Dossier CV
El peligro de incendios forestales se alarga

Unos bomberos, ante un fiuego forestal / Bombers Diputació de Castelló
Carmen Tomás
Las altas temperaturas que se están registrando son un aviso de lo que puede deparar el verano. En provincias como Castellón, donde gran parte del territorio es forestal, el calor es un problema para la salud o el consumo de agua e incrementa el riesgo de incendios. Los expertos advierten de que los periodos de peligro son cada vez más prolongados.
Fernando Pérez, jefe de la unidad forestal del Consorcio Provincial de Bomberos de Castellón, señala que la temperatura es el factor que más influye en la aparición y propagación de incendios forestales. El aumento de las temperaturas está reduciendo el periodo primaveral y alargando el verano, precisamente la época del año en la que el dispositivo de emergencias se encuentra en situación de máximo riesgo.
La temperatura es el factor que más influye en la aparición y propagación de incendios forestales
«El periodo de primavera se reduciría y se ampliaría el de verano, que es cuando estamos en máximo riesgo de incendios», afirma. Esto ya se percibe con episodios de calor anómalos para estas fechas. Pérez recuerda que se han registrado temperaturas entre cinco y seis grados por encima de lo habitual en mayo en buena parte de la Península. Si estas situaciones se repiten durante los próximos meses, provocarán olas de calor más intensas y persistentes.
Por otra parte, el responsable apunta que a finales del verano podrían producirse tormentas más intensas acompañadas de rayos, una de las causas naturales más frecuentes de incendios forestales.
Causas de incendios
El peligro no depende únicamente de las temperaturas. Los efectos de los temporales registrados en invierno y primavera también pueden influir en la campaña de incendios. Pérez destaca los fuertes vientos que han afectado a la Comunitat Valenciana y que han provocado la caída de numerosos árboles. «Todo árbol que se caiga en el monte es combustible seco que se pueda quemar», explica.
La acumulación de este material vegetal incrementa la carga de combustible presente en el monte y favorece la propagación del fuego en caso de declararse un incendio. Por ello, una parte importante de los esfuerzos preventivos está en reducir esa vegetación acumulada y mantener limpias las zonas más sensibles.
Entre ellas destacan los perímetros de los núcleos urbanos y las áreas de interfaz urbano-forestal, donde las viviendas están próximas al monte. Pérez insiste en que mantener estos espacios despejados facilita enormemente el trabajo de los equipos de extinción cuando un incendio amenaza una población.
Para ello, el Consorcio Provincial de Bomberos dispone de unidades de mitigación que trabajan en urbanizaciones con riesgo elevado. Estas brigadas ejecutan actuaciones contempladas en los planes locales de prevención, como la apertura de fajas perimetrales alrededor de las viviendas. Paralelamente, las Brigadas de Refuerzo en Actuaciones Forestales (BRAF) desarrollan trabajos en el monte para crear puntos estratégicos desde los que poder combatir un incendio con mayores garantías de seguridad.
Otro problema es el abandono de terrenos agrícolas y forestales. Aunque el mantenimiento corresponde en teoría a los propietarios, Pérez reconoce las dificultades económicas que hay para acometer estos trabajos. «Pocos quieren asumir un gasto de mantenimiento que, en muchos casos, supera el valor económico de la finca», afirma. Esto causa la acumulación de vegetación y aumenta el riesgo de incendio.
Los expertos avisan de una evolución en el comportamiento de los fuegos. Pérez recuerda que ya se habla de incendios de sexta generación, tan complejos que pueden permanecer durante largos periodos fuera de la capacidad de extinción de los servicios de emergencia.
Claves para evitar incendios
Junto a los medios humanos, la tecnología se ha convertido en una herramienta importante. Entre estos avances destacan los sistemas de comunicaciones por satélite, que permiten mantener el contacto entre los equipos incluso cuando fallan las infraestructuras convencionales. En una gran emergencia, recuerda Pérez, la falta de suministro eléctrico puede inutilizar repetidores y afectar a las comunicaciones, por lo que disponer de sistemas alternativos es esencial.
El mensaje a la ciudadanía es claro: evitar cualquier uso del fuego durante los periodos de riesgo, extremar las precauciones con la maquinaria, no abandonar residuos en el monte y avisar inmediatamente al detectar una columna de humo.
A causa de veranos más largos y temperaturas cada vez más elevadas, la prevención es la herramienta más eficaz para evitar que un pequeño descuido termine convirtiéndose en una gran emergencia.
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Fuente: El Periódico de Mediterráneo
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