Dossier CV
El turismo se convierte en el inesperado motor de cambio de la escena urbana y rural ante las olas de calor
Los fondos europeos han ayudado a medir el impacto del cambio climático en los destinos, pero el reto es saber aplicar cambios en la costa para que el verano no sea infernal y para no salir ardiendo en el interior

Panel informativo en las playas de Alicante. / Jose Navarro
La Comisión Europea de Turismo publicó el año pasado que “un 28 % de residentes en los principales países emisores de turismo europeos está pensando cambiar los meses de viaje en los próximos dos años, con el objetivo de evitar la masificación pero también para ahorrar dinero y evitar olas de calor”. Este es solo uno de los avisos que existen de organismos nacionales e internacionales sobre los efectos del cambio climático y que el director del Instituto de Investigaciones Turísticas de la Universidad de Alicante, Josep A. Ivars, plantea a modo de ejemplo sobre cómo el sector hace años empezó a tomar nota y actualizar el impacto que puede tener en los destinos.
La Comunitat Valenciana fue la primera región de España en publicar en 2020 un Manual para la adaptación de los destinos turísticos al cambio climático. Era una hoja de ruta que editó Turisme ante la bonanza de los fondos europeos Next Generation, que han supuesto miles de millones. En estos cinco años, Benidorm y València han marcado camino en ese complicado paso que es pasar de la teoría a la práctica; pero, ante un nuevo verano de noches tropicales, las administraciones van lentas.
Los expertos coinciden en definir prioridades en los planes de actuaciones e incluso, poner cifras a la inacción gubernamental. El caso más reciente lo ha protagonizado Alicante. El ayuntamiento, en pleno desarrollo del nuevo Plan General, puso cifras a través de un informe elaborado por los catedráticos de la UA Jorge Olcina y Juan Llopis. Si no se toman medidas, la ciudad podría empezar a perder turistas en 2040 y su traducción económica sería un apunte negativo de 80 millones, 800 empleos menos y un descenso de 12 millones en la recaudación fiscal.

Durante una de las olas de calor, es habitual ver a turistas refrescarse en las fuentes. / AXEL ALVAREZ
Vectores y ejes prioritarios
Así, la profesora de la Universitat Jaume I y directora del Instituto Universitario de Turismo, Rosa María Rodríguez, resume en tres ejes de actuación las primeras medidas a tomar. En primer lugar, sitúa “la reconversión del espacio público para tratar de mitigar las zonas de confort cero. En segundo término, la gestión eficiente del agua y la energía ya que las olas de calor disparan el consumo eléctrico por la climatización y secan los acuíferos, dejando las reservas de agua en mínimos”, Y por último, la “prevención de incendios en espacios naturales”.
"La adaptación al cambio climático no es un objetivo ambiental, sino una condición necesaria para garantizar la competitividad"
Con matices, hay consenso respecto a estos tres puntos y, es más, los investigadores de la Universitat de València Ruben Arnandis i Agramunt y Carmen Zornoza, consideran que las consecuencias comienzan a ser claras para nuestro litoral, pero debe tenerse en cuenta que la actividad turística requiere adaptarse a tres vectores que se dan simultáneamente: “el disfrute, el confort y la seguridad”. Por todo ello, sostienen que “la adaptación al cambio climático no es un objetivo ambiental, sino una condición necesaria para garantizar la competitividad y la resiliencia en el turismo valenciano”.
En un plano operativo, sitúan acciones dirigidas a la protección de la salud y que tengan su traslación a hoteles, campings, playas o eventos. O también la “adaptación de los horarios y experiencias. Ahora se hacen visitas guiadas a mediodía o por la tarde. Sin embargo, cada vez vemos más desplazamientos hacia primeras o últimas horas”. En este apartado, Arnandis y Zornosa citan también conciertos, eventos deportivos o mercados.

Tres jóvenes se refugian bajo la sombrilla en pleno paseo en Alicante. / ALEX DOMINGUEZ
Islas y refugios
Pero, ¿qué se ha empezado a hacer? Los Planes de Sostenibilidad Turística en Destino son las herramientas con las que se empezaron a materializar obras y proyectos. Loscasos de València y Benidorm supusieron, en el caso valenciano, “una de las iniciativas más relevantes ha sido la medición y certificación de la huella de carbono de la actividad turística. Fue la primera del mundo”, señalan los investigadores valencianos.
Respecto a Benidorm, además de la redacción de un plan de adaptación al cambio climático, se ha convertido en un ejemplo a la hora de trasladar la información de alertas a los turistas, es decir, quienes no están dentro del canal convencional de información. Paneles en playas, calles, dentro de los hoteles y en varios idiomas. El dispositivo ya se ha interiorizado y la protección de la salud se extiende a todo a aquel que esté en la ciudad, sea o no sea residente.
Fuera quizás del radar habitual turístico, Rosa Rodríguez cita ejemplos de turismo de interior, donde las olas de calor son igual de fuertes. “En Montanejos, Sierra de Espadán o Penyagolosa se trabaja, sobre todo, en acciones que permitan alertar de forma más rápida y segura en caso de incendio. Por ejemplo, a través de la digitalización de alertas para ganar tiempo o con la sensorización de los espacios naturales para intentar prevenir antes de que suceda", indica la investigadora. Uno de los efectos más visibles, pero que a veces se olvida al estar la Comunitat más identificada como destino de playa, es que el difícil control de los incendios de cuarta generación.
Rodríguez abre la puerta a una cuestión crítica: la gestión del agua. Tanto en el interior como en el litoral, hace tiempo que los ayuntamientos invierten en asegurar el abastecimiento y optimizar recursos, pero ese debate tiene una entidad propia.
Volviendo a lo hecho, hay dos conceptos que se repiten: refugio climático y confort térmico. El primero está asociado a la redefinición de espacios. Arnandis y Zornosa sacan a colación el caso de Sagunt, donde se ha incluido esta idea dentro del desarrollo urbano. Se trata de convertir instalaciones turísticas y deportivas o incluso las estaciones de autobuses y trenes en puntos acondicionados donde capear el calor sofocante. La idea es que la ciudad se prepare para mitigar las altas temperaturas: zonas de sombra en espacios abiertos como las playas -Gandia presentó en Fitur su propuesta para la playa- o paseos con arbolado o toldos. También el material de asfalto y aceras está en esta línea.
"Los destinos deben comprometerse más rápidamente con acciones de mitigación y adaptación al cambio climático", resume Ivars. Las estaciones meteorológicas demuestran que las alertas lanzadas hace años por la ONU solo han recibido respuesta cuando se ha demostrado que se pone en riesgo una de las industrias más productivas: el turismo.
