Otra castellonense sobrevivió al "infierno" en lancha en Colombia el día que murió Noelia: "Hubo una ola de 7 metros, fue un milagro no caer al mar"
Silvia, otra vecina de Castellón, coincidió en el Cabo San Juan con Noelia M.
Tomaron ese día el servicio de lancha, pero la suya tuvo suerte:«El capitán nos dijo que la nuestra no volcó porque era más grande»

La mayoría del trayecto entre el Cabo San Juan y Santa Marta tiene rocas y acantilados en la parte de la costa. / Mediterráneo

Noelia M., fallecida esta semana en un trágico accidente de lancha en Colombia, no era la única castellonense que ese día y a esas horas tomó una de esas mismas barcazas en el mismo lugar, el Cabo San Juan. La vecina de Benicàssim Silvia Vicente, abogada de profesión, se encontraba de viaje con tres amigas y se subió a otra de esas fatídicas lanchas.
La lancha de Silvia llegó a puerto, pero lo hizo después de que su grupo viviera «un infierno» en alta mar, con olas «de hasta siete metros». Silvia no conocía a Noelia, es pura casualidad que dos castellonenses se encontraran allí el mismo día. Tras ofrecer su ayuda «en lo que necesiten» a la familia de la joven de 31 años fallecida, reconstruye para Mediterráneo ese viaje aciago y sus posibles irregularidades.
Era una lancha-bus para volver de Cabo San Juan a la ciudad
Para empezar, no se trataba de una excursión de lancha al uso, según Silvia, sino la propuesta que los guías del Parque Natural Tayrona les dieron para regresar al final del día de playa hacia la ciudad de Santa Marta, es decir, que eran una especie de lancha-autobús: «Te decían que era o volver andando dos horas hasta el punto donde estaban los transportes por tierra, y luego aparte ir a Santa Marta, o coger estas lanchas, que tardaban solo una hora. Nos decían ‘así vais viendo la costa’». Según Silvia, todo se hacía «en efectivo» y se negociaba allí «con chavales que ofrecen el viaje». Nada de aquello parecía ser oficial y los guías presentaban esta opción como atractiva ante la alternativa: un cansado viaje de vuelta a pie.

En azul, el trayecto de la lancha-autobús que va de Cabo San Juan a Santa Marta / Elaboración propia
Silvia era consciente de que había «una bandera roja visible» en la playa de donde salieron. «Yo soy de Benicàssim y allí no te dejan bañarte ni de broma con ese agua», expresa. Aunque había esa prohibición para bañistas, cuando Silvia y sus amigas preguntaron si era seguro navegar, les aseguraron que «el mar estaba bien». Como son aventureras, se convencieron, compraron su ticket por 25 euros y se subieron a las lanchas. Eran barcas aparentemente «de madera» y «no eran nuevas», según Silvia. Los tripulantes eran un hombre de unos 50 años que decía ser el capitán y otro joven de menos de 30 años. Las lanchas salían de dos en dos. Silvia puntualiza que no está segura de si la lancha hermana a la suya era en la que iba Noelia, pero sí sabe que en lo peor de la travesía la perdieron de vista y los responsables nunca informaron de qué pasó.
Al subir a la barcaza, Silvia ofrece dos claves que coinciden con las denuncias de la familia de Noelia sobre las negligencias graves que se habrían dado: «Iban las dos lanchas petadas, en la mía éramos 29, que yo los conté. Yo decía al personal ‘aquí no cabemos’ y me decían ‘claro que sí, ya verás qué corto’. Pero yo iba de lado y con medio cuerpo fuera del asiento. Además, faltaban chalecos, tenías que pedirlo para que te lo dieran. Una amiga mía dijo que si no le daban no viajaba, y fue entonces cuando se lo dieron».
Una gran ola de pesadilla
Entre ese caos, zarparon. Y todavía faltaba lo peor, lo que les esperaba en un Caribe picado, repleto de olas, muy lejos del paisaje ideal de los folletos turísticos. «El oleaje era muy fuerte, se te encogía el estómago. A los diez minutos empezamos a aterrorizarnos, te metes mar adentro y a la izquierda solo tienes acantilados en los que ves que las olas rompen superaltas. Las olas eran de color azul muy oscuro», rememora. Al principio veía la otra lancha que partió con ellos, pero en un momento dejó de verla.
«Entonces vi una pared que el capitán nos dijo después que era una ola de siete metros. Me recordó a la película Lo imposible. La vi y dije ‘hoy morimos’. Pensé que en mi vida no había hecho daño a nadie, que viajar era mi pasión, así que si me tragaba la ola, estaba en paz. La ola levantó la lancha, yo salí volando pero conseguí agarrarme a una barra de hierro, con la lancha escorada. Fue un milagro no caer al mar. Al caer otra vez a la barca, me di golpes en la cabeza, el cuello y la espalda», dijo. Pudo haber caído dentro, en la madera, o afuera, en el agua. A Silvia le salió cara, a la lancha de Noelia, la cruz, pues sí volcó, 20 personas cayeron al agua y ella murió.
«Tras la ola, había una chica con un corte enorme sangrando en la mandíbula, un chico con la nariz rota. La gente rezaba», cuenta con la voz entrecortada y todavía físcamente dolorida. Ninguna otra ola fue tan alta, pero el oleaje continuó hasta Santa Marta. «Estuvimos todavía una hora así. El capitán nos daba órdenes para estabilizar el bote: ‘¡Todos a la derecha!’. Una chica hacía eso mientras vomitaba», explica. Dice Silvia que al ver la arena, «la gente lloró». «El capitán nos dijo que no habíamos volcado porque nuestra lancha era la más grande», afirma. Muchas horas después, Silvia y sus amigas supieron de la muerte de Noelia.
Se libraron del terremoto por días: "Hemos vuelto a nacer dos veces"
Silvia y sus tres amigas, también españolas, atraviesan el viaje más escalofriante de sus vidas. Tres días antes del accidente de lancha, llegaron a la zona caribeña, tras haber salido anteriormente del aeropuerto de Pereira. Dos días después de partir de allí, se produjo el grave terremoto, con 295 muertos.
El epicentro fue a 100 kilómetros de Pereira, donde han muerto 95 personas y hay 260 desaparecidos. «En este viaje hemos vuelto a nacer dos veces, entre el terremoto y la lancha. Estamos agradecidas de habernos salvado por los pelos», dice, al tiempo que recalca que tiene ganas «de ir a darles un abrazo» a la familia de Noelia, porque «con palabras no vale».
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Fuente: El Periódico de Mediterráneo
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