas, naturalistas... Lo hacen para diferenciarse unas de otras. Tienen un componente religioso, pero no institucionalizado. Hay que tener en cuenta que muchas personas se han abocado a la espiritualidad cuando se enfrentan a momentos vitales. Un profesor valenciano, que ejerce en Salamanca, contaba la experiencia espiritual de una exalumna que había tenido una enfermedad mortal y, durante los últimos tiempos, se había refugiado en el diálogo sobre sus vivencias y el sentido de la vida. Al final, una cosa en común entre las nuevas espiritualidades y la religión tradicional es su confluencia en un punto: en cuestionarse el sentido de la vida, en preguntarse ¿qué hago yo aquí?
Uno de los grandes debates es si estas espiritualidades fomentan el sentido crítico. ¿Qué cree usted?
Son una expresión de ello porque son una muestra de algo crítico, irrumpen como una novedad frente a lo habitual. Son una ventana de reflexión frente a la funcionalidad de la religión tradicional, una forma de discernimiento, opuesta a lo establecido que no les permite ser ellos mismos, ni repensar las cosas.
El ser humano es un animal abierto que puede llegar a sorprenderse a sí mismo porque no sabemos que puede llegar a ocurrir

Jesús Conill, catedrático de Filosofía Moral y Política en la Universidad de València / JM LOPEZ / LEV
Mucha gente se encuentra con la religión en la edad adulta, haciendo el camino opuesto al habitual, van del escepticismo a la creencia.
Eso significa tener un sentido crítico, permitirse una experiencia aperturista. El ser humano es un animal abierto que puede llegar a sorprenderse a sí mismo porque no sabemos que puede llegar a ocurrir.
¿Ha infantilizado la religión a la sociedad o le permite tener sentido crítico? ¿Incurren en ello también estas nuevas espiritualidades?
Yo diría que las dos cosas se dan en los dos sitios. Yo conozco personas que han vivido las religiones de modo tradicional o tradicionalista más bien, pero sin reflexionar en demasía, lo han vivido como su orden vital, no lo han problematizado. Y otros de mi generación que sí que han sido muy críticos y lo han problematizado. Y con las nuevas espiritualidades ocurre lo mismo.
En mi época, que una chica quisiera ser monja no creaba revuelo, ahora da hasta para una película
¿Esta pasividad de quienes no lo problematizan es una ventana de oportunidad para los intereses económicos?
Totalmente, pero no solo en el sentido religioso, algo que me impresiona y me preocupa. La perspectiva económica está en todo punto de vista ético, social y político. Un ejemplo, la defensa de los animales, todo el negocio que mueven: veterinarios, residencias, clínicas... El cine también lo hace, le cito Los domingos. En mi época, que una chica quisiera ser monja no creaba revuelo, ahora sí y da hasta para una película. La mercantilización de la religión se viene estudiando desde hace tiempo. Max Weber lo hizo con el protestantismo, por ejemplo. Hay un Lutero teólogo y otro Lutero de la vertiente social, cultural y también económica.
Esta reversión de la racionalización, ¿muestra un cambio en la concepción del ser humano del siglo XXI?
Es pronto para hacer un juicio global. La pregunta es si esto los está transformando. En una de sus últimas obras, Habermas vaticina que hay una simiente para hablar de un nuevo tipo de ciudadanía, no tanto de ser humano, que es posible gracias a los procesos de aprendizaje históricos y culturales. Un ciudadano que ha aprendido de la historia a respetar más la pluralidad y el pluralismo, como una especie de libertad racional. No se atreve a decir que ha cambiado el ser humano, pero que hay potencialidad; es una palanca de oportunidad. El ser humano es todo un enigma, un animal muy raro. Si nos comunicáramos más a lo mejor descubriríamos más del enigma que es la humanidad.
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