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"Es fundamental no crecer por encima de las posibilidades para garantizar la sostenibilidad"

Francisco Ribera es el director del Gran Hotel Peñíscola y defiende una contención de la expansión turística: "Llevamos años con el número de plazas estancado. No se ha querido crecer en volumen, sino en calidad"

Francisco Ribera.

Francisco Ribera. / Levante-EMV

Belén Nebot

Peñíscola

Francisco Ribera es el director del Gran Hotel Peñíscola y presidente de la Agrupación de Empresarios Turísticos (Agretur) desde 2016. Su cargo ha sido especialmente importante a la hora de defender el turismo regulado, profesionalizado y sostenible, así como la coordinación entre empresas e instituciones para fortalecer la competitividad de la localidad. Ribera observa una clara transformación que redefine el modelo turístico de Peñíscola: el paso de un destino puramente estival a otro que pretende vivir del turismo durante todo el año. La percepción de que Peñíscola sea sinónimo de temporada alta concentrada en julio y agosto se ha empezado a diluir. “La localidad se ha afianzado, pero lo más destacable es que estamos rompiendo la estacionalidad”, cuenta el director. El punto de inflexión llegó con lo que el propio Ribera denomina como “efecto Ferrero”: la iluminación navideña que convirtió al municipio en un reclamo turístico invernal, cuando ganaron el sorteo de Ferrero Rocher. “Esta estacionalización es un proceso lento, similar al que vivieron destinos como Benidorm, pero que en Peñíscola sigue en fase de consolidación”, explica Ribera.

Esta iniciativa ha provocado un cambio estructural. La afluencia de visitantes a lo largo de los meses más fríos ha permitido mantener abiertos restaurantes, comercios y actividades de ocio que antes cerraban tras el verano. Por lo tanto, el resultado es “una economía más continua y menos dependientes de los picos estivales”. Cabe destacar que la población en Peñíscola durante los meses invernales ronda los 9.000 habitantes censados y en verano puede alcanzar las 150.000 personas. Según Ribera, la actividad turística se erige como principal motor económico, aunque el sector primario, como la agricultura y la pesca, también tiene mucha fuerza en el territorio.

Frente a otros destinos que han crecido sin freno, Peñíscola ha preferido contener su expansión. “Llevamos años con el número de plazas estancado. No se ha querido crecer en volumen, sino en calidad para evitar los riesgos de la masificación y apostar por un turismo más rentable y sostenible a largo plazo”, afirma el director. El reto, no obstante, no está solamente en atraer turistas, sino en gestionar su impacto. Ribera piensa que la clave está en la planificación. “Es fundamental evitar errores en la prestación de servicios, dimensionar correctamente los recursos y no crecer por encima de las posibilidades para garantizar la sostenibilidad”, sostiene el presidente de Agretur.

Otro de los debates encima de la mesa desde hace mucho tiempo es el de la vivienda turística. A diferencia de lo que ocurre en otros grandes destinos, en Peñíscola no hay una confrontación entre hoteles y apartamentos. “Nos vemos como complementarios”, asegura Ribera. En este caso, la convivencia entre ambos modelos se percibe estable, algo que no ocurre en todos los destinos.

Además, el director del Gran Hotel Peñíscola explica que la turismofobia, tan presente en otros lugares, no tiene cabida en la localidad. “Buena parte de la población depende directa o indirectamente del turismo, por lo que considero que la percepción del visitante es positiva”, afirma Ribera. Pensando en el futuro, Francisco Ribera tiene una hoja de ruta clara: consolidar un modelo sostenible, diversificar la oferta y continuar con la desestacionalización. “Hay actividades culturales, deportivas y musicales programadas durante todo el año para mantener viva la demanda más allá de la época estival”, explica el director.

Tal y como asegura Ribera, el verdadero objetivo de Peñíscola “no es crecer más, sino crecer mejor”. Y, en ese camino, Peñíscola busca convertirse en más que un destino de vacaciones; en un ejemplo de cómo reinventar el turismo en Castellón.

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