Plaza de la señoría
Baluarte del espíritu marinero
Enclavada de espaldas a la iglesia de San Jaime y Santa Ana, es uno de los espacios más bellos de Benidorm

El Monumento a los Muertos en el Mar, de Juan de Ávalos, y puestos de la feria de artesanía que alberga en los meses de verano. / DAVID REVENGA
«Plaza recoleta y marinera, sobre cuyo suelo se yergue el monumento a los muertos en el Mediterráneo, ha conocido momentos de esplendor y ruina, momentos gloriosos y tristes, luchas contra la piratería invasora y pacíficas charlas de enamorados». Esta definición de la plaza de la Señoría de Benidorm se recoge en un ejemplar del Boletín Municipal, editado por el Ayuntamiento de la ciudad, fechado en abril de 1965. Quedaban pocos días para su inauguración y la prensa oficial del Consistorio, bajo el mando del alcalde que inventó el Benidorm moderno, Pedro Zaragoza Orts, se encargaba con estas palabras de ensalzar una más de las obras que impulsó aquel político visionario. Aunque no hiciera falta.
Porque si de algo no hay duda es que la plaza de la Señoría representa uno de los lugares más bellos de Benidorm, desde el que se divisan atardeceres únicos, en un entorno de paz y recogimiento que nada tiene que ver con el bullicio general de la urbe. Se encuentra enclavada a espaldas de la actual iglesia parroquial de San Jaime y Santa Ana y sirve como nexo de unión entre la parte alta del casco antiguo y la zona de Poniente, por medio de una escalinata que la conecta directamente con el puerto de la ciudad.

Baluarte del espíritu marinero
Su configuración actual es relativamente moderna. Los archivos municipales datan en febrero de 1961 la aprobación del proyecto de urbanización de este espacio, que costearon las arcas públicas con un presupuesto de 101.052,50 pesetas, a las que se sumaron otras 10.573,30 para el alumbrado. Pero antes de esa fecha también fue punto de encuentro de la vida local.
Hasta finales del siglo XVIII, cuando finalizó la construcción de la actual iglesia, esta plaza albergó la pequeña iglesia medieval de la localidad, por lo que antiguamente se la denominó «Placeta de l'esglèsia vella», como explica el profesor e historiador Francisco Amillo Alegre. El catedrático también recuerda otro dato de especial relevancia sobre esta plaza: para su urbanización hubo que realizar las dos únicas expropiaciones forzosas que se hicieron durante los años del boom de Benidorm, dado que todos los demás proyectos del desarrollo urbano propiciado por Pedro Zaragoza gozaron de acuerdos con los propietarios de los terrenos afectados.

Baluarte del espíritu marinero
En ella tuvieron sus casas familias adineradas de la época, como los señores Llinares o los Aragonés, y a engrandecerla contribuyeron otros, como Vicente Llorca Alós, que instaló las antiguas verjas. Papel importante fue el que desempeñó el almirante Julio Guillén Tato, cuya vivienda familiar también daba a la plaza, junto a otra anexa, conocida como la «Caseta blava», donde tenía instalado su estudio. De él fueron obra los mosaicos de piedra que aún pavimentan la plaza, que diseñó e instaló él mismo, guijarro a guijarro, como recuerdan muchos benidormenses que fueron testigos.
Entre los elementos más destacados de este enclave está el Monumento a los Muertos en el Mar, obra del escultor Juan de Ávalos, quien también diseñó el conjunto escultórico del Valle de los Caídos y que firma otras obras en la ciudad, como las estatuas dedicadas a la Libertad -en la avenida Ametlla del Mar- o a la Paz -en el cruce ente las de Europa y del Mediterráneo-. Se trata de una enorme cruz de granito en forma de ancla con dos figuras humanas en su base, cuya construcción se aprobó por el pleno en noviembre de 1961, para que sirviera «como homenaje y recuerdo a todos los hijos de Benidorm que perecieron en las faenas del mar», según detallan los archivos municipales de la época. Cuando se encargó al artista esta obra única, de la que después se rompieron los moldes, el Ayuntamiento constató que no podía hacer frente a su elevado coste, 400.000 pesetas de entonces, por lo que el pleno decidió aportar 100.000 y abrir una suscripción popular para financiar el resto, que fue secundada por la inmensa mayoría de vecinos con aportaciones y rifas.

Vista aérea de la plaza de la Señoría de Benidorm, enclavada detrás de la iglesia de San Jaime y Santa Ana. / DAVID REVENGA
Su inauguración, el 23 de mayo de 1965, estuvo presidida por el ministro de Marina de Franco, Pedro Nieto Antúnez, y reunió a decenas de autoridades civiles y militares, vecinos, además de ocho buques de guerra en representación de España, Italia, Francia y Marruecos.
En la actualidad, todas las noches del verano acoge una vistosa feria de artesanía y cada año, en las Fiestas Patronales, se deposita una corona de laurel en recuerdo a los benidormenses que murieron en el mar.

Baluarte del espíritu marinero
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