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La revolución educativa del Jardín-Escuela Altamira

El profesor Ricardo Vilar, con el apoyo del historiador y el Ayuntamiento de Alicante, implantó en 1913 la primera experiencia de educación al aire libre del Estado español, que recoge en un libro Ignacio Ramos

Una de las pocas imágenes que se conservan del Jardín-Escuela Altamira, en el Paseíto Ramiro de Alicante, y dirigido por Ricardo Vilar.

Una de las pocas imágenes que se conservan del Jardín-Escuela Altamira, en el Paseíto Ramiro de Alicante, y dirigido por Ricardo Vilar.

En un momento en el que el sistema educativo era oscuro y basaba el aprendizaje en memorizar y repetir hasta la saciedad, la ciudad de Alicante se convirtió en pionera en todo el Estado con la implantación del primer jardín-escuela del país. Un sistema innovador y moderno a nivel pedagógico que ocupó la plaza del Paseíto Ramiro entre 1913 y 1936.

El profesor castellonense Ricardo Vilar i Negre fue quien introdujo este sistema en Alicante, de la mano del historiador, jurista y pedagogo Rafael Altamira, entonces director general de Primera Enseñanza, y con el respaldo del Ayuntamiento de la ciudad. Este episodio histórico no ha trascendido en exceso por lo estragos de la Guerra Civil y el régimen franquista, pero ahora lo ha recuperado Ignacio Ramos Altamira, biznieto del intelectual, que ha recogido esta historia en un libro, publicado por la Universidad de Alicante y el Universidad de AlicanteAyuntamiento, y que se presenta el lunes, a las 18 horas, en la Feria del Libro.

«La escuela será alegre, soleada ventilada, pero la escuela de verdad será un jardín. La otra escuela servirá de refugio a los alumnos cuando las inclemencias del tiempo no les permitan estar a pleno aire. Allí en el jardín, aprenderán viendo, razonando por cuenta propia mientras juegan (...) El jardín será el laboratorio: allí jugando a construcciones, puede el niño conocer rudimentariamente la geometría, el dibujo, la aritmética». Así explicaba este proyecto Ricardo Vilar, tras ser uno de los diez profesores de toda España becados por la Junta de Ampliación de Estudios de Madrid para realizar una expedición en 1911 a Francia y Bélgica, y conocer las escuelas más innovadoras de Europa.

«Se quedó encantando con lo que vio, escuelas al aire libre que eran las más avanzadas, con una educación más viva y moderna», apunta Ignacio Ramos, que ha realizado una ardua tarea de investigación para conseguir documentación sobre el tema. De hecho, «la única foto conocida es la de los niños en los pupitres, pero de la escuela no se ha conservado material, alguna cosa en el Archivo Municipal, como el listado de alumnos, pero poco más».

Un sistema innovador

El caso es que como Vilar era director de la escuela del Paseíto Ramiro, ubicada en el edificio que estaba donde ahora se encuentra la Biblioteca Azorín, que se tiró en los años 70, transmitió su entusiasmo a Rafael Altamira para aplicar ese sistema. «Altamira, que venía de la Institución Libre de Enseñanza donde se apoyaban estas ideas tan innovadoras, se puso en contacto con el Ayuntamiento para que apoyasen el proyecto», destaca el autor.

De esta forma, se reservó un espacio en los jardines de la plaza, se colocaron los pupitres y las clases empezaron a impartirse ahí, dado el buen clima de la ciudad. «Ricardo Vilar cuenta que dentro estaban solo cuando hacía frío o cuando llovía».

La inauguración fue el 11 de agosto de 1913, con la intervención de Rafael Altamira, que le dio nombre, y la experiencia fue tan innovadora que incluso vinieron profesores de otros países de Europa para conocer la experiencia. «Algo que era extraordinario entonces porque siempre los españoles íbamos fuera a aprender», afirma Ramos, que recoge en el libro otros proyectos similares posteriores que se realizaron en Barcelona o València.

Fueron más de 20 años los que duró el Jardín-Escuela Altamira, aunque Ricardo Vilar abandonó la dirección en 1919, «porque el gobierno no apoyaba mucho la escuela pública, se cansó y se fue a trabajar a València, donde estuvo el resto de su vida y encontré que allí estaba enterrado». Después, «como era una escuela liberal, en la guerra le quitaron el nombre de Altamira y le pusieron el del falangista Honorio Maura, volvieron al interior del edificio y borraron todo del mapa», lamenta el investigador que ha empleado dos años en conseguir toda la información.

Rafael Altamira publicó en febrero de 1914 un artículo en La Escuela Moderna, en el que hablaba de este innovador sistema y del interés que había despertado en otros países. «Un extranjero que hace poco visitó el sitio y contempló la escena que una de las fotografías reproduce (en la revista), dijo: ''Esto es Europa''. Y ya sabemos todos lo que esa exclamación significa. Barcelona ha organizado también una escuela al aire libre en excelentes condiciones. Leo que en Valladolid se ha iniciado otra... Caminamos».

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