La patata caliente de los residuos nucleares: en busca de la solución definitiva
Los expertos consideran que los almacenes de las centrales son una buena solución temporal, pero que hay que avanzar hacia el definitivo depósito subterráneo a 500 metros de profundidad

Vista general de la central nuclear de Cofrentes. / Fernando Bustamante
Es uno de los principales problemas de la energía nuclear. Qué hacer con los residuos que genera. Porque si bien se trata de una energía limpia, no sucede lo mismo con los desechos que han estado en contacto con la radiación del núcleo. Y aquí los expertos lo tienen bastante claro: los almacenes individualizados con los que cuentan las centrales en estos momentos son una solución adecuada y segura, pero solo temporal, por lo que hay que avanzar hacia una solución definitiva, como la construcción de lo que se denomina un almacenamiento geológico profundo, donde los residuos puedan descansar a 500 metros bajo tierra.
En cada recarga, los reactores nucleares generan unos residuos de alta intensidad. Son pilas de combustible de uranio enriquecido de un tamaño de apenas un centímetro y medio, pero con el poder energético de una tonelada de carbón cada una. Y eso motiva que, una vez retiradas, deban ser almacenadas durante cientos de años hasta que la radiación deje de ser un peligro. Y aquí está la controversia.
José Felipe Villanueva, director del Departamento de Ingeniería Química Nuclear de la Universitat Politécnica de València (UPV), explica que en la actualidad cada una de las centrales nucleares, tanto las que están en fase de desmantelamiento como las operativas, incluida la de Cofrentes, cuentan con un almacén temporal individualizado, donde las pilas permanecen en condiciones de seguridad dentro de unos contenedores fabricados de hormigón y metal, de una dimensiones que superan los cuatro metros de altura y las 100 toneladas de peso.

La posibilidad de que el Valle de Ayora acogiera un almacenamiento temporal de residuos generó protestas. / JUAN CARLOS CARDENAS
Se trata de la solución por la que se ha optado, después de que, recuerda, se descartase una instalación de almacenamiento temporal que tendría que haber acogido todos los residuos atómicos usados en las plantas españolas. Aunque el valle de Ayora estuvo entre los candidatos, el enclave elegido finalmente fue el municipio conquense de Villar de las Cañas, pero, señala Villanueva, "los intereses políticos y el rechazo social, pese a que se trata de instalaciones seguras, descartaron el proyecto".
Los intereses políticos y el rechazo social descartaron el almacén de Villar de las Cañas"
Con todo, el experto universitario asevera que los actuales almacenamientos individualizados son una opción adecuada, tanto por su seguridad como también por el hecho de que no suscitan rechazo, al estar situados en las propias centrales. "El único inconveniente -matiza- es que se trata de instalaciones pensadas para 60 años, por lo que se tiene que pensar en otra solución a medio plazo".
500 metros
Una alternativa, aunque también se trataría de un paso intermedio, sería una instalación como la que se descartó en Villar de Cañas, pero la definitiva y más avanzada, apunta José Felipe Villanueva, pasaría por la habilitación de un almacenamiento geológico profundo. "Se trata -indica- de almacenes situados bajo tierra, a una profundidad de 500 metros, y sobre los cuales se instalan múltiples barreras que propician que las posibilidades de superarlas sean minúsculas".
Este tipo de almacenes, añade, se sitúan en zonas geológicamente estables y sin conexión con las aguas subterráneas, donde, además, se instalan mecanismos de control e indicadores. "Las ventajas que reportan estas instalaciones, que ya están operativas en países como Finlandia, es que pueden acoger en un único lugar todos los residuos nucleares y aguantar allí miles de años, por lo que se trata, sin lugar a dudas, de la mejor solución".
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