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Dossier CV

El turismo en la Comunitat Valenciana: entre los récords y la desafección

Vivir del turismo y rodeado de turistas ha dejado de sonar como una canción. La "industria de la felicidad" se enfrenta al reto de saber canalizar y moderar su éxito para que su impacto no produzca una desafección y un daño irreparable en el territorio y el bienestar social.

Vistas de la isla de Tabarca desde el faro de Santa Pola.

Vistas de la isla de Tabarca desde el faro de Santa Pola. / AXEL ALVAREZ

Ana Jover

Ana Jover

Desde la década de los 80, la locomotora del turismo ha definido gran parte de lo que es la Comunitat Valenciana, especialmente, sus zonas costeras. Como destino vacacional, emergió un sector que representa más del 15 % del PIB. Desde entonces, las crisis económicas y, especialmente, la pandemia han demostrado que su fortaleza marca la economía, el empleo y las propias ciudades. Pero el éxito de la “industria de la felicidad”, como la califican algunos, se ha topado con su propio espejo en el que se refleja todo: lo deseado y lo indeseado.

Proyectar esa mirada hacia el futuro obliga a replantearse muchas de las cuestiones que nos llevan a publicar, mes tras mes, cifras nunca vistas de turistas, ingresos largamente esperados que se han topado con problemas específicos (presión sobre la costa) y propios (turismo de masas) y transversales (crisis de la vivienda).

"Es la gran paradoja de nuestra era: queremos conocer el mundo, pero nos molestan que nos visiten"

Fede Fuster

— Presidente de Hosbec

“Esta es la gran paradoja de nuestra era: queremos conocer el mundo, pero nos molestan que nos visiten. Es ser turista y residente a la vez y tener dos varas de medir el mismo deseo. Desde nuestra perspectiva, la balanza se ha desplazado de lo que podría ser una preocupación teórica a lo que se ha impuesto una obligación de acción”, responde el presidente de Hosbec, Fede Fuster.

La patronal hotelera autonómica fue una de las primeras en identificar el problema de movimientos de turismofobia. La respuesta de la Generalitat Valenciana, entonces gobernada por el Botànic, fue el Plan Estratégico de Turismo (2020-25) con un eje básico como la hospitalidad. El profesor Josep Ivars es director del Instituto Interuniversitario de Investigaciones Turísticas de la Universidad de Alicante y considera que la “inclusión de turismofobia en el diccionario de la RAE es sintomática del progresivo cambio en la percepción social del turismo, con un creciente sesgo negativo”. Aunque reconoce que la palabra le parece “confusa, porque no describe la aversión al turismo, lo que sería paradójico porque todos somos en algún momento turistas y nos tendríamos fobia a nosotros mismos, sino la fobia al turismo masificado y sus efectos negativos (tanto en el medioambiente como en la calidad de vida local)”.

Es precisamente en las percepciones donde los argumentos y las opiniones se separan. “El calado social del término es relativo. Creo que los medios de comunicación y las redes sociales han servido para amplificarlo y de ahí a su uso polarizado entre los que están a favor o en contra del turismo. Es una simplificación absurda y perversa porque de lo que se trata es de mejorar la planificación y gestión de los espacios turísticos y lograr un desarrollo equilibrado, no de demonizar el turismo de manera global”, añade Ivars.

Qué produce saturación

Desde los diferentes representantes empresariales, el turismo es un motor que se puede y se debe arreglar. Incluso colectivos como Las Kellys de Benidorm, que representan a las camareras de piso, matizan que sus reivindicaciones no van contra la actividad, sino que lamentan lo que el “turismo de masas ha hecho en las ciudades. No se puede ni andar en algunas”, comenta su portavoz, Yolanda García.

Su comentario es el que resume problemas en los que ya se están viendo envueltas las grandes ciudades. En la Comunitat Valenciana, la principal afectada es València. De hecho, el pasado noviembre el ayuntamiento valenciano adjudicó un proyecto innovador que debe “identificar, monitorizar, predecir flujos y afluencia de turistas para establecer umbrales de saturación en la ciudad”. La edil de Turismo, Paula Llobet, reconoció que “este reto resume muy bien hacia dónde queremos ir: mejorar la experiencia turística sin comprometer la calidad de vida del vecino”. Al mismo tiempo, avanzó que la solución no pretende restringir la actividad turística, sino optimizarla. Por ejemplo, permitirá que los guías turísticos puedan anticiparse a zonas saturadas, evitando una mala experiencia de visita por falta de coordinación. Pero, sobre todo, se trata de una medida clave en favor de la seguridad, al incorporar límites multifactoriales basados en criterios como la ocupación crítica del espacio público (por ejemplo, dos personas por metro cuadrado, como en un plan de evacuación para grandes eventos)”, explicó.

Esforzarse por dejar ver lo positivo de la actividad está en el ADN de Hosbec. Fede Fuster subraya, en este sentido: “No creemos que haya ninguna duda en que los indicadores que apoyan que el turismo es un motor de progreso y bienestar no sólo económico sino también social, son abrumadoramente mayoritarios. Está la contribución al PIB, que en la Comunitat Valenciana está ya rondando el 18-19 %, o el efecto arrastre que añade a cada euro gastado en una habitación de hotel entre 1,5 y 3 euros adicionales de gasto en destino”. La patronal hotelera trabaja desde hace años en la percepción social y este 2026 ha lanzado 'Turismo que suma', una filosofía con la que busca mostrar que es posible un modelo de convivencia.

En una línea similar está la presidenta de Aptur-CV, Silvia Blasco, quien ahora también es la máxima representante de los apartamentos y viviendas de uso turístico (VUT) en España. Lleva tiempo denunciando el mal que hace a este segmento la oferta ilegal. De hecho, Blasco expone como positiva la limpieza del registro de VUT que se viene haciendo por parte de la Generalitat y subraya la bajada reiterada que sufre la oferta por la "mala regulación", en referencia al Gobierno de España.

La sobredimensión de los números -llegaron a existir 101.200 viviendas a fecha de diciembre de 2024 – está ayudando a este tipo de alojamientos a disminuir el foco sobre su discutido impacto en el mercado inmobiliario. “La cuota de mercado se reparte en hoteles que representan el 30,50 %; las VUTs, el 12,53 %; las segundas residencias, el 12,97 %; los apartamentos el 9,70 %; y el resto de los alojamientos de pago, el 3,17 %. Si bien en primer lugar, se sitúan las ‘casa de familiares y amigos’ con un 31,12 %”, resume el director general de InAtlas, Luis Falcón, autor del Análisis de evolución turística del alojamiento de corta estancia en la Comunidad Valenciana. La traducción es que las cifras demuestran que esta opción no es una causa imputable a la crisis de acceso a la vivienda.

Otra cuestión es reconocer las zonas saturadas y aquí es donde aparecen las moratorias que más de una docena de ayuntamientos han aprobado en sus municipios con el objetivo de intentar parar la avalancha de solicitudes en áreas céntricas especialmente. Aptur-CV no está en contra del orden y la planificación, sí de la improvisación.

Abanico de políticas con los cruceros

En el listado de saturaciones a resolver, también está el turismo de cruceros. En este punto, la Comunitat Valenciana representa un abanico de situaciones. Mientras las alertas suenan en la terminal valenciana, la alicantina coge oxígeno y la castellonense empieza a situarse. El director de la Asociación Alicante-Costa Blanca por el Turismo de Cruceros, Roberto Martínez, explica que “aprendimos de los primeros errores y se corrigieron rápidamente situaciones que provocaban acumulación de autobuses o de gente esperando en las salidas”. El resultado es que el puerto urbano alicantino ya opera por encima de las cien escalas anuales y ha conseguido que los pasajeros al desembarcar tengan muchas opciones de excursiones y no se queden en el casco urbano exclusivamente.

Martínez no entra a valorar el caso de València, porque es donde está el problema. Lógicamente, las dimensiones son mucho mayores -este 2026 prevé 211 escalas – y en pasajeros la diferencia es de 250.000 en Alicante frente a los cerca de 800.000 de la ciudad del Túria y los expertos señalan la concentración en la zona urbana.

En el otro extremo, está Castellón. En breve, se celebra en Miami una de las ferias más relevantes del sector y la gerente de la Fundación PortCastelló, Susana Soria, ya ha confirmado que el objetivo es posicionar la provincia como “destino de cruceros emergente en el Mediterráneo”. Para los dos próximos años, el puerto tiene cerradas 20 escalas, es decir, cerca de 21.000 personas, entre pasaje y tripulación.

Más presión

Por último, está el factor ambiental. Al margen de las consideraciones generales, si hay una imagen que explique el problema es la de las calas rebosantes. La de la Granadella en Xàbia ha llegado a suponer un problema de orden y el ayuntamiento ha tomado diversas medidas, desde poner un autobús para evitar el caos circulatorio en los accesos o fijar un aparcamiento con cobro incluido.

La saturación es una imagen que se repite en verano, pero las administraciones no parecen capaces de tener un mismo criterio. Ejemplo: mientras en la isla de Tabarca, única habitada de la C. Valenciana y reserva marina, está abierta a todo el que vaya, las Columbretes hace tiempo que tienen un cupo diario máximo: 120 personas en temporada alta que se gestiona con un permiso o con una experiencia privada a razón de 160 euros la mañana, incluye paella.

“La política turística está exclusivamente orientada a fomentar el turismo, pero no a evitar o limitar los efectos"

Aurora Pedro

— Profesora de la UV

En este maremágnum, la profesora Aurora Pedro traslada una crítica abierta y fundamentada. La titular de la Universitat de València es, además, directora de la Cátedra de Nueva Transición Verde en Turismo y es autora del informe sobre Límites y retos de la política turística actual en la Comunidad Valenciana (2024) donde denuncia que “la política turística está exclusivamente orientada a fomentar el turismo, pero no a evitar o limitar los efectos o impactos negativos del turismo. De alguna manera, la ‘excusa’ es que existen otras políticas como la medioambiental o la de vivienda; pero no actúan coordinadamente”. Básicamente, sostiene que los efectos negativos o impactos no están teniendo respuesta. “Es paradójico que tengamos una ley de turismo en la Comunitat Valenciana que insista en la hospitalidad (de la población local, claro)”.

Aurora Pedro señala como fundamental “repensar toda la cadena de valor, pero no sólo desde el punto de vista de la empresa privada, sino también del residente y de lo público”. Su propuesta se basa, además, en que se han acentuado problemas como la gentrificación, financiación de los servicios que necesita el turismo a través del presupuesto público y el bajísimo impacto en la renta per cápita lo cual repercute en la calidad de vida de los residentes. Por supuesto, hay elementos adicionales: sobreexplotación de los recursos culturales y naturales, paisaje... turismos extremos tipo ‘Aquí todo vale’ como ha ocurrido en las Fallas este año”.

La profesora de la UV abre otro melón como es el de la financiación de los municipios turísticos. “La definición de municipio turístico en la C. Valenciana no alcanza para todo ni para todos”, indica. Esa es una de las demandas históricas de Benidorm. Su alcalde y presidente de la Diputación de Alicante, Toni Pérez, lo reclama en cada foro; pero ni su partido (PP) ni los socialistas en el Gobierno central se han brindado nunca a reconocer este título que tiene sus consecuencias económicas positivas.

Propuestas

En el lado de los que miran hacia soluciones, están especialmente quienes trabajan en el campo de la tecnología. Mariano Torres es el presidente de la Asociación de Terciario Avanzado y CEO de Sien Consulting, especializada en turismo inteligente. “La innovación y la tecnología están cambiando algo clave para el turismo del siglo XXI: pasar de gestionar consecuencias a anticipar y redistribuir la demanda. En destinos urbanos con signos de saturación, la tecnología puede permitir entender en tiempo casi real cómo se mueven los flujos de visitantes. A través de datos de movilidad, consumo o incluso conectividad, hoy es posible detectar concentraciones excesivas y tomar decisiones: desde ajustar servicios públicos hasta modular la promoción o redirigir visitantes hacia otros espacios menos tensionados”, responde.

Lo que Torres mira es, además, hacia ese otro punto despoblado o falto de oportunidades. “La tecnología no solo ordena, también construye destino. Permite poner en valor recursos que antes no formaban parte del mapa turístico, conectarlos con el visitante adecuado y distribuir mejor el impacto económico”, comenta. Pone como ejemplos, Dénia o Benidorm que “están avanzando en sistemas de inteligencia turística que combinan datos para entender mejor al visitante y, a partir de ahí, diversificar la oferta”.

Para concluir, Fede Fuster reflexiona sobre el punto de partida y el horizonte futuro. “La explosión de la ‘turismofobia’ se produce en unos años de desfase entre la legislación y unas plataformas tecnológicas que permitieron de la noche a la mañana ‘hotelizar’ viviendas e implantar un modelo de alojamiento que discurría al margen de la legalidad y de la fiscalidad”.

El presidente de Hosbec es defensor de “un nuevo modelo de turismo regenerativo": que mejore el entorno y las condiciones de trabajo

En esa línea de crecimiento “sostenible”, el presidente de Hosbec es defensor de “un nuevo modelo de turismo regenerativo: ese que mejore el entorno, que mejores las condiciones de trabajo para retener talento en un sector con alta rotación, ese que invierta en responsabilidad social una parte de sus beneficios, y ese que se alinee por la reivindicación de las infraestructuras públicas necesarias. Porque no podemos pedir milagros en una actividad que se ha duplicado en pocos años y que la inversión no le ha acompañado”.

Lo que enlace con la gran asignatura pendiente: las infraestructuras. A la espera del corredor mediterráneo, las conexiones ferroviarias confirman que la Alta Velocidad crece en dirección al territorio valenciano. València y Alicante fueron los únicos trayectos con indicadores positivos (precios y pasajeros). Aunque el componente laboral es relevante en este punto, el tren nos acerca a los aeropuertos internacionales (transoceánicos).

En el ámbito aeroportuario, todo parece apuntar a las necesarias ampliaciones de las terminales. De nuevo, parece que solo se sostiene en el crecimiento. El aeropuerto alicantino cerró 2025 con cerca de 20 millones de pasajeros y el valenciano, con 11,8 millones. El Consell no solo reclama estas obras, sino que pide una segunda pista para el primero.

Fuentes de Aena se han limitado a indicar que las anunciadas inversiones “aseguran la capacidad necesaria para atender la demanda futura”. En dinero, la empresa mixta participada por el Gobierno central, ha anunciado para el periodo 2027-2031 un total de 868,3 y 402,1 millones, respectivamente.

En resumen, mientras los problemas bullen, las soluciones cuecen. “Hay que combatir las causas de los desequilibrios que provoca el turismo con una mejor planificación y gestión de los destinos”, asegura el profesor Ivars.

Quizás las respuestas estén en el próximo Plan Estratégico de Turismo de la Comunidad Valenciana que ya ha anunciado la consellera Marián Cano para un marco de 2026-2030. De momento, lo que ha trascendido es que el documento “actualizará la visión turística del territorio, incorporará un plan de marcas y revisará la normativa de alojamiento “para garantizar un crecimiento equilibrado, sostenible y con proyección europea”. El motor sigue en marcha.

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